Gissel Viera, la reina que brilla en dorado
A los 29 años, la Miss Bolivian Tropic 2024 habla sin filtros sobre cirugías, gimnasio, seducción y ese poder femenino que la hace sentir “la diosa”.
Gissel Viera Zabala entra a un lugar y el mundo voltea. Lo sabe, lo acepta, lo disfruta. “Bienvenido sea”, dice cuando se le pregunta si le molesta que la miren, que le griten piropos, que la fotografíen. A sus 29 años, licenciada en Relaciones Internacionales y reciente Miss Bolivian Tropic 2024, Gissel es el tipo de mujer que no le huye a una conversación sobre belleza, cirugías, estándares y ese poder silencioso que tienen las mujeres hermosas.
Durante dos años rechazó invitaciones para modelar. “Nunca pensé participar en ningún concurso”, confiesa. Pero en 2023, Diego Guillén insistió y algo cambió. “Quería perder el miedo a estar en público, a tener un micrófono en la mano”. Aceptó, compitió, ganó. Representó a Bolivia en República Dominicana y trajo el premio “Mejor Piel y Silueta”, un reconocimiento que celebra precisamente lo que ella trabajó para conseguir: un cuerpo esculpido, transformado, mejorado.
“Me hice procedimientos para sentirme mejor y verme mejor”, dice sin rodeos. Cambió sus prótesis mamarias, aumentó casi 10 kilos de músculo para el certamen, transformó su cabello de negro a cobre peleando cada decisión. “Al principio no me hallaba, pero ahora me gusta estar así”. ¿Quieres saber cómo se siente al ponerse un bikini? “Me siento la diosa”.
Gissel entrena de lunes a sábado. Pesas, pilates, cardio. Se duerme a las 10 de la noche y jamás salta un día de gimnasio. “El día que no entreno me siento muy mal”. Come lo que desea cuando no está en dieta estricta, pero conoce la disciplina del cuerpo que exhibe en pasarelas internacionales.
Sobre seducción, es clara: “Hay que saber utilizarla para que las personas no lo interpreten de otra manera”. Distingue entre ser sexy en un spot publicitario y seducir en pareja, aunque confiesa, entre risas, que sí ha usado ese poder femenino alguna vez.
Ahora, sin corona, pero con proyectos, estudia inglés y, curiosamente, croata. En el amor, prefiere un hombre ambicioso, respetuoso, que le dé libertad. “Respeto ante todo”, sentencia.
El color que la define por dentro: “Dorado. Soy una persona que trato de ser luz para las personas que me rodean”. Cuando acaba la entrevista, esa luz sigue brillando, intensa como solo brillan las leoninas de julio que no piden perdón por ocupar espacio.





