Vadik Barrón: “Preferiría que la IA lave los platos mientras yo escribo”
El poeta y cantautor moscovita-orureño habla sin rodeos sobre inteligencia artificial, premios literarios, vivir del arte en Bolivia y por qué la nostalgia debe procesarse.
Vadik Barrón no tiene plan B. Nunca lo tuvo. A lo largo de tres décadas ha publicado más de 12 discos, 16 libros de poesía, dirige la revista cultural La Trini, da talleres, hace periodismo cultural y compone música para cine y televisión. Todo sin un trabajo de oficina que sostenga el hobby, porque —dice con claridad— “no sé hacer otra cosa”. Nacido en Moscú en 1976 pero criado en Oruro desde los tres meses de edad, Barrón es una figura clave de la cultura boliviana contemporánea: ganador de los tres premios más importantes de poesía en Bolivia (Yolanda Bedregal, Franz Tamayo y Edmundo Camargo), creador de una obra musical que va del rock a la canción de autor, y un defensor incansable del oficio artístico en tiempos de algoritmos y tendencias virales.
Esta semana llega a Tarija para impartir dos talleres intensivos en La Casilda Cultural, uno de iniciación a la escritura poética y otro de composición de canciones. Más allá del aula, Barrón trae consigo una perspectiva crítica, honesta y refrescante sobre el arte, la inteligencia artificial, la precarización cultural y esa pregunta que lo tiene “aburrido”: si se puede vivir del arte en Bolivia.
En esta conversación textual, exclusiva de Pura Cepa, Barrón habla sin filtros sobre la frontera entre poema y canción, sobre por qué Oruro sigue siendo su matriz creativa, aunque ya no sea su hogar, sobre la soledad de ser solista después de años de tocar en bandas, y sobre por qué prefiere procesar la nostalgia en lugar de habitarla. Con la lucidez de quien ha templado su oficio durante décadas, Barrón desmonta mitos, cuestiona glorificaciones tecnológicas y defiende el arte hecho por humanos irreemplazables, algo que resulta cada vez más radical.

Pura Cepa (PC). Naciste en Moscú, pero creciste en Oruro, “las altas tierras de los Urus, donde todo es cielo y planicie colmado de nostalgia”. ¿Cómo conviven en ti esas geografías extremas? ¿Hay versos que solo han podido nacer de esa doble patria?
Vadik Barrón (VB). El hecho de que yo haya nacido en Rusia tiene que ver con la historia de mis padres, que se casaron allá. Ambos son de Oruro, así que naturalmente retornaron a Oruro después y desde los 3 meses de edad que yo crecí allí. Entonces, siempre me sentí orureño, boliviano. Rusia, o más bien lo que era, la ex URSS, tiene un lugar importante en la vida de mi familia, y está presente en una visión crítica del mundo, en una cierta mitología y en los recuerdos de mis papás. Pero mi identificación, mi experiencia y el lugar desde donde empecé a escribir están definitivamente en Oruro, en Bolivia.
PC. Hoy la IA puede generar poemas y canciones en segundos. ¿Qué hace que la escritura humana siga siendo irreemplazable? ¿Qué tiene un verso escrito que ninguna máquina podrá simular?
VB. Considero, después de leer a Chomsky, que es una exageración y glorificación llamarle “inteligencia” a un sistema de cómputo acelerado y, aunque ciertamente es una herramienta generosa en sus fuentes que, por defecto, son parciales, incompletas y sesgadas, no puede hablarse plenamente de creación sino de recreación, es, finalmente, un plagio o pastiche del trabajo de otros con base en una consigna. Lamentablemente la tecnología no innova o avanza para el beneficio de toda la humanidad, sino para garantizar lucro a los dueños de la tecnología. Entonces, creo que, aunque puede ser útil en muchos campos, el arte es una manera única que tenemos las personas para descubrirnos a nosotros mismos y para aprender a estar en el mundo a la que no deberíamos renunciar, aunque sea solo para divertirnos. El arte hecho por humanos es irremplazable porque cada humano es irremplazable. Yo preferiría que la IA lave los platos mientras yo escribo o compongo.
PC. Ganaste los tres premios más importantes de poesía en Bolivia (Yolanda Bedregal, Franz Tamayo y Edmundo Camargo). Desde “El arte de la fuga” (2013) hasta “Mosaico” (2021), ¿qué cambió en tu voz poética? ¿Qué aprendiste en ese camino que el Vadik de 2013 aún no sabía?
VB. Bueno, mi camino en la escritura ha sido extenso. Empecé ya en los 90’s y recién publiqué el 2002. Creo que lo que aprendí y sigo aprendiendo, es a encontrar la manera de expresarme, explorando en mi experiencia, en mis ideas, en las relaciones y en el lenguaje mismo, como aventura y territorio. Nunca escribí pensando en ganar un premio, pero por supuesto valoro la posibilidad que me han dado de tener un reconocimiento, de ser publicado dentro y fuera del país, de conocer más autores y autoras a través de participar en antologías y festivales internacionales, y de ampliar mis lecturas. Creo que mi voz poética continúa en construcción. Sí reconozco ahora que mi poesía se ha ido despojando de artificios y efectismos, pero no tengo fórmula, escribo porque no puedo evitarlo y es algo que puede ser frustrante pero también es fascinante, placentero y divertido.
PC. Vienes a Tarija a enseñar a escribir poesía y canciones en un mundo adicto a TikTok, reels y contenido de 15 segundos. ¿Qué dirías a quienes piensan que la poesía o la canción de autor son “lentas” o “aburridas” para los tiempos actuales?
VB. En los talleres intento, más que enseñar una cátedra, transmitir y compartir experiencia y oficio, ejercicios, maneras concretas y prácticas de escribir poesía o de componer canciones. Es algo que he ido desarrollando con los años y creo que la gente a la que le interese participar está buscando precisamente un espacio donde tener recursos, herramientas y material para potenciar su creatividad. Son talleres cortos e iniciáticos, que pueden complementar una formación académica o formal. Y tanto la poesía como la canción han existido desde que hace siglos y siempre se renuevan y puede aprenderse ciertos aspectos creativos para hacer lo tuyo. En el caso específico de la canción no se trata de que los participantes escriban como yo, sino de darles recursos y cierta perspectiva para que escriban en su estilo, rock, cumbia, folklore, etc. al final la canción está en la médula de toda la música popular.
PC. Has publicado más de 12 discos, 16 libros de poesía, diriges la revista La Trini, das talleres, trabajas en periodismo cultural. ¿Cómo logras todo eso y cómo evitas dispersarte? ¿O precisamente esa multiplicidad es tu forma de entender el arte?
VB. Creo que uno no se detiene mucho a pensar lo que hace hasta que miras un poco hacia atrás. Creo que la razón por la que hago varias cosas es porque no tengo plan B, no tengo un trabajo de oficina que solvente un hobby, sino que no sé hacer otra cosa. Entonces, con el tiempo mis oficios, la música y la escritura, se diversificaron en distintas actividades, por la obvia necesidad de subsistencia y también porque soy muy inquieto (y ansioso) y porque creo en la obra, que al final es lo que dejamos en el mundo.
Entonces, dar talleres, hacer periodismo cultural, si bien tienen dinámicas, espacios, recompensas y frecuencias diferentes no las veo como separadas, sino como un continuo, porque provienen de una misma matriz creativa, y de un mismo impulso vital.
PC. Has dicho que “a donde voy siempre digo que soy de Oruro”. Has vivido en La Paz, Berlín, São Paulo, La Habana, y ahora Cochabamba. ¿Qué es exactamente lo orureño en ti? ¿Es el Carnaval, el frío, la nostalgia, o algo que no se puede nombrar?
VB. Dije eso porque tengo claro mi origen cultural, mi familia y lo fundacional que es Oruro para mi trabajo; y porque a veces la gente no sabe de dónde soy. Las mudanzas y migraciones han obedecido a historias de vida, a momentos, a circunstancias, a todos esos lugares me llevé siempre la música y las letras y siempre regresé con cosas aprendidas, que enriquecieron mi obra.
Oruro ya no es mi hogar hace muchos años, pero creo que es inevitable que tu infancia y tu juventud, que es cuando desarrollas tu imaginación, se asocian precisamente a un imaginario desde el cual yo empecé a componer y escribir. La verdad no extraño el frío, de ningún lado; en el Carnaval bailé y después la pasé bien por años, pero ya casi no voy; y la nostalgia creo que es mejor procesarla y convertirla en una memoria cálida que acompañe tus días. Extraño más a algunas personas que a tiempos pretéritos o geografías pisadas.
PC. Has hablado de la frontera entre el poema y la canción. ¿Hay emociones o ideas que sólo pueden existir como canción y jamás como poema impreso, y viceversa? ¿Dónde está esa frontera?
VB. Creo que, en tanto expresión de emociones, la literatura y la música, y todas las artes, son campos abiertos. Donde yo encuentro la diferencia entre una letra de canción y un poema, en mi caso, es que la música, por sí misma, sugiere ciertos textos y además, desde la métrica, el fraseo de la melodía vocal, etc. limita la forma o extensión de la letra. Y por supuesto, no es lo mismo escuchar un texto cantado que leerlo. El poema, tiene mayor libertad, pero también exige rigor, no puede sobrarle ni faltarle nada. La música es una experiencia sonora (en vivo, en tiempo real) y se dirige a audiencias colectivas, generalmente. La poesía te habla a solas, en silencio.
PC. ¿Qué aprendiste haciendo música “funcional” para programas como “Zeta” y “El Sartenazo” que luego aplicaste a tu obra personal?
VB. La música por encargo te enseña a desplegar todos tus recursos y te marca fechas, lineamientos, trabajas para una obra audiovisual que no es “tuya”, que tiene su propia narrativa y personajes, etc. Entonces ha sido una experiencia muy desafiante y demandante. Creo que lo que más rescato es haber aprendido a adaptarme a otra forma de componer y hacerlo bajo presión, sin pensar tanto en mi estética. Para mi obra me sirvió mucho el uso de herramientas digitales, samples, programaciones, etc. Y para los talleres la posibilidad de trabajar rápido, de aprender a probar cosas, desechar y volver a empezar de cero.
PC. En tiempos donde todo se comparte, se viraliza, se convierte en contenido, ¿cómo mantienes la intimidad en tu obra? ¿Hay cosas que decides dejar en el tintero porque son muy tuyas?
VB. Creo que si decides publicar algo estás dispuesto a mostrarte a la audiencia. Es decir, compartes tus emociones e ideas con la gente. No necesariamente todo tiene que ser autobiográfico o explícito, pero sin emoción y honestidad es difícil que alguien conecte con tu obra. Hay muchas cosas que quedan sin publicar, pero eso tiene que ver con un filtro que uno mismo pone, desde el punto de vista estético, temático, conceptual, temporal, etc. para que una canción o poema quede dentro o fuera de una obra. Con la obra hay que tener convicción, pero no apego.

PC. Con 30 años de carrera, has visto cambiar generaciones enteras de público y de músicos. ¿Qué ves en el futuro de la canción de autor? ¿Hay una nueva generación en camino, o un vacío generacional peligroso?
VB. Bueno, yo vengo del rock, hacerme solista me ha permitido ampliar mi música a otras propuestas. Creo que la canción sigue allí, como germen, como esencia de todas las músicas. Y creo que en estas nuevas generaciones hay muy buenos intérpretes, músicos más profesionales y solventes, pero creo que en el campo de la composición están mucho más determinados por el mercado y las tendencias que por encontrar una propuesta propia y en muchos casos se descuida mucho el tema de la letra de las canciones.
Por supuesto que hay gente que tiene propuestas más arriesgadas e interesantes, pero como siempre hace falta espacios de difusión. Y también hay que entender que el rock, por ejemplo, ya no es la música de los jóvenes, ya es, como se llama, de nicho, y la lógica de mercado es la que se impone. Entonces, el mismo público que va a ver música en vivo prefiere algo que le garantice cierta satisfacción, ya sea por nostalgia o porque está de moda, o porque es un espacio de baile y diversión ya no tanto enfocado en la música si no en lo que hay alrededor.
PC. Has tenido experiencia tocando en bandas como Abisal, Camaleón, y luego hiciste tu carrera solista. ¿Qué se pierde y qué se gana cuando pasas de la creación en banda al control absoluto de ser solista?
VB. De la experiencia de las bandas de rock, que generalmente tenían una esencia de camaradería, y de horizontalidad, he aprendido mucho, y quizá lo que más extrañas cuando te vuelves solista es que ya nos tocas con tus amigos de siempre, no hay chacota en los ensayos, ya no te sientes amparado. En Bolivia, donde tenemos una precarización al respecto, aprendes desde cargar los equipos, a hacer tu sonido, hacer tu publicidad, hacer tus videos, todo por tu cuenta verdad y eso luego te sirve para el futuro.
Y como solista también aprendes que tienes que hacerte cargo de todas las decisiones, porque es tu cara y tu nombre, tienes que contratar músicos, ver todos los aspectos que conllevan desde la creación hasta la presentación de una obra por ti mismo. Eso también es algo que uno va aprendiendo en el camino. Y si hay una ventaja de ser solista es que el formato solo es portátil, puedes moverte más fácil y rápido con tu guitarra para todas partes.
PC. Has dicho, “Siempre me atrajo el viaje, la distancia, lo nuevo, el empezar de cero. Esa dislocación, ya sea física o emocional, es materia prima para generar arte”. Ahora, en Cochabamba estás “un poco jubilado por la calor”. ¿El artista necesita estar incómodo para crear? ¿Qué pasa con la creación cuando el artista se siente cómodo en un lugar?
VB. Considero que la creación proviene de dentro de uno, ya sea para expresar lo que sientes y piensas o para escribir sobre tu mundo y tu experiencia. No creo que el lugar en donde estés sea determinante, como dije, los motivos de mis mudanzas y viajes han tenido que ver mucho más con mi vida que con mi obra, aunque, por supuesto, al estar en otros espacios, otros paisajes, otras culturas, tienes otros elementos para incorporar a tu obra. Sobre todo, me refería a una época de mi vida muy signada por muchos viajes que hice entre 2010 y 2020. Después, en Cochabamba encontré más bien una desaceleración, una manera más pausada y tranquila de vivir y producir, no tanto por la cantidad de obra, que en todo caso es mayor, sino por las condiciones que no siempre son fáciles de conseguir.
Creo que, con el tiempo, afortunadamente, he podido generar las condiciones para crear, que son básicamente espacio y tiempo, así que es muy importante para mí esto. No creo que esté mal la comodidad material o las condiciones adecuadas para crear, creo que lo que sí te puede limitar creativamente es conformarte con lo que has hecho, no buscar nada nuevo ni interesante que hacer, y tampoco creo que el sufrimiento o la adversidad necesariamente generen mejores obras. Creo que sí hay que templarse, el arte, como el amor, exige valentía, pero no hace falta atormentarse para crear arte.
PC. Entre “Minimalia” y “Minimalia 2” hay 15 años de vida. ¿Qué encontraste al regresar a ese universo sonoro después de tanto tiempo? ¿Fue una conversación con el pasado, o un capítulo aparte que comparte nombre?
VB. Ambos discos salen de la misma idea, aunque la abordan de diferentes maneras. En el año 2008 en Minimalia me propuse hacer un disco de canciones breves, de corta duración, con pocos recursos sonoros, poca instrumentación y que hablara de cosas pequeñas, de fenómenos pequeñitos, todo esto en consonancia con la fiesta de las Alasitas, de hecho, el disco se lanzó en esas fechas y el formato físico en esa época fue un mini CD con una presentación para CD-Rom, cosas que ahora ya parecen de otro mundo. Pero tenía que ver con esa idea, me parece que la canción corta, pequeña, aparentemente inconclusa, es un género en sí misma es una manera muy delicada, muy interesante de trabajar la canción, de despojarla de arreglos o de aspectos que sean innecesarios o grandilocuentes.
Y el año 2022 empecé a trabajar este disco ya en Cochabamba, y también son canciones de corta duración, pero esta vez tienen otro tipo de tratamiento, porque trabajamos con el productor Mauricio Canedo en el estudio 8B y si bien son canciones cortas tiene más bien bastante instrumentación, pero tiene mucha profundidad o hablan del atavismo, de la brevedad de la vida, de la intimidad. Es un ejercicio que podría seguir haciendo y creo que se nota en las canciones que estoy escribiendo estos últimos años.
PC. Además de crear, documentas el arte de otros en La Trini. ¿Cómo cambia tu manera de ver tu propia obra cuando te pones el sombrero de periodista cultural y tienes que analizar, criticar o celebrar el trabajo de tus colegas? ¿Hay conflicto entre el artista y el cronista?
VB. Para mí el periodismo cultural es como una continuación u otra arista del oficio de escribir. Siempre me han gustado las revistas de rock, las revistas literarias, y desde que se dio la oportunidad de hacer la revista cultural La Trini ha sido un desafío tener un espacio propio y convertirnos poco a poco en un referente de las revistas culturales de Bolivia. No veo un conflicto ya que conocemos el sector, y nos concentramos en la producción y en los eventos del arte y la cultura que se producen en Bolivia. Eso nos da una idea muy actual e informada de todo lo que está pasando. Para mí es importante también dar ese espacio a la gran cantidad de artistas y obras que están circulando y que muchas veces no tienen la oportunidad de ser apreciadas por el público. Para mí es más bien un honor en muchos casos entrevistar a artistas que admiro y también es un aprendizaje constante de artes como el cine, las artes plásticas, el teatro, aprender sobre los conceptos que están manejando los nuevos artistas no solamente en Bolivia sino también afuera.
PC. Llevas años impartiendo talleres creativos a jóvenes. En un país como Bolivia, donde la cultura no está entre las prioridades del Estado ni del mercado, ¿qué les dices a esos jóvenes cuando te preguntan si se puede vivir del arte? ¿Una mentira, una verdad, una tercera opción todavía sin conocer?
VB. Los talleres y cualquier instancia o espacio de formación artística o creativa tienen que ver con la conciencia y la convicción de que el mundo todavía necesita arte y que las personas pueden desarrollarse integralmente a partir de una experiencia artística, aunque no se dediquen profesionalmente a los artes. Por mi parte yo estoy un poco aburrido de esa pregunta de que si se puede vivir del arte, porque yo no he hecho otra cosa durante todos estos años, ahora si con “vivir” se refieren a hacerse millonarios eso tiene que ver con la idea de que se hace arte solo para ser rico y famoso, lo cual no está mal si lo consigues, pero si solo se trata de eso, esa percepción es más bien nociva y falsa, porque vivimos en un mundo precarizado, en un país donde no importa el título que tengas, es muy probable que no trabajes en tu profesión ni ganes lo suficiente, y donde la mayoría de la gente hace un esfuerzo para procurarse el sustento. Hay mucha gente que vive del arte en Bolivia. Ahora, de qué arte estamos hablando, qué arte “paga” más, es otro tema para otra entrevista.





