“El Himnovador”, desmontaje de un mito patrio
El próximo 18 de noviembre, la obra regresará al Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de La Paz, exactamente 180 años después de que ese mismo escenario inaugurara con las primeras notas del Himno Nacional.
En vísperas del bicentenario de Bolivia, Tarija pudo reírse del himno nacional gracias a una obra de teatro. El Himnovador, coproducción entre Teatro del Astillero de España y El Búnker Casa de Creación de Bolivia, presentada en el Teatro de la Cultura de Tarija el 5 de agosto de 2025, propone una revisión irreverente de los mitos fundacionales bolivianos a través de la figura de Leopoldo Benedetto Vincenti, el compositor italiano que creó la melodía patria.
“Tengo un país y tengo un teatro. Un país es un teatro con una platea muy grande”, dice el personaje del presidente José Ballivián en la obra, resumiendo la naturaleza performática del poder político y la fragilidad de las construcciones nacionales.
Génesis de una investigación accidental
Luis Miguel González Cruz, dramaturgo y director español, llegó a esta historia casi por casualidad. “Me hablaron de Vincenti como un compositor italiano que iba vendiendo himnos a cada uno de los países americanos según se iban independizando, y que además a todos les regalaba el mismo himno”, cuenta.
Lo que comenzó como una anécdota sobre un supuesto farsante terminó siendo una investigación que reveló algo muy distinto: Vincenti nació el día de la batalla de Waterloo, su madre murió en el parto, su padre fue exiliado por seguidor de Napoleón, fue alumno de Donizetti, y murió casi el mismo año que comenzó la Primera Guerra Mundial. El problema era que no había más datos. “No hay nada por ahí, nadie ha hecho una biografía. Solo he encontrado el himno y parece ser que en la catedral hay unas páginas de una misa”.
Tres actores y dos horas de teatro
Antonio Peredo, Fernando Romero y Marcelo Sosa sostienen durante dos horas una obra que desafía los estándares del teatro boliviano. El montaje original en 2018 requirió ocho semanas continuas de ensayo. “Una de las cosas más importantes es la disciplina”, señala Romero. “Teníamos ensayos todos los días y nunca nadie ni siquiera ha llegado tarde, y eso para Bolivia es una sorpresa”.
La obra utiliza recursos brechtianos: los actores se visten en escena, pasan hojas de un atril como músicos de orquesta, manejan maniquíes. “En todo ese distanciamiento, nada de lo que es el artefacto teatral se va a quedar escondido”, explica González Cruz. “Pero Brecht sacó mucho de esto del teatro oriental, que no buscaba decir que todo era una mentira, sino que se vea cómo se construye el mito”.
Rigor histórico como pretexto
Una crítica recurrente a la obra es su supuesta falta de rigor histórico. Los creadores responden con ironía. “Esta obra no tiene rigor histórico”, admite González Cruz. “Pero de este personaje no hay historia. Nadie ha escrito una historia, con lo cual nadie me puede decir a mí que no soy riguroso”.
Antonio Peredo explica: “No tiene rigor histórico, pero no porque queramos desvirtuar, sino porque es la labor del arte. El arte no es un archivo histórico. Lo que nos interesa es hacer arte y contar una historia en función del presente”.
La obra incluso hace un guiño metacrítico cuando el personaje de Donizetti dice que “las habladurías contra él no tienen rigor histórico”, y hace una pausa para advertir al público que la obra “tampoco lo tiene”.
El extranjero que fabrica patrias
Un personaje europeo hace el himno de la patria boliviana, y de otras tantas. Y después viene un español a contar la historia de ese europeo. “Es muy divertido”, sonríe González Cruz. La obra cuestiona la naturaleza misma de las construcciones nacionales. “Bolivia es anterior a Italia”, recuerda el autor. “Estaban los italianos componiendo himnos para países nuevos y ellos no tenían país todavía”.
Esta condición de apátrida, de huérfano (Vincenti perdió a su madre al nacer y su padre fue exiliado), se convierte en metáfora de la condición del artista. “Esa sensación de ser un farsante, pero de estar también en el mayor espacio donde se accede a la creación total, esa mezcla de sentimientos es lo que sí que he querido expresar”, reflexiona González Cruz.
El mundo como burdel, la patria como teatro
La obra transita por lupanares, logias masónicas, salones presidenciales, mostrando que todos son, en el fondo, el mismo teatro de vodevil donde nada es lo que parece. “Sí, el mundo es un burdel, pero mejor lo que has dicho al principio, un vodevil. Casi todo es un teatro”, dice González Cruz. “Todo es un espacio donde nada parece lo que es, donde las intenciones más altas de los compositores se mueven por los sentimientos más bajos”.
Marcelo Sosa, quien interpreta a Ballivián entre otros personajes, explica su construcción del presidente: “Me valí de mi clown para trabajar la ansiedad de Ballivián que necesitaba tener un himno, estrenar el teatro, y aparte había este chauvinismo nacionalista que se estaba creando. Entonces, mi clown dio la nota del personaje”.
La representación del poder como performance alcanza su cúspide en la escena de la recitación del himno, donde se multiplican chistes y referencias poLíticas contemporáneas. “Hay que resistir un poco este espíritu cívico, esta rigidez política en nuestro pueblo”, argumenta Peredo. “No tomarnos todo tan en serio, y mucho menos el himno nacional”.
Gira nacional en el Bicentenario
La obra se estrenó en noviembre de 2018 en el Teatro Municipal de La Paz. Tuvo una primera gira por España en 2019, interrumpida por los conflictos políticos en Bolivia. Una segunda gira prevista para 2020 fue cancelada por la pandemia.
El remontaje de 2025 ha recorrido ocho ciudades: Sucre (donde inauguró el Festival Internacional del Bicentenario), Santa Cruz, El Alto, Tarija, Oruro, Potosí, Cochabamba, culminando en La Paz el 18 de noviembre, exactamente 180 años después de que en ese mismo teatro sonaran por primera vez las notas del himno.
Una de las recepciones más emotivas ocurrió en Valencia, España, cuando la bisnieta de Vincenti asistió a la función. “Al finalizar nos agradeció por contar la historia de su bisabuelo”, cuenta Romero.
Bolivia frente al espejo
“Creo que a Bolivia le falta encontrarse con su propio pasado, con su propia memoria, con sus propios mitos de una manera menos enjaulada”, argumenta Peredo. “Estamos acostumbrados a hacer un excesivo respeto cívico por nuestra historia”.
La obra muestra cómo el proyecto boliviano nació de intereses de clase, de una burguesía criolla que convenció a Bolívar de crear un país aparte. “Es mostrar esta cosa que es muy repetitiva en el país: estoy feliz con un gobernante, después no me gusta, lo saco. Pero más allá de eso, ha permanecido el Himno Nacional”, explica Sosa.
“Che più cercando io vò? ¿Qué más estoy buscando?”, pregunta Vincenti en la obra, citando un aria de Donizetti, atravesando toda la pieza y, según Romero, definiendo no solo a un hombre sino a un país entero.
González Cruz tiene otra respuesta. “No hay salvación. No podemos salvarnos de nosotros mismos”, afirma. ¿Bolivia cambiará después de las elecciones? “Te levantarás por la mañana y verás a la misma Bolivia de siempre”.
Lo que sí puede cambiar, sugiere, son los mitos, las historias. “Desde fuera se ven las cosas con una cierta perspectiva, mientras que dentro estás muy pegado al mito. Eres más participante del mito que analista del mito”.
En el año del Bicentenario, cuando Bolivia se mira al espejo buscando definirse, El Himnovador propone reírse del reflejo, cuestionar las certezas, aceptar que quizás nunca hubo rigor histórico en ninguna de nuestras construcciones nacionales.








