Kathy Fuentes se reencuentra con la dibujante que nunca murió
“Si de niño fuiste dibujante, no importa si lo dejaste o lo olvidaste, el dibujante siempre puede volver”, dice la ingeniera civil tarijeña que expuso por primera vez en la Galería de la Casa de la Cultura.
Entre carbones, acuarelas y sanguinas, Kathy Eugenia Fuentes Uño materializó su primera exposición individual, “Tiempo”, en la Galería de la Casa de la Cultura de Tarija, entre el 29 de septiembre y el 4 de octubre. Ingeniera civil de profesión, madre trabajadora, poeta silenciosa durante años, Kathy encarna la paradoja de quien persigue la belleza con el corazón mientras resuelve problemas con ecuaciones. “El ingeniero busca la belleza como una ciencia. El artista la busca con el corazón”, reflexiona.
El camino comenzó en enero de 2025, cuando la Casa de la Cultura lanzó convocatoria abierta para el calendario cultural. Kathy presentó fotografías de sus trabajos y fue aceptada. Lo que siguió fueron meses calculando espacios, tiempos de producción entre trabajo y crianza de su hija, y recursos para el enmarcado. “Ha sido un sueño realizado”, confiesa quien antes visitaba esa galería admirando lo que otros creaban.
Sus obras abordan dos obsesiones: la familia y lo costumbrista tarijeño. “Encuentro en mis seres amados, en las cosas cotidianas, una fuente inagotable de belleza”, explica. Entre sus piezas destaca “El alcalde de Toledo”, retrato de su padre fallecido acompañado de un poema sobre el dolor que persiste. También presentó “La despedida”, una pareja en ese instante del adiós romántico. La inclusión de su poesía, que atiende la soledad y la decepción amorosa, fue sugerencia de un profesor que vio valor en sus versos. “Había personas que se tomaban el tiempo de leer poesía por poesía. Llegaban a preguntarme sobre la fuente de inspiración”, recuerda.
Kathy se formó con un consejo en mente: “No tienen por qué compararse entre ustedes. Tienen que compararse con el artista que fueron ayer, con el artista que son hoy y hasta dónde podrían llegar mañana”, decía uno de sus profesores. Ahora busca un estilo propio. Camina por Tarija y ve un gesto, unas facciones, y lo primero que piensa es cómo pedir permiso para dibujarlas.
Lo hacía desde niña, pero el estudio, el trabajo y la familia la alejó. Ahora regresa: “Siento que me he vuelto a encontrar a mí misma. Nunca es tarde para hacer lo que uno ama”, dice quien sabe que el arte no es lujo: “¿Cómo podríamos vivir bien sin dibujar o pintar?”. La dibujante que Kathy fue de niña nunca murió. Solo esperaba el momento para volver a vivir.





