Dos espacios, una filosofía: la apuesta dual de Pata y Perro
Del “popular cultural” al “boutique con etiqueta”, un hostal tarijeño diversifica su oferta y su esencia, atendiendo diferentes segmentos de mercado con la misma filosofía de valoración de la identidad local.
En una casa colonial de la calle Gral. Trigo, dividida estratégicamente, funcionan ahora dos propuestas hoteleras que comparten filosofía para atender públicos diferentes. Visto desde afuera, a la derecha está el Hostel Cultural Pata y Perro, que mantiene un ambiente popular, criollo, con bancas que solo se hallan en chicherías y carcajadas constantes. Al otro lado, el Hotel Boutique Pata y Perro ofrece mayor privacidad, cuartos con televisión y camas de dos plazas para un público que busca tranquilidad sin renunciar a la experiencia cultural.
“En este ambiente están los jóvenes, más activos, con más fuerza, más fuego. Al otro lado hay un espacio para las familias, o para ejecutivos que quieren algo tranquilo”, explica Edward Farfán, gestor y gerente de este proyecto hotelero con tres años y medio de operación. “Pata y Perro es como un bebé. Y ahora ya puede andar solo. Por eso me animé a expandir”.
Farfán explica que la expansión surgió también por la demanda orgánica de sus propios clientes. “El mismo mercado me lo ha ido pidiendo, y las oportunidades se las toma inmediatamente”, dice, reflejando una filosofía empresarial reactiva a las necesidades reales del mercado. Así, el Hotel Boutique mantiene la estética cultural con “etiqueta”: catas de vinos de selección, artesanías guaraní y weenhayek como ambientación y servicios diferenciados.
Las dos caras de Pata y Perro mantienen compromiso con la economía circular que caracteriza al proyecto. “Todo lo que tengo en estos espacios es de aquí. Todo está hecho y es comprado en Bolivia”, explica Farfán. La decoración de los espacios funciona también como un manifiesto de identidad, con lámparas hechas de pollera, sombreros tradicionales que se convierten en decoración, y artesanías que, además de habitar espacios, están a la venta.
El modelo de Farfán trasciende la simple prestación de servicios de alojamiento. Su propuesta integra actividades culturales, como los famosos viernes de Pachi, los Ayni de luna llena, y las experiencias de elaboración artesanal de vino. “Lo que estoy vendiendo aquí es una emoción, un sentimiento”, explica Farfán, quien ha sabido convertir las crisis personales y económicas en oportunidades de innovación.
Mientras los espacios mantienen sus diferencias, comparten el mismo compromiso con la hospitalidad y la atención humana: “Aquí no es porque pagas más te atendemos mejor. Somos humanos, y te trato como me gustaría que me traten. Así es la atención en ambos lados”. La filosofía de Farfán se extiende al rubro y la ciudad: “Si nos unimos como comunidad, trabajamos, y sanamos nuestra envidia, vamos a crecer”.
La apuesta de Pata y Perro demuestra que el crecimiento del turismo no requiere abandonar la identidad, sino adaptarla a las necesidades del mercado, manteniendo los valores y la esencia que hacen de Tarija un espacio único en el mundo, con todo el potencial para ser un núcleo de transformación social.





