Transparencias que cruzan fronteras: Acuarela peruana en Tarija
Dos jóvenes acuarelistas de Arequipa trajeron la frescura de una técnica milenaria renovada por la mirada contemporánea y el dominio fotográfico de la luz.
Entre el 1 y el 6 de septiembre, la Galería de la Casa de la Cultura de Tarija se tiñó de los azules arequipeños y la luminosidad particular que caracteriza la acuarela contemporánea peruana. Kevin Rodríguez y Salvador Huayta, egresados de la escuela de arte Carlos Baca-Flor de Arequipa, arribaron por primera vez a Tarija portando una propuesta visual que dialoga entre la tradición paisajística latinoamericana y la modernidad técnica de la nueva generación de acuarelistas peruanos.
La exposición representó un encuentro cultural significativo que trasciende fronteras para establecer puentes artísticos entre dos tradiciones pictóricas hermanas, pero diferenciadas en su enfoque.

El realismo fotográfico de la nueva acuarela peruana
Rodríguez y Huayta encarnan la renovación que experimenta la acuarela peruana contemporánea. Su formación se complementó con un período de experimentación durante la pandemia, cuando la reclusión se convirtió en laboratorio creativo. “Aproveché más el pintar acuarela porque tenía material y no podía salir”, relata Kevin a Pura Cepa, cuya obra se caracteriza por un manejo casi fotográfico de la luz y una intensidad cromática que desafía los límites de la técnica.
Sus paisajes capturan momentos específicos donde la luz actúa como protagonista compositivo. “Queremos jugar con los planos, la luz. No hace falta detallar todo, a veces en una partecita se puede pintar a detalle”, explica, revelando una filosofía que privilegia la síntesis visual sobre la exhaustividad descriptiva.

El arte como registro patrimonial
Más allá de la destreza técnica, la obra revela una conciencia patrimonial profunda. Rodríguez concibe su pintura como “un registro fotográfico, pero más artístico”, una herramienta de preservación ante el avance urbanístico que amenaza el patrimonio arquitectónico.
“Me gusta plasmar lo que veo en las calles porque a veces las casonas las destruyen, entonces quieres preservarlo en el tiempo”, reflexiona. Esta preocupación por la memoria urbana conecta su obra con una tradición latinoamericana de artistas-cronistas que documentan las transformaciones de sus ciudades.
Durante su estancia en Tarija, quedó impactado por la coexistencia de arquitectura colonial y construcciones contemporáneas: “Se nota que hay una construcción de cemento, ladrillo, que te causa impacto”. Rodríguez y Huayta no dejaron de mostrar algunas estampas de su paso por nuestra ciudad.

Diálogos técnicos y resistencia digital
La diferencia en disponibilidad de materiales entre Perú y Bolivia emergió como tema relevante. “En Perú han llegado cantidad de papeles, pigmentos, pinceles y el artista puede escoger esa variedad”, señala Rodríguez, contrastando con la menor diversidad disponible en Bolivia.
Ante la inteligencia artificial, Kevin mantiene una posición reflexiva: “El valor que tú le puedes dar a un trabajo manual tiene mucho más significado que lo que haga una máquina”. Para él, la pintura trasciende la reproducción visual para convertirse en registro emocional, donde “los colores dependen del estado de ánimo. Si estás triste, puedes pintar con colores más fríos”.

Redes culturales emergentes
Para los jóvenes peruanos, la exposición representa la construcción de redes culturales regionales. Rodríguez y Huayta financiaron personalmente su viaje, ejemplificando la autogestión de artistas emergentes latinoamericanos.
“Un artista tiene que trabajar en otra cosa para poder comprar materiales y poco a poco ir arriesgando”, reconoce pragmáticamente. Sin embargo, considera estos intercambios como inversión, pues “a través del viajar te van conociendo y haces contactos”.
La experiencia tarijeña abrió nuevas posibilidades, recibiendo invitaciones para exponer en Sucre, evidenciando cómo los circuitos artísticos regionales se activan a través del intercambio directo.

Un legado de transparencias
Aunque breve, “Acuarelas desde Perú” dejó huella significativa en el panorama cultural tarijeño. La técnica refinada, el dominio lumínico y la intensidad cromática ofrecieron al público local una perspectiva renovada sobre las posibilidades expresivas de la acuarela contemporánea.
Su propuesta, enraizada en la tradición y renovada por una mirada técnica sofisticada y conciencia patrimonial aguda, representa el dinamismo de una generación que desde la autogestión construye puentes creativos regionales.
En la era digital, el arte sigue necesitando el encuentro presencial para revelar todas sus potencialidades. Las transparencias cruzan fronteras, la creatividad latinoamericana fluye como el agua, y encuentra los cauces para expresar el secreto de nuestros paisajes compartidos.






