Nuestra Catedral de San Bernardo
En el Día Internacional de las Catedrales, repasamos el perfil de la que es, quizá, la única catedral en Latinoamérica que no colinda con la plaza principal de la ciudad, donde suele convivir el poder político y religioso.



El 19 de octubre se celebra el Día Internacional de las Catedrales para rendir un tributo a estas obras arquitectónicas y volcar hacia ellas la mirada, pues las Catedrales suelen resaltar en detalle arquitectónico y artístico, y suelen ser los espacios que emanan el mayor impacto de la acción social de la diócesis católica por ser la sede del obispo. Esto se explica etimológicamente a través de la palabra latina cathedra, o “asiento del obispo”. Por tanto, ecclesia cathedralis será la iglesia donde se asienta el obispado.
En las catedrales, el obispo oficia ritos litúrgicos como la confirmación, la ordenación sacerdotal y la consagración real de monarcas. Esas tareas, entre las más importantes dentro de la mitología cristiana, se corresponden con la arquitectura compleja de gran escala, cuyo diseño se origina en la tradición paleocristiana. Desde entonces, las catedrales se han construido en diversos estilos: románico, renacentista, barroco, gótico, entre otros.

Se considera que la primera catedral del mundo, construida en el año 301, es la Catedral de Etchmiadzin, en Armenia. La Catedral de Salisbury, en Inglaterra, comenzó su construcción en 1220, y tiene la aguja más alta de ese país. Sin embargo, la Catedral De Notre Dame es la más visitada de Europa y Francia, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1991. Otras catedrales destacadas son la de Metz (Francia), Colonia (Alemania), la de Cristo Salvador de Moscú (Rusia), y la de San Patricio en Nueva York (Estados Unidos).

La Catedral de San Bernardo en Tarija
En sus inicios, era simplemente una parroquia dedicada a San Bernardo, un monje francés que se hizo famoso por su manera de arbitrar los asuntos más importantes de la iglesia, y que llegó a recibir el nombre de “Oráculo de la Cristiandad”. Fue fundada por padres jesuitas en un terreno amplio donado por el primer Marques de Tojo, Don Juan José Fernández Campero y Herrera, quien también apoyo económicamente la construcción. Cuando en 1767, los jesuitas fueron expulsados de sus territorios, la corona española encargo a los dominicos, franciscanos y luego a los claretianos su administración, la cual quedó, finalmente, en manos de los padres diocesanos.

A mediados de 1800, después del deterioro del templo dedicado a la Inmaculada Concepción en plena plaza Luis de Fuentes, donde ahora funciona el Comité Cívico, la parroquia de San Bernardo se convirtió en la Iglesia Matriz de la ciudad. En 1925, como parte de la celebración del primer centenario de Bolivia, Tarija fue elevada a Diócesis, y la Iglesia Matriz se convirtió en Catedral.
En sus 334 años de historia, ha sufrido varios cambios estructurales. Originalmente, su frontis era de adobe, después de ladrillo, y hace 80 años fue revestido de piedra, dándole el aspecto que tiene hoy día. Así, su estilo colonial adquirió un tinte republicano, mientras su interior es claro ejemplo del barroco, aunque haya tenido también sus diversos trabajos de mantenimiento, entre los que destacan la supresión de altares menores, la instalación de un altar de piedra, y la restauración y mantenimiento del coro, gradas del campanario, torres, aleros, presbiterio y sala capitular.

Desafíos pendientes
En su reciente historia, la Catedral de San Bernardo ha sido objeto de intervenciones urbanas, siendo tomada como lienzo para grafiteros y pandillas que marcan su territorialidad en sus muros externos. El grupo “Los amigos de la ciudad” ha emprendido hace años una serie de acciones para borrar esos ataques y mantener la imagen de la edificación.

También se ha trabajado en las calles inmediatas, mejorando el pasaje Baldiviezo y la vinculación con la plaza Lizardi y la plaza Luis de Fuentes, bajo el criterio del impulso al turismo. Sin embargo, el templo continúa sufriendo un serio deterioro que no ha sido atendido por ninguna autoridad en las primeras dos décadas de este siglo.
Sigue pendiente la restauración y conservación de sus cimientos y estructura, la creación de un archivo y un museo en forma, y la planificación y ejecución de un programa que integre este y otros templos en un circuito sacro turístico que preserve e impulse la historia religiosa de la ciudad.
