Los juguitos refrescantes del “Chiqui” López, un padre
Día tras día, pechando pa’ bajar, pujando pa’ subir, el “Chiqui” López ha criado a su familia y se ha hecho de fama con sus juguitos refrescantes.



En este mes de marzo se celebra a los padres. Hay los que dan todo por sus hijos y hacen hasta lo imposible porque no les falte nada. Y hay los que también son un poco padres de otros niños, a los que con mucho cariño y generosidad entregan hasta lo que no tienen con tal de verles bien. A esos, que no les falte el saludo cariñoso, que es lo único que se lleva uno de la vida. Esos se merecen doble felicitación y abrazo.
Tal es el caso de Leonardo “Chiqui” López, ex minero que hace 40 años llegó a Tarija para quedarse, y que con el tiempo se ha hecho conocido por los juguitos refrescantes que vende en los alrededores del Complejo Deportivo García Ágreda y, sobre todo, porque nunca ha dudado en ofrecer una bebida a los niños deportistas. Aunque no tuvieran para pagarle ese rato, el “Chiqui” igual les daba un refresco para que recuperen el aliento.
“Siempre he tenido amor a los niños, porque no sé qué tendré, pero siempre tengo ese amor”
Y, ¿quién que lleva a su hijo a las canchas del García Ágreda no ha recibido un pedido de dinero porque hay que ir a pagarle al “Chiqui”? “Los niños me conocen a mí, se acercan. ‘Invítame o fíame’, dicen. Yo sé que necesitan y les doy. Luego, algunos me pagan, pero algunos se recuerdan”, comenta el “Chiqui” López. “Siempre he tenido amor a los niños, porque no sé qué tendré, pero siempre tengo ese amor”.
También hace rutas por los colegios para servir a los estudiantes. “Siempre he estado en el San Luis. Ahí he permanecido. Antes también vendía en el colegio La Salle, cuando pasaban física. Hay muchos licenciados, doctores. Muchos he conocido de jóvenes. Allá iba yo. Ahora los encuentro en la calle, me charlan, saludan”, dice el hombre de 70 años, de los cuales ha empeñado 30 en vender sus refresquitos por todo ello.
“Nosotros éramos mineros. Trabajamos en la mina. Luego ya me han retirado de la Comibol. Me he venido directo a Tarija. Estaba trabajando un tiempo en otros lugares. Luego empecé a trabajar con esto”, recuerda, parca pero alegremente, aquel tiempo en que los carritos de refresco eran un emprendimiento novedoso controlado por una sola persona que comisionaba los pequeños vehículos a quien quisiera el trabajo.
“Empecé a trabajar, y luego me quedé con el carrito. Ya soy dueño. Sé hacer los juguitos”. Y también se quedó con el apodo que, en Tarija, a nadie le falta. Por eso a Leonardo López lo conocen más por “Chiqui” que por Leonardo. Así lo recuerdan los niños que hoy son hombres y padres de familia a los que atendió y auxilió alguna vez. “Ahora vienen a comprarme con sus hijos. ‘Es mi hijo, es mi nieto’, me dicen”.
El “Chiqui” también ha conocido a niños que hoy son deportistas de nombre y fama dentro del futbol tarijeño. Aunque no recuerda todos los nombres, le suena cuando se le pregunta por Marvin “Coco” Bejarano, Rudy Cardozo y Diego Guallar. A ellos, y a muchos otros que ahora son profesores, les ha ofrecido sus especiales de naranja y piña.
Otro registro del “Chiqui” es la transformación del complejo deportivo. “Solo había una cancha. Venían todos los chicos. Ahí se jugaban los campeonatos grandes, intercolegiales. Pero ahora no, ya todos los barrios tienen sus estadios. Aquí ha mejorado mucho. Antes las canchas eran de tierra. Ahora son de césped y hay muchos más niños practicando futbol”, dice el “Chiqui” con su voz apacible, mirando con júbilo hacia las canchas.
Para bien o para mal, las cosas han cambiado en Tarija. También las condiciones de trabajo. “En tiempo de calor, se vende bien nomás. En frío, baja todo. Hace 20 años, eran pocos carritos de jugos. Solamente La Cascada competía. Ahora está lleno de refrescos. Se vende, pero en este tiempo hay mucha competencia”, observa Leonardo López, que en su buena época estaba en todas partes. Aparecía hasta en Chagualla, donde dice que “se vendía hermoso, se vendía bien. Trabajando se consigue”.
Todos sosteniendo a sus familias con el modus operandi del “Sísifo chapaco”
Lo que no cambia es la rutina. El “Chiqui” vive en el Barrio Tabladita, uno de los territorios en los que la población migrante ha encontrado su hogar en Tarija. Todos los días, sagradamente, baja pechando el carrito. Siempre uniformado con ojotas, guardapolvos naranja y gorra para el sol. Es de bajada, seguro es fácil. Y todos los sacrosantos fines de jornada, pujando para subir el carrito y llegar a casa. Todos los días de 30 años, igual que muchas otras personas que habitan en barrios periféricos y se acercan al centro de la ciudad para trabajar, con sus carritos y productos, todos sosteniendo a sus familias con el modus operandi del “Sísifo chapaco”.
En todo ese tiempo, el “Chiqui” ha criado a la familia de cinco que hizo con Aniceta Hinojosa, su esposa: Juan Carlos, Bruno, Wilfredo, Vicenta y Marco Antonio. Los más grandes están en Argentina, y los otros siguen por acá. También hay nietos: Daniel y Joselyn. Él estudia en Sucre para ser Médico; ella está en Canasmoro y será profesora. “Ya van a ser profesionales”, sonríe el “Chiqui”.
Con 70 años de vida, Leonardo López sigue trabajando. El carrito lo mantiene fuerte, pechando, correteando y caminando por toda la ciudad. ¿Hasta cuándo? “Bueno, Dios me ha dado la vida, también el carrito me dio. Pa’ trabajar. Todavía tengo fuerzas pa’ trabajar Me hace caminar, pero me siento bien trabajando. Después, no se puede trabajar en otra cosa”, asume.
Eso sí, con los compañeros de trabajo siempre hay buena relación. “Siempre nos saludamos con todos. También los que están en la García Ágreda. Y en cualquier lugar”. Al “Chiqui” ese buen carácter le viene del culto de los fines de semana. Nunca falta, sobre todo porque le encanta escuchar la música de alabanza.
En este mes de marzo, el “Chiqui” se merece doble felicitación y abrazo. Y que nunca le falte el saludo cariñoso y un plato de saice, que es lo que le gustaría comer en el Día del Padre. Por lo menos. Porque el “Chiqui” siempre tiene algo bueno para dar, aunque haya entregado ya hasta lo que no tiene. Lo que no le falta son consejos como estos con los que nos despedimos de un especial más de Pura Cepa.
“Que les tengan paciencia, que instruyan a sus niños en el camino. A cada uno de sus hijos, a cada niño. Es lo mejor”
Para los niños: “Que se cuiden, que sigan estudiando. Les recomiendo de ese modo para ellos. He conocido a muchos niños de colegio, tanto del García Ágreda como otros. Siempre he venido a venderles, muchas veces se han acercado. Yo les he dado refresquito, no les he mezquinado a ellos. Porque tengo amor a ellos. Que sigan adelante, que sigan estudiando, que sigan haciendo deporte”.
Para los padres: “Cuiden a sus niños, siempre estén hablando de la palabra de Dios a los niños. Que les tengan paciencia, que instruyan a sus niños en el camino. A cada uno de sus hijos, a cada niño. Es lo mejor. El camino, la verdad y la vida, es la palabra de Dios, y todos tenemos que acordarnos de ella y de nuestro creador, que del polvo de la tierra hizo al hombre, y al polvo mismo volveremos”.