Vida en familia
Cómo pueden los padres apoyar efectivamente la lactancia materna
La alimentación del bebé no es una tarea exclusiva de la madre. La pareja, el padre y el entorno familiar pueden ser decisivos para que la lactancia comience, se mantenga y se viva con menos presión y más apoyo
Cuando se habla de lactancia materna, la atención suele concentrarse en la madre y el bebé. Es lógico: ella produce la leche y el recién nacido depende de ella para alimentarse. Pero alrededor de ambos existe una tercera pieza fundamental: la familia.
El padre o la pareja puede convertirse en uno de los principales aliados de la lactancia o, sin proponérselo, en una fuente adicional de presión. Una pregunta aparentemente inocente como “¿otra vez tiene hambre?”; recomendar que el bebé tome menos veces durante la noche; insistir en que “no se llena” o sugerir rápidamente la fórmula pueden terminar debilitando la confianza de la madre.
En cambio, conocer cómo funciona la lactancia, acompañar sin juzgar y asumir buena parte de las tareas que rodean al bebé puede marcar una diferencia.
La evidencia internacional muestra que las madres que perciben mayor apoyo de sus parejas tienen más posibilidades de iniciar la lactancia y de mantenerla durante más tiempo. En Bolivia, además, la lactancia materna no es solamente una recomendación sanitaria: existe una política pública específica para protegerla.
La Ley 3460 de Fomento a la Lactancia Materna establece la promoción, protección y apoyo de la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses y su prolongación hasta los dos años o más, acompañada de alimentación complementaria desde los seis meses.
Y a pesar de que las bajas por maternidad no se acercan ni de lejos a los seis meses, los datos señalan que se trata de una práctica ampliamente extendida en el país. Según información difundida por el Ministerio de Salud en 2025, Bolivia alcanzó un 74,1% de lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses, porcentaje que la situó en el primer lugar de Latinoamérica de acuerdo con los datos de la EDSA.
Sin embargo, que muchas madres amamanten no significa que el proceso sea sencillo. El cansancio, el dolor, las dificultades de agarre, las dudas sobre la cantidad de leche, las noches interrumpidas, el regreso al trabajo y los consejos contradictorios pueden convertir los primeros meses en un periodo exigente. Por eso, el apoyo de la pareja importa.
Entender antes de opinar
El primer paso para ayudar es informarse. La lactancia no funciona necesariamente con horarios rígidos. Durante los primeros meses, lo habitual es que el bebé pida pecho cuando tenga hambre y que las tomas sean frecuentes, también durante la noche. El Ministerio de Salud recomienda la lactancia a libre demanda.
Esto significa que el padre o la pareja debe evitar convertir el reloj en el principal criterio para decidir cuándo alimentar al bebé.
Un recién nacido puede pedir pecho muchas veces al día. También puede hacerlo durante periodos en los que parece que quiere estar permanentemente junto a su madre. Esto no significa automáticamente que “la leche no alcance”.
La producción de leche está relacionada, entre otros factores, con la frecuencia con que el bebé mama. Por eso, intentar espaciar artificialmente las tomas o eliminar las tomas nocturnas puede afectar el establecimiento de la lactancia.
También conviene aprender a reconocer las señales del bebé. El llanto suele ser una señal tardía de hambre. Antes pueden aparecer movimientos de búsqueda, llevarse las manos a la boca, abrir la boca o mostrarse inquieto.
Conocer esas señales permite al padre intervenir de una manera muy concreta: acercar al bebé a su madre antes de que llegue al llanto intenso, ayudar a acomodarlo y crear un ambiente tranquilo para la toma.
La leche materna no necesita “ayuda” para ser suficiente
Una de las dudas más frecuentes de las familias es si el bebé está comiendo lo suficiente.
Ante esa preocupación, la respuesta no debería ser automáticamente comprar una fórmula o introducir agua, mates o infusiones.
En Bolivia, las autoridades sanitarias recuerdan que durante los primeros seis meses la lactancia debe ser exclusiva. Esto significa que el bebé no necesita agua, té, mates, jugos ni otros alimentos, salvo que exista una indicación médica específica.
Las costumbres familiares pueden hacer que esta recomendación choque con prácticas transmitidas de generación en generación. Es frecuente que una abuela, una tía o incluso un vecino sugiera darle “un poquito de agua” porque hace calor, un mate porque tiene cólicos o algún alimento porque parece tener hambre.
El padre puede cumplir aquí una función importante: proteger las decisiones tomadas junto con la madre y respaldadas por el personal de salud.
Eso no significa desconfiar de las abuelas ni despreciar los conocimientos familiares. Significa distinguir entre una tradición y una recomendación sanitaria actual.
Si existen dudas sobre el crecimiento del bebé, el número de pañales mojados, el agarre, el dolor o la producción de leche, lo adecuado es consultar con personal sanitario capacitado en lactancia. Una preocupación familiar no debería resolverse con consejos improvisados.
El apoyo emocional también alimenta
Amamantar puede ser agotador. Una madre puede pasar buena parte del día sentada o recostada con el bebé en brazos. Puede despertarse varias veces durante la noche. Puede sentir dolor en los primeros días. Puede preocuparse porque el bebé llora, porque pide pecho constantemente o porque otras personas cuestionan su capacidad para alimentarlo.
En ese momento, frases como “tú puedes”, “estás haciendo un gran trabajo” o “yo me encargo de lo demás” pueden ser mucho más útiles que una explicación sobre lo que debería estar haciendo. El padre no necesita tener todas las respuestas. A veces, escuchar es suficiente.
También es importante evitar comentarios que conviertan la lactancia en una prueba de rendimiento. Cada madre y cada bebé tienen circunstancias diferentes. Comparar: “el hijo de mi hermana dormía toda la noche” o “a fulana le sobraba leche” solamente aumenta la ansiedad.
La lactancia no debería convertirse en una competencia entre madres.
Defenderla frente a los demás
La presión no siempre viene de la pareja. Puede llegar de toda la familia.
En Bolivia, donde las familias extendidas tienen un papel importante en la crianza, las opiniones de abuelos, tíos y otros parientes pueden pesar mucho durante los primeros meses.
“Ese niño tiene hambre”.
“Tu leche no lo llena”.
“Dale fórmula para que duerma”.
“Dale agua, hace calor”.
“Ya debería comer”.
“¿Hasta cuándo vas a darle pecho?”
Son frases que muchas madres pueden escuchar.
El padre o la pareja puede ayudar a poner límites de una manera respetuosa. Si la madre ha decidido amamantar y cuenta con el respaldo de su personal de salud, no tiene sentido que deba defender sola esa decisión frente a todo el entorno.
También puede ocurrir fuera de la casa. Algunas madres sienten incomodidad al amamantar en espacios públicos porque temen miradas o comentarios.
El acompañante puede contribuir a que la lactancia sea vista como lo que es: una forma natural de alimentar a un bebé, no una conducta que deba ocultarse.
No esperar a que ella pida ayuda
Una de las formas más efectivas de acompañar la lactancia es anticiparse.
Si la madre se sienta a amamantar, el padre puede acercarle agua. Puede preparar algo para comer. Puede acomodar una almohada. Puede bajar el volumen de la televisión. Puede encargarse del teléfono o de recibir visitas.
Son acciones pequeñas, pero acumuladas durante semanas representan una gran diferencia.
También puede ocuparse del bebé antes y después de la toma: cambiarle el pañal, sacarle los gases si corresponde, vestirlo, bañarlo, arrullarlo o simplemente sostenerlo.
El hecho de que el padre no pueda producir leche no significa que no pueda participar de manera intensa en la alimentación.
De hecho, una de las ideas que conviene desterrar es que la única manera de que el padre establezca un vínculo con el recién nacido sea darle el biberón.
Hay muchas otras formas de construir ese vínculo.
La noche también es responsabilidad de los dos
Las noches suelen ser uno de los momentos más difíciles.
El bebé se despierta y quiere mamar. La madre debe levantarse, acomodarse y alimentarlo. Si además tiene que encargarse de todo lo demás, el agotamiento puede acumularse rápidamente.
El padre no puede sustituir la toma de pecho, pero sí puede compartir todo lo que ocurre alrededor de ella.
Puede levantarse cuando el bebé llora, cambiarle el pañal, llevarlo hasta la madre, ayudar a acomodarlo y volver a acostarlo cuando termine.
También puede asumir las tareas que no dependen de la alimentación: preparar el desayuno, lavar los platos, hacer las compras o encargarse de otros hijos.
Una pareja que comparte la crianza no necesariamente divide cada tarea exactamente por la mitad. En la etapa de lactancia, la madre tiene una responsabilidad biológica que el padre no puede asumir. Precisamente por eso, el resto de las responsabilidades puede distribuirse de manera más equilibrada.
Cuando hay dificultades, pedir ayuda no es fracasar
La lactancia puede presentar problemas. Dolor persistente, grietas, dificultades para que el bebé se agarre al pecho, dudas sobre el aumento de peso o cualquier otra preocupación merecen atención.
En esos casos, el padre no debería presionar a la madre para que “aguante” ni tampoco concluir inmediatamente que debe abandonar la lactancia.
La mejor ayuda es acompañarla a buscar orientación profesional.
Bolivia cuenta con una normativa que promueve grupos de apoyo y consejería en lactancia materna, además de iniciativas destinadas a fortalecer la atención en los servicios de salud.
Y existe otra idea importante: apoyar la lactancia no significa culpabilizar a una madre que no puede o no desea amamantar. Las circunstancias médicas, personales y sociales pueden ser diferentes. El objetivo del acompañamiento debe ser informar, sostener y cuidar, no generar culpa.
Cuando existe una indicación médica de utilizar un sucedáneo de la leche materna, la familia debe seguir las instrucciones del personal sanitario.
El trabajo también entra en la ecuación
Uno de los grandes desafíos aparece cuando la madre debe regresar al trabajo o a los estudios, que en Bolivia es apenas un mes y medio o tres – con suerte – después del alumbramiento.
La legislación boliviana contempla medidas de protección para las madres lactantes. El reglamento de la Ley 3460 establece, entre otras disposiciones, que las instituciones públicas y privadas deben permitir condiciones para la lactancia y adecuar ambientes para que las madres puedan amamantar en condiciones apropiadas.
Pero entre la norma y la vida cotidiana puede existir una distancia importante.
Aquí también la pareja puede colaborar. Puede encargarse de los traslados, organizar horarios, ayudar con la extracción y conservación de leche cuando corresponda y asumir tareas domésticas adicionales.
La responsabilidad de que una madre pueda continuar amamantando no debería recaer exclusivamente sobre ella.
También es una cuestión de organización familiar y, cuando corresponde, de cumplimiento de derechos laborales.
El padre también está criando
Quizá la idea más importante sea esta: apoyar la lactancia no significa simplemente “ayudar a la mamá”.
El bebé es de los dos.
El padre no es un asistente de la madre ni un visitante en la vida del recién nacido. Es parte de la crianza desde el primer día.
Puede cambiar pañales, bañar, dormir, cargar, cantar, hablar, pasear, consolar y jugar con el bebé. Puede aprender a reconocer sus señales y convertirse en una figura de seguridad y afecto.
La lactancia crea una relación especial entre la madre y el bebé, pero no excluye al padre. Al contrario, permite que él encuentre otras maneras de construir su propio vínculo.
Y cuando ese reparto funciona, la lactancia deja de ser una tarea que la madre debe sostener prácticamente sola.
Lactancia materna y obesidad infantil
Por Anael Torres
Agosto es el mes que celebra la Lactancia Materna en el mundo, fechas en las que se reconoce y se pone nuevamente el foco en todos los beneficios que aporta la leche materna en el crecimiento y desarrollo de los niños en sus primeros años de vida y que persisten a lo largo de la vida. Son bien conocidos los valores de la composición única de la leche materna tanto por sus componentes biológicos como nutricionales, y que entre muchos beneficios previenen enfermedades y también la mortalidad infantil.
Nuestros datos a nivel internacional señalan que Bolivia es uno de los países con mayores índices que lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses de vida. Sin embargo Tarija registra uno de los índices más bajos a nivel nacional. A pesar de los esfuerzos en los últimos años, nuestros avances para que más bebes recién nacidos reciban solo leche materna son aun menores en relación al resto de departamentos.
Varios factores se cruzan y afectan para que la lactancia materna se abandone incluso antes de empezarla. Una es en general el mal asesoramiento y poca información que reciben las madres primerizas en los centros de salud sobre cómo lactar a los bebes de manera correcta y sostenida. Otro factor es el laboral y el rápido retorno al trabajo tras dar a luz. Si la madre es trabajadora formal solo cuenta con seis semanas de baja legalmente establecida y el retorno a la fuente laboral muchas veces dificulta la disposición casi completa que requiere el bebe lactante para alimentarse correctamente con leche materna a libre demanda.
Las investigaciones aportan relaciones importantes entre haber recibido lactancia materna el tiempo suficiente y la prevención de obesidad infantil. Algunos factores clave serían la mejora de la salud intestinal de los lactantes exclusivos de leche materna y la espera para la introducción temprana de alimentos complementarios que pueden aumentar el peso no saludable, como las fórmulas infantiles.
En este sentido, esta semana también han salido a la luz pública datos sobre sobrepeso y obesidad en edades tempranas. El SEDES de Tarija ha informado que más del 9 % de los niños menores de dos años y un 8,5 % de los menores de 5 años sufren sobrepeso u obesidad en nuestro departamento. Uno de los factores sería justamente la introducción temprana de fórmulas infantiles que tienen mayor componente de proteínas y grasas que contribuyen al aumento indeseado de peso de los niños en edades tempranas.
Mayor y mejor asesoramiento a las madres primerizas en los centros de salud, mayor concienciación política y social sobre el impacto y los múltiples beneficios de la lactancia materna, mejores condiciones laborales para las madres que concilien con las horas de lactancia, consejería nutricional para las familias y prevención desde el hogar; pueden ser acciones que nos ayuden a rescatar localmente el valor y la práctica de la lactancia materna y en el futuro prevenir que nuestros niños y niñas desarrollen sobrepeso u obesidad.








