Una historia de lucha, resiliencia y amor incondicional
Ángel Valentín, el niño que perdió sus brazos, pero no sus sueños
Ángel nació sin un brazo y, tras un accidente, perdió el otro, pero ganó una fuerza que inspira. Su madre no se rinde: vende empanadas, trabaja como taxista y toca puertas para que su hijo acceda a las prótesis y vuelva al colegio. Una historia de dolor transformado en esperanza
El 9 de julio de 2024, la vida de Ángel Valentín Mayari Terceros, un niño tarijeño de apenas siete años, cambió para siempre. Mientras su madre, Verónica Terceros, limpiaba la acera del lugar donde trabajaba vendiendo comida, Ángel corrió detrás de una pelotita. En segundos, una volqueta cargada de material lo atropelló.
El impacto fue catastrófico. Ángel, que nació sin un brazo, perdió ese día el otro.
“Fue muy triste verlo bajo la volqueta”, recuerda Verónica con la voz entrecortada.
“Él recién estaba empezando a escribir, estaba en primero de primaria, era abanderado, el segundo mejor alumno de su curso. Siempre fue un niño alegre, humilde”, cuenta.
Ángel fue trasladado de emergencia al hospital, donde ingresó a quirófano por más de cuatro horas. Los médicos intentaron salvar su brazo, pero el daño era irreversible. La amputación era la única opción, procurando dejar el muñón lo más funcional posible para que, en el futuro, pudiera usar una prótesis.
Ayuda Ángel necesitará varias prótesis durante su vida, por lo que la ayuda será necesaria. Si desea colaborar con la familia puede comunicarse con su madre al 69307877
De la cirugía, que duró más de cinco horas, Ángel pasó a terapia intensiva. Su madre recuerda ese momento como uno de los más duros de su vida, no solo porque tenía que lidiar con el dolor de su hijo, sino también con las críticas de las personas, que la juzgaban y culpaban por lo sucedido: “por no cuidar bien al niño”
“No tenía cabeza para pensar en nada, solo quería verlo a mi hijo bien”, recuerda.
“Vi a Diosito, me dijo que me iba a cuidar”
En medio del dolor, Ángel sorprendió a todos con su inocencia y fortaleza. Durante la internación y los cuidados post operatorios, contó que vio a Dios.
“Me dijo que me iba a proteger para que sane”, relató el niño. Cuando le preguntaron cómo era, respondió con una sonrisa: “Tiene una manta blanca y una mantita roja aquí en su cuellito”.
Esa fe se convirtió en el sostén emocional de su madre, quien asegura que, en medio de tantas promesas incumplidas y puertas cerradas, su mayor fortaleza ha sido Dios y la sonrisa diaria de su hijo.
Secuelas, promesas y abandono
Tras el accidente, las dificultades no cesaron. Ángel sufrió una fractura en la cadera que derivó en una nueva operación. Para cubrir los gastos, su familia organizó rifas y actividades solidarias. Verónica agradece el apoyo de personas que les tendieron la mano cuando más lo necesitaban, como médicos, vecinos solidarios y ciudadanos anónimos.
Sin embargo, también llegaron las decepciones. Promesas que no se cumplieron, compromisos que quedaron en el papel y ayudas que nunca llegaron. “Me di cuenta de que muchas veces lo político se mezcla con el dolor de las personas”, lamenta.
Ante la falta de respuestas, Verónica decidió actuar por su cuenta. Viajó a La Paz y luego a Santa Cruz en busca de una prótesis para su hijo. Con el apoyo de gente solidaria y el aporte del alcalde de Santa Cruz, Johnny Fernández, logró avanzar. Hoy, Ángel está a punto de recibir un brazo robótico, que funciona con sensores y le permitirá abrir, cerrar y agarrar objetos, que fue creado por Robotics Creators Bolivia.
El conductor de la volqueta no contaba con SOAT y, pese a compromisos firmados y documentos legales, el apoyo prometido nunca llegó. “Me pedían que firme desistimientos, cuando yo ni siquiera imaginaba las secuelas que vendrían”, cuenta Verónica.
A lo largo de este año y cinco meses, hubo promesas de ayuda con prótesis, apoyo psicológico y gastos médicos, muchas de ellas hechas públicamente, pero que jamás se concretaron. Incluso se utilizaron imágenes de Ángel para recaudar dinero, recursos que nunca llegaron a sus manos.
Una madre que no se rinde
Verónica es madre de cinco hijos. Su esposo trabaja como albañil y su hijo mayor también aporta al hogar. Ella tuvo que dejar su trabajo para cuidar a Ángel las 24 horas del día. Aun así, no se quedó de brazos cruzados.
“Ángel necesita ayuda para todo: vestirse, comer, ir al baño. No es fácil, pero siempre lo veo sonriendo y eso me da fuerzas”, dice.
Vende empanadas, refrescos, trabaja como taxista cuando puede y agradece a quienes le dieron la oportunidad de ganarse el pan con dignidad. “Hubo días en los que solo comimos arroz y huevo, pero nunca perdimos la fe”.
Gracias a la solidaridad de personas anónimas y autoridades que sí cumplieron, Verónica logró llevar a su hijo hasta La Paz y Santa Cruz para acceder a una prótesis. La más reciente es una prótesis robótica, que permitirá a Ángel volver a agarrar objetos, abrir y cerrar su “manito” y, sobre todo, regresar al colegio como antes.
Cada prótesis tiene un alto costo y una vida útil corta, porque Ángel sigue creciendo. Cada año y medio necesitará una nueva. Aun así, Verónica asegura que las prótesis que su hijo deje de usar serán donadas a otros niños en situaciones similares. “Si a mi hijo algo ya no le queda y puede ayudar a otro, lo daré de corazón”.
Un niño que inspira
Pese a todo, Ángel no perdió la sonrisa. Espera con ansias volver a clases, jugar con sus compañeros y destacar como lo hacía antes de este trágico accidente. Su energía y fortaleza son, para su madre, la razón para seguir adelante.
“Es un niño que tiene la vida por delante, que puede ser un gran profesional. Solo pido que no nos juzguen sin saber nuestra realidad”, dice Verónica.
Hoy, Ángel y su familia siguen luchando, con dignidad, trabajo y fe. No desde el rencor, sino desde la esperanza. Con la ayuda de personas que quizá nunca imaginaron conocer, han demostrado que incluso después de perderlo casi todo, se puede volver a empezar.
Porque Ángel Valentín perdió sus brazos, pero jamás perdió su esencia ni sus ganas de vivir. Y porque su madre, vendiendo empanadas, taxeando y tocando corazones, demuestra cada día que el amor de una madre es la prótesis más fuerte que existe.
Una historia que sigue escribiéndose
Actualmente la familia necesita completar un saldo de 4.500 bolivianos para retirar la prótesis. También enfrenta gastos médicos constantes y controles que muchas veces no pueden cubrir. Aun así, Verónica mantiene la esperanza intacta.
“Mi hijo tiene la vida por delante. Puede ser un gran profesional. Yo voy a luchar por él hasta donde Dios me dé fuerzas”, afirma.
Ángel es la prueba de que, incluso en medio del dolor más profundo, la resiliencia puede más. Con la ayuda de personas que jamás imaginó conocer, este niño tarijeño sigue avanzando, sonriendo y demostrando que ninguna adversidad puede apagar sus ganas de vivir.
Quienes deseen colaborar con víveres, algún aporte económico, aporte profesional (como fisioterapias o terapias psicológicas) o verificar, antes de hacer cualquier tipo de aporte, frente actividades solidarias a nombre de Ángel, pueden comunicarse directamente con su madre al 69307877.
Ángel perdió su único brazo, pero ganó una fuerza inmensa que hoy inspira a toda una comunidad.
Robótica y solidaridad para devolver esperanza
Ángel se ha convertido en un símbolo de lucha y superación. Su historia conmovió no solo a ciudadanos solidarios, sino también a jóvenes emprendedores bolivianos que decidieron poner la tecnología al servicio de la vida. Desde Robotics Creators Bolivia, los hermanos Juan Carlos y Roly Ronald Mamani Mamani se sumaron al desafío de acompañar su proceso de rehabilitación.
“Ángel es un niño que realmente nos contagia su alegría, es un ejemplo de superación. Durante su etapa de crecimiento tenemos que seguir apoyándolo”, expresó Juan Carlos Mamani, uno de los fundadores del emprendimiento. Añadió que la prótesis entregada representa solo el inicio de un largo camino.
“Este es un primer paso, pero no el último. Ángel va a requerir varias prótesis que deberán actualizarse conforme crezca, para garantizarle una mejor calidad de vida”.
Por su parte, Roly Ronald Mamani destacó el valor de la solidaridad. “Creemos que existen personas con grandes corazones. Queremos llegar a ellas para seguir soñando con Ángel y darle oportunidades para que siga creyendo en la vida”, afirmó.
Robotics Creators Bolivia nació en 2019 como un sueño boliviano enfocado en democratizar la tecnología, especialmente en áreas como la biónica, la rehabilitación y la robótica educativa. Los hermanos Mamani identificaron una necesidad urgente: el acceso ilimitado a prótesis y ortesis asequibles en Bolivia y América Latina.
Más que un negocio, el emprendimiento busca generar impacto social, utilizando la innovación como herramienta de inclusión. A pesar de enfrentar obstáculos como la falta de políticas de apoyo, financiamiento y facilidades tecnológicas, el proyecto ha logrado consolidarse y ganar reconocimiento a nivel nacional.
Hoy, la unión entre tecnología, solidaridad y esfuerzo humano abre nuevas posibilidades para Ángel. Su historia demuestra que, incluso en medio de la adversidad, cuando el conocimiento se combina con empatía, es posible construir esperanza y cambiar vidas.





