Tarija, en el corazón cultural de Bolivia
El sur del país es semillero de música, canto y literatura.
Desde el sur de Bolivia, el departamento de Tarija ha sumado a la construcción del país desde distintas áreas, pero merece una mención especial su aporte a la cultura. En la música, la literatura, la pintura y el canto sus artistas han ofrecido obras emblemáticas de la identidad nacional.
Música: Desde el amor a la revolución
La música tarijeña es conocida especialmente por sus ritmos alegres y festivos, pero en realidad abarca una gran variedad que va desde la cueca, la rueda, la chacarera, el zapateo, el atico hasta las coplas que varían de tonada según la época del año.
Una de las más populares es la cueca chapaca, que le canta al amor, la amistad, a la pertenencia a esta tierra, pero también a la resistencia.
El cantautor Nilo Soruco es un ejemplo de ello, su obra incluye himnos como “La Vida es Linda”, “La Caraqueña” y “La Noche de San Juan”.
Otra voz que emociona a todo el país es la de Sadi Jorge Cuéllar Maire, conocido con el nombre artístico de: Yalo Cuéllar. Entre sus composiciones resaltan canciones como “Fray Quebracho” o “Muchacha de Risa Loca”.
Entre los compositores más destacados podemos encontrar a Pastor Achá Martínez, Luis Aldana, Aníbal Barrientos, Jorge Canedo, Renán Justiniano, Misael Laguna y Hugo Monzón. A sus obras les dieron voz intérpretes como Enriqueta Ulloa, Los Cantores del Valle, Los de Sama, Embajadores del Guadalquivir, Los Luceros del Alba, Los Montoneros de Méndez y los Trovadores Chapacos, como algunos de los más históricos. Aunque también hay grupos que en la actualidad han ganado popularidad llevando la música tarijeña al resto del país y al exterior.
Letras que perduran
A lo largo de la historia los tarijeños supieron destacarse, al igual que con sus composiciones, en la literatura.
Octavio Campero Echazú fue uno de ellos, sus textos y poesías le merecieron reconocimiento en Bolivia y el exterior. Recibió el Premio Nacional de Poesía, fue proclamado "Hijo Predilecto de la Ciudad" y la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho (UAJMS) le brindó el título de "Maestro de la Juventud Tarijeña". Incluso tras su deceso recibió "Gran Premio Nacional de Literatura" honrando su aporte a la cultura nacional.
Otra mención merece Roberto Echazú, conocido como “Príncipe de la poesía tarijeña”, pero cuyos escritos trascendieron las fronteras bolivianas. Entre otros, recibió un reconocimiento de la Municipalidad de La Paz y su nombre figura en Antologías de América.
Uno de los más conocidos, sin duda, es Óscar González Alfaro, a quien se calificó como “El Poeta de los Niños” por su dedicación a la literatura infantil, pero fue más que eso. Fue cuentista, profesor y periodista. Sus cuentos chapacos que le valieron el Premio Nacional de Cuento y tiene textos traducidos a idiomas nativos como el aymara, pero también al ruso, portugués, francés y esperanto. Posiblemente fue el autor con más textos publicados, algunos de sus poemas fueron inmortalizados por el también tarijeño Nilo Soruco.
Aunque la escritora de “El Occiso”, María Virginia Estenssoro, nació en La Paz, se crio y siempre tuvo fuertes lazos con Tarija.
En la actualidad también hay mujeres y jóvenes llevan el nombre de Tarija dentro de la literatura. Por ejemplo, Isabel Antelo fue ganadora del primer lugar del concurso Franz Tamayo y es la autora del libro de cuentos Memorabilia. También se destaca Paloma Gutiérrez León, como autora de “Por ellas” y Manuel León Jaramillo que escribió “Plácido Valle”, estos dos últimos forman parte de la Biblioteca Popular de la Imprenta del Estado.
Los tarijeños igualmente han sabido destacar en otras artes, desde el cine, la fotografía y la pintura.
Más allá del talento personal, la cultura popular se destaca hasta más allá de las fronteras. Es lo que ocurre con la Fiesta de San Roque que ya es patrimonio universal, la Fiesta de Comadres va por el mismo camino.
Lo cotidiano
El aporte cultural de Tarija no puede separarse de su cotidianidad: sus fiestas patronales y típicas, acompañadas siempre de gastronomía, música y alegría. Esos componentes la convierten en uno de los destinos predilectos por los bolivianos.
Tarija, caracterizada por su espíritu tranquilo y a la vez aguerrido, ha hecho y continúa haciendo valiosas contribuciones a la cultura boliviana. Su gente, sus artistas y sus tradiciones forman parte esencial del tejido nacional.








