Ella está especializada en danza árabe
Camila Montes, el sol tarijeño que brilla en La Plata
En contacto con El País, desde La Plata, Camila nos cuenta que comenzó a bailar a sus ocho años en la academia de danzas Octavio Campero Echazú de Ana Canedo



Con una sonrisa plena Camila Vaca Montes se para frente a la pantalla de su computadora y con un hola cantado saluda a todos quienes se conectan para verla bailar. Ésta es la forma que ahora tiene para ejercer su arte en medio de la pandemia, aquella que le ha varado uno de sus más hermosos sueños.
Lleva puesto un vestuario amarillo de danza árabe, su madre le ha preparado el escenario y aunque las estrellas plateadas que puso se notan poco en la pantalla, el espacio de baile es perfecto.
Con un aura, que rebalsa energía luminosa, Camila comienza su presentación. “Soy de Tarija Bolivia, vivo en Argentina hace mucho tiempo; ahora vivo en La Plata” dice y resalta que su nombre artístico es “Camila Montes”.
De a poco con movimientos lunares mueve los brazos, las piernas y marca las caderas con movimientos solares. Pronto, todo el que la ve se pierde en la magia de su danza. Su vestuario y sus ondulantes cabellos se fusionan en un movimiento mágico y nos trasportan al mundo árabe.
Ésta es solo una de las tantas muestras que Camila da a sus seguidores y que es el resultado de muchos años de preparación y estudio.
La formación de la artista
Camila es hija de Gloria Montes Barzón y José Roberto Vaca, más conocido en Tarija como Toto Vaca. En contacto con El País, desde La Plata, Camila nos cuenta que estudió en el colegio Felipe Palazón y comenzó a bailar a sus ocho años en la academia de danzas “Octavio Campero Echazú” de la fallecida Ana Canedo. En esa escuela practicó toda la variedad de bailes como hip, hop, jazz y ballet clásico.
Tiempo después se fue a vivir a Yacuiba con su madre y de inmediato se contagió de la energía de las danzas tradicionales, así comenzó a bailar chacarera y gato. Más aún, a sus quince años su madre le consiguió una profesora de danza árabe en Salta, se trataba de Virginia Lazcano Nura, quien era la hija de una amiga.
Con ella comenzó a tomar clases a distancia, por lo que viajaba a Salta- o Virginia llegaba a Yacuiba- una vez al mes. Estos fueron los inicios de su formación a nivel profesional en danza. “Iba cada año a rendir examen y las mesas de exámenes siempre tenían jurados internacionales como Yamil Annum”, cuenta emocionada y agrega que estudió el primer y segundo año en la escuela de danzas de Salta.
Sin embargo, sus ganas de superarse y perfeccionar su arte crecieron, de esta manera continuó sus estudios en La Plata con la reconocida bailarina Sabrina Colman, quien es una experta en el belly dance.
“Termino mi carrera de bailarina ahí, que son cinco años. Con ella estudié cuatro porque me nivelé. Al tercer año de estar en su escuela me metió a su ballet “Alhuma Azahar”, ahí estuve durante cuatro años. Ya no estoy, al recibirme de la escuela Sabrina me hizo parte de los maestros y eso hice hasta este año que sucedió la pandemia”, detalla.
Camila tiene muchos proyectos centrados en la danza
El sueño varado
La irrupción del Covid-19 ha afectado infinidad de planes en todo el mundo y uno de ellos es el de Camila, quien días antes de declararse la cuarentena total en Argentina había dejado el servicio de profesorado en su ballet para irse a Jordania, donde le ofrecieron trabajo como bailarina en un hotel de cinco estrellas,
“Todo estaba encaminado para que me vaya”, comenta resignada y cuenta que incluso su madre viajó desde Tarija para despedirla. Pero, fue entonces que les “pilló” la pandemia. Hoy ambas se encuentran pasando este tiempo juntas en La Plata.
“Era un contrato bastante prometedor y me iban a pagar todo. Estaba muy ilusionada, mi madre vino a despedirme a Buenos Aires y nos pilló la pandemia. Hoy estamos aquí, la vida nos da esas sorpresas. Por este tiempo doy clases online”, explica.
Los logros
Aunque Camila tiene muchos logros como el haber conseguido profesionarse como bailarina, ella apunta que el mayor de ellos es el poder vivir del arte. Revela que no ha sido sencillo, pues para conseguirlo enfoca toda su energía en ello.
Dentro de esta tarea diaria resalta una de sus más hermosas virtudes que es su persistencia, aquella que no le ha permitido rendirse frente a cualquier situación difícil.
En la actualidad la única manera de ejercer su profesión es a través de las redes sociales, por lo que dicta clases, cuelga videos de sus bailes, concentrándose también en la preproducción y postproducción de cada uno de ellos.
Lejos de la tierra
Aunque está lejos de la tierra que la vio nacer, siempre la recuerda con mucho cariño y aprovecha para contarnos que su experiencia en Argentina ha sido positiva, pues aunque como ella dice “los argentinos tienen una idea muy limitada” de los bolivianos -en el sentido de que no entienden a Bolivia como un país pluricultural- Camila siempre ha sido muy bien tratada.
Respecto a la danza anima a las jóvenes a dedicarse a ello y así revela que en Argentina el gremio está creciendo, tanto que hay una colecta de firmas para que profesionales de la danza tengan algún día su jubilación.