La vida es un ratito
La vida es un ratito, hermano, hermana. Un parpadeo del sol entre dos montañas. Y sin embargo, cuántas veces vivimos como si tuviéramos mil vidas por delante, dejando para después lo que merece ser vivido hoy.
Mi abuela solía decir que cada persona que cruza tu sendero es un fuego que se enciende junto al tuyo por un tiempo. A veces ese fuego arde contigo un instante, apenas para calentarte una noche fría. Otras veces camina a tu lado durante años, compartiendo agua en la sequía y sombra en el mediodía más duro. Pero ningún fuego arde para siempre. Esa es la ley de la tierra, y no hay tristeza verdadera en aceptarla, solo sabiduría.
Por eso te digo esto: honra a quienes caminan contigo. No esperes a que el río se seque para agradecer su agua. No esperes a que el invierno llegue para valorar el calor que tuviste en el fuego compartido. Mira ahora, con los ojos bien abiertos, a quienes están a tu lado, y déjales saber que su presencia importa.
Así que hoy, antes de que el sol se oculte tras la montaña, toma un momento. Piensa en quienes han caminado este pequeño viaje contigo. Y si puedes, díselo. No dejes que el silencio guarde lo que el corazón quiere decir.
La vida es un ratito. Que el tuyo esté lleno de gratitud.





