¿Sabes cuál es la única religión que jamás divide a nadie?

Un día alguien me preguntó cuál era mi fe, mi camino, mi templo. Y la respuesta llegó desde un lugar muy profundo, más allá de las palabras.

No hay un solo río que llegue al océano. Hay miles. Todos diferentes, todos sagrados, todos necesarios.

Así es el espíritu humano. Cada quien encuentra su propio sendero hacia la luz: la oración, el silencio, la naturaleza, el amor entregado sin condición. Ninguno es más verdadero que otro.

Lo que importa no es el nombre que le pongamos al camino… sino que caminemos con el corazón encendido.

Cuando caminamos con el corazón abierto, cada sendero se vuelve sagrado. El camino del guerrero que enfrenta su miedo. El camino de la madre que entrega su amor sin condición. El camino del anciano que comparte su sabiduría junto al fuego. Todos conducen al mismo lugar: la luz que ya habita dentro de nosotros.

No necesitamos un solo nombre para lo divino. Necesitamos los ojos abiertos para reconocerlo en el amanecer, en el abrazo sincero, en el silencio de la meditación bajo las estrellas. La Pachamama no juzga qué camino tomamos para regresar a ella; solo espera, paciente, con los brazos de tierra abiertos.

Así que hermano, hermana: camina tu sendero sin miedo. Que sea el de la oración, el de la naturaleza, el del servicio a otros, o el del simple silencio. Todos, si se caminan con amor, nos llevan al mismo destino: la luz que somos.


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