Tarek y las águilas
Un general muy estricto y cruel, usaba a sus águilas grandes y fuertes que estaban entrenadas para castigar a las personas que cometían errores. Las águilas eran muy peligrosas y atacaban sin piedad.
Un día, Tarek, uno de los ayudantes del general, cometió un error. El general se enojó mucho y dijo que al siguiente día Tarek sería lanzado a las águilas.
Tarek le pidió al general:
—Por favor, dame diez días más antes de que me lancen a las águilas. Solo quiero pasar esos días conociendo a quienes acabarán conmigo, eso me angustiará menos, se lo suplico.
El general aceptó.
Durante esos diez días, Tarek cuidó bien de las águilas, les hablaba, les dio de comer, limpió su jaula y las trató con mucho cuidado y sobre todo respeto. Poco a poco, las águilas empezaron a confiar en él, incluso las acariciaba y hacía pequeños masajes que las aves adoraban.
Llegó el día de la sentencia. Todos esperaban que las águilas atacaran a Tarek. Pero cuando el general dio la orden, las águilas no lo atacaron. En cambio, se quedaron a su lado y una hasta se posó en su hombro.
El general, sorprendido, preguntó:
—¿Por qué no atacaron mis águilas? ¿qué está pasando?
Tarek respondió:
—Yo cuidé de ellas solo diez días y ellas no lo olvidaron.
Pero yo trabajé para usted muchos años y usted quiso acabar conmigo por un solo error.
El general bajó la cabeza, sin saber qué decir.
Muchas veces pensamos que las personas solo valen por lo que hacen bien, por sus éxitos o por la imagen que muestran. Pero la realidad es otra. Todos cometemos errores. Todos tenemos momentos difíciles.
Lo importante no es no caer nunca, sino cómo nos levantamos y cómo nos tratan cuando caemos.
Tarek nos enseña que la lealtad, el respeto y el cuidado son las cosas que realmente marcan la diferencia. Él cuidó de las águilas, incluso cuando sabía que su destino era estar con ellas en castigo. Y ellas le respondieron con confianza, porque fueron respetadas y devolvieron el mismo respeto.


