Un hijo no es un proyecto personal

No es una extensión de nuestros deseos, ni la respuesta a lo que nos faltó.

No llega para cumplir expectativas, sanar heridas o darle propósito a nuestra historia.

Un hijo es una vida única que decide florecer en nuestras manos.

Un alma con su propio rumbo, su voz, sus preguntas y sus pasiones.

No nos pertenece, pero nos elige por un tiempo para caminar juntos.

Nuestra misión no es moldearlo a nuestra imagen, sino mirar con humildad quién es y sostener ese descubrimiento con respeto y presencia.

Ser tierra fértil, no jaula; ser impulso, no cadena.

No le pediremos que cargue con lo que nos duele ni que se convierta en lo que no fuimos.

No le entregaremos nuestras culpas como herencia ni nuestros miedos como advertencia.

Le enseñaremos que el amor no exige sacrificios, que la libertad y el vínculo pueden caminar de la mano, y que nadie está obligado a permanecer donde no puede ser.

Hijo, hija:

Eres libre desde el origen.

Libre de quedarte o partir, de ser quien viniste a ser y no lo que yo esperaba.

Mi amor te acompaña, pero no te ata.

Mi amor no espera que me salves, solo que vivas.


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