Perseverancia e ingenio
Hubo una vez una gran sequía. Un cuervo sediento vio una jarra, pero su pico no alcanzaba el agua.
—¡No puede ser! Moriré de sed si no encuentro la forma de beber.
El cuervo metió aún más el pico y zarandeó la jarra, pero nada. Entonces metió la pata con la idea de mojarla y poder lamer alguna gota, pero su pata también era demasiado corta.
A punto estaba de tirar la toalla cuando tuvo una idea. Durante una hora estuvo el cuervo metiendo piedras en aquella jarra. Era un trabajo lento y pesado, pero al final obtuvo su recompensa. Gracias a las piedras, el agua subió hasta el borde de la jarra y el cuervo pudo saciar su sed.
A veces sentimos que todo está en contra, que ya intentamos de todo y que no queda nada por hacer. Pero es justo en ese momento cuando necesitamos detenernos, pensar diferente y buscar una solución con paciencia.
El cuervo no tenía fuerza, ni ayuda. Solo tenía su ingenio, su voluntad y una meta clara: no rendirse.
Porque a veces no se trata de hacer algo grande de golpe, sino de dar pequeños pasos, una piedra a la vez.
La perseverancia y la creatividad pueden abrir caminos donde parecía que no había ninguno.


