No eduques desde el miedo
“¿Qué parte no entiendes? ¡Haz lo que te digo ya!”
Le grité otra vez a mi hijo. Fue ese tono cortante que uso cuando ya no puedo más.
Mi hijo me miró…y no lloró. Solo bajó la cabeza. Se fue sin decir nada. Y no volvió en toda la tarde.
Cuando lo fui a buscar, estaba sentado en su cama, abrazando su peluche. No me miró. Solo dijo bajito: “No quiero que te enojes conmigo”.
No supe qué responder. Porque en el fondo, yo tampoco quería gritarle. Pero lo hice. Otra vez.
Y ahí me cayó todo encima. No me tiene respeto. Me tiene miedo.
Y eso no era lo que quería. Yo solo quería que entienda. Que me haga caso. Pero no así. No quiero seguir educando desde el miedo. No quiero que mi hijo piense que equivocarse es peligroso.
Así que voy a aprender a respirar antes de reaccionar.
A escuchar antes de corregir.
A hablarle como me hubiera gustado que me hablaran a mí.
No va a ser fácil. Pero es posible. Algo tiene que cambiar. Y empieza por mí. Tal vez por ti también.


