Hablar cuando es necesario
En un tren de Francia, a finales del siglo XIX, viajaban dos personas: un anciano de unos 75 años leyendo una Biblia, y un joven universitario concentrado en un libro de ciencias.
El joven, al notar lo que leía el hombre, sonrió con cierta burla y le dijo:
— ¿Usted todavía cree en ese libro lleno de cuentos y fábulas?
— Claro que sí —respondió el anciano—. Es la Palabra de Dios.
— ¿No ha leído sobre ciencia o historia? La religión quedó en el pasado.
— Así vería como la Revolución Francesa, ocurrida hace más de 100 años, mostró la miopía, la estupidez y las mentiras de la religión. Sólo personas sin cultura o fanáticas, todavía creen en esas tonterías. Usted señor debería conocer un poco más lo que dicen los Científicos de esas cosas...
El anciano lo miró con paciencia y preguntó:
— ¿Y todos los científicos piensan como tú?
— Bueno, los que están realmente informados, sí.
Debería leer más historia, más biología, más ciencia real.
Entendería que esas ideas religiosas están llenas de contradicciones y fantasía.
— Interesante —respondió el anciano con una sonrisa amable.
El joven se sintió confiado. Cerró su libro y le dijo:
— Si me da su tarjeta, con gusto le envío algunos textos más actualizados.
Estoy seguro de que le ayudarán a comprender lo que verdaderamente importa.
El anciano, sin apuro, abrió el bolsillo de su abrigo, sacó una tarjeta y se la entregó.
El joven la tomó con seguridad... pero al leerla, su expresión cambió.
Se quedó en silencio.
La mirada baja.
La voz apagada.
La tarjeta decía:
Doctor Louis Pasteur
Director General del Instituto Nacional de Investigaciones Científicas – Universidad Nacional de Francia
Y al reverso, una frase:
"Un poco de ciencia nos aparta de Dios.


