Las palabras tienen poder

A veces, una sola frase cambia el rumbo de alguien.

Hace unos años, trabajaba con una señora que siempre llegaba puntual, hacía su trabajo en silencio y nunca se metía con nadie. Muchos ni sabían su nombre. Un día, una compañera nueva —sin conocerla— se burló en voz alta de cómo vestía:

—Ay no, ¿a poco sí viene así todos los días? Parece que salió corriendo del tendedero…

La mayoría soltó la risa.

Menos yo.

Menos ella.

La señora no dijo nada. Solo bajó la cabeza, guardó sus cosas y se fue antes de terminar su turno.

Al día siguiente, ya no volvió.

La jefa nos dijo que había renunciado.

Después nos enteramos que llevaba semanas lidiando con una separación, que tenía a su hija enferma, y que su trabajo era lo único que la mantenía de pie.

Una sola frase.

Una burla dicha “de broma”.

Y todo se derrumbó.

Desde ese día entendí algo:

Las palabras no se las lleva el viento.

Se quedan.

Lastiman.

Y a veces, dejan huellas que ni los años pueden borrar.

Moraleja: No sabemos qué está atravesando la persona de al lado. Así que, si no vas a decir algo bueno, mejor no digas nada. Porque las palabras tienen poder: o levantan… o destruyen.


Más del autor
Tema del día
Tema del día