Patrick Stewart y el legado perdurable de Shakespeare

La carrera de 60 años de Stewart demuestra que las verdades humanas —tan cuidadosamente retratadas por Shakespeare— no solo no caducan, sino que permanecen latentes y profundamente útiles para el tiempo presente

Patrick Stewart falleció el 28 de octubre de 2026, a la edad de 86 años, tras una breve y personal batalla contra el Alzheimer y la demencia con cuerpos de Lewy. Estuvo rodeado de su esposa, su familia y sus amigos. Stewart provino de una infancia empobrecida en Mirfield, Yorkshire, donde su familia vivía sin agua corriente y dependía de una letrina comunal. Tuvo que despojarse de su dialecto nativo de Yorkshire para dominar el inglés de la Reina antes de ascender a los más altos escalones del teatro clásico británico y, finalmente, de Hollywood.

Sin embargo, antes de ser reconocido globalmente por sus famosos roles contemporáneos —como el Capitán Jean-Luc Picard en Star Trek, el Profesor Charles Xavier en las películas de X-Men, o el Capitán Ahab en la miniserie de televisión Moby Dick—, Stewart fue Otelo, Macbeth, el Rey Claudio, Shylock, Antonio y muchos otros personajes shakesperianos. Stewart se unió a la Royal Shakespeare Company (RSC) en 1966, a los 26 años, y actuó en más de 60 producciones en sus primeras dos décadas como Artista Asociado de la RSC. Significativamente, muchas de sus actuaciones le valieron el reconocimiento internacional y permitieron que las obras del Bardo se vieran bajo luces completamente nuevas mediante audaces adaptaciones —convirtiendo a Macbeth en un dictador militar estalinista, o a Otelo en un personaje no-afro en una sociedad totalmente afro, por nombrar un par. Esta vasta experiencia shakesperiana —el tono y la entonación vocal, la completa encarnación del personaje y el magistral lenguaje corporal— se transfirió luego a sus papeles en grandes superproducciones. Junto a colegas de la RSC como Sir Ian McKellen y Judi Dench, llevó el método shakesperiano al cine y la televisión, convirtiendo al Profesor X y a Magneto en personajes épicos tan profundos como Bruto y César, o el Rey Lear y Gloucester, mientras canalizaba a la perfección los soliloquios y la retórica de Hamlet en la resolución de problemas y las profundas reflexiones filosóficas del Capitán Picard, que se convirtieron en un rasgo definitorio de Star Trek: La Nueva Generación.

Durante los confinamientos de la pandemia de 2020, Stewart democratizó aún más a Shakespeare. No solo leyó un soneto al día para una audiencia global igualmente aislada como el Fray Juan de Romeo y Julieta, sino que lo hizo con ropa normal, cotidiana, utilizando una plataforma gratuita, global y amigable para los jóvenes: YouTube. Durante 154 días consecutivos, Stewart leyó los 154 sonetos de Shakespeare, día tras día. Este ritual diario reconectó a audiencias aisladas, revitalizó las obras del Bardo y las acercó al estilo, el lenguaje y los recursos emocionales de Shakespeare. Estas lecturas de sonetos siguen disponibles en YouTube y han inspirado a muchos otros artistas contemporáneos —como el difunto Alan Rickman, Damian Lewis y Laura Carmichael— a hacer sus propias contribuciones leyendo y grabando los soliloquios. El "Soneto al día" de Stewart fue un ejemplo de democratización literaria: despojó al teatro clásico de la capa de elitismo que a menudo se le asocia, demostrando que las palabras de Shakespeare pertenecen a todos, en todos los tiempos.

La carrera de 60 años de Stewart demuestra que las verdades humanas —tan cuidadosamente retratadas por Shakespeare— no solo no caducan, sino que permanecen latentes y profundamente útiles para el tiempo presente. Sirven tanto como mensaje y sustancia, como técnica y oficio para los artistas. Stewart fue un eje vital de conexión entre la literatura y el teatro clásicos, y el cine y la televisión contemporáneos. Su experiencia como artista shakesperiano lo influenció fuertemente, una cualidad visible en todos sus roles contemporáneos.

Quizás el elemento más profundo del legado de Stewart es cómo demostró que el canon shakesperiano no es una pieza de museo estática, sino un organismo vivo que respira y se adapta. A través de sus adaptaciones, destacó la universalidad de los temas de Shakespeare: que una tragedia de hace 400 años sobre un rey escocés resuena con la tiranía del siglo XX, y que las luchas de los mutantes en un universo moderno de historietas reflejan las maquinaciones políticas de la antigua Roma. Al llevar su formación clásica a Star Trek, elevó la ciencia ficción a un medio capaz de indagación filosófica, asegurando que los dilemas morales y éticos del futuro estuvieran enmarcados por el mejor dramaturgo del pasado. Además, su dedicación a compartir estas obras en línea aseguró que su legado no se confine a los archivos teatrales, sino que viva en el ámbito digital, accesible para cualquiera con conexión a internet.

La vida y la obra de Stewart son un testimonio de que el arte, la poesía, la técnica y el oficio —al igual que el amor mismo en el Soneto 116 de Shakespeare— "no se altera con las breves horas y semanas, / sino que persiste hasta el borde del abismo", perdurando a través del tiempo y las generaciones.

*Escritor e Intérprete de Bolivia


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