El Estado después del subsidio
El problema de de una política pública comienza cuando la sociedad aprende a vivir como si la misma nunca fuera a terminar
20 años pasaron en un paraíso de Estado en bonanza económica y de recursos hidrocarburíferos. Incluso, el Estado se dio el gusto de ofrecerle una vida relativamente barata a la ciudadanía por medio de subvenciones en diversos ámbitos. Ahora, tras 20 años de auge, nos hundimos en el sueño del pasado. La realidad política obligó a Bolivia a despertar del paraíso de la bonanza de la estabilidad a la crisis de la escasez.
El diésel pasó de 9,80 Bs a 17,95 Bs por litro. El Ejecutivo presentó esta subida como parte de un proceso de ordenamiento económico y rescate de emergencia frente a la crisis.
Sin embargo, esta situación conlleva a una pregunta: ¿Qué implica realmente para el Estado abandonar una política económica que no solo redujo el precio de los carburantes, sino que también moldeó la cultura política del país?
Durante años, los subsidios que recibió la ciudadanía hicieron que la misma experimentara determinados precios como la normalidad. Al asumir el Estado los precios reales del sistema internacional, transmitía a la ciudadanía un precio artificialmente inferior, terminando incorporándose esa expectativa como la normalidad en el país. Las políticas públicas no solo administran la realidad; también produjeron una nueva realidad social frente a la ciudadanía. La institución comenzó a convertirse en una institución práctica, incorporándose a las prácticas sociales y expectativas colectivas.
Aunque inicialmente el subsidio se originó para proteger a la ciudadanía, con el tiempo esta medida conllevó a que otras determinadas actividades dependieran de la continuidad de la protección del subsidio, generando una dependencia. Esta dependencia generó una expectativa constante y profunda en una situación cómoda. Un Estado que se hace ver como el padre proveedor de la sociedad genera expectativas económicas: determinados precios deben mantenerse bajos; expectativa política: el Estado debía absorber el costo de las crisis; y una expectativa institucional: se esperaba una intervención estatal ante cualquier desbalance económico. El problema inició cuando lo que originalmente era una política pública se convirtió en un elemento, un derecho adquirido.
El subsidio, bajo este foco de análisis, fue diseñado para una determinada realidad económica. Pero cuando esa realidad es eliminada, mantener intacta la política puede generar una contradicción entre la institución y las condiciones materiales que originalmente la sustentaban. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el Estado deja el subsidio? El Estado después del subsidio cambia la forma mediante la cual ejerce su función económica y social. El Estado, al abandonar la anterior lógica subsidiaria, cambió sustancialmente la forma bajo la cual el mismo opera no solo en la economía, sino también en la sociedad, haciendo que la sociedad se enfrente a una realidad económica más directamente determinada por los costos reales del mercado internacional.
El retirar el subsidio no significa solucionar el problema que lo originó. El problema recae en las condiciones bajo las cuales se retira el subsidio que fue asimilado por la población durante años. No basta con simplemente retirar un subsidio que fue asimilado durante años; también es necesario considerar las condiciones bajo las cuales se realiza este cambio. El Estado, tras este cambio, adquiere una nueva forma de relación con la sociedad. El retiro del subsidio obliga a redefinir lo que se espera del Estado, qué puede intervenir realmente el Estado o qué políticas puede producir o intervenir.
Ello nos lleva a entender que una política pública puede sobrevivir jurídicamente incluso mucho después de que hayan desaparecido las condiciones económicas que la hicieron posible. La política del subsidio desapareció, pero la cultura política que engendró no desapareció con ello. Cuando ello ocurre, la contradicción ya no se encuentra solamente entre el Estado y la sociedad, sino entre una institución construida en el pasado y una realidad que exige ser superada.
El nuevo desafío del Estado ya no es retirar simplemente la política del subsidio, sino generar las condiciones necesarias para llevar a cabo el cambio y llevarlo a su superación sin trasladar de manera abrupta todo el costo del cambio hacia la sociedad. No significa dejar de proteger, sino construir una sociedad que pueda necesitar cada vez menos protección.





