Café boliviano: de producto agrícola a estrategia de internacionalización

Hablar del café boliviano es hablar de una oportunidad que todavía no ha sido aprovechada en toda su dimensión. Bolivia cuenta con condiciones para producir café en distintas regiones del país y, aunque su producción no puede compararse en volumen con la de grandes productores como Brasil, Vietnam o Colombia, existe una alternativa que considero más realista: competir internacionalmente mediante calidad, diferenciación, origen y valor agregado.

De acuerdo con el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Bolivia cultivó más de 25.000 hectáreas de café en 2023 y alcanzó una producción superior a 23.600 toneladas. La producción se concentró principalmente en La Paz, que representó aproximadamente el 96% de la superficie cultivada, mientras Santa Cruz representó alrededor del 2,5%. En materia de comercio exterior, durante 2024 Bolivia exportó casi 2.500 toneladas de café por más de US$15 millones. Sin embargo, aproximadamente el 99% de las exportaciones correspondió a café sin tostar y sin descafeinar.

Estos datos muestran una situación interesante: Bolivia ya exporta café, pero todavía existe un espacio importante para avanzar hacia una mayor transformación y diferenciación del producto. Exportar principalmente materia prima limita la posibilidad de capturar una mayor proporción del valor generado en la cadena. Por ello, considero que la discusión no debería centrarse únicamente en cuánto café puede producir Bolivia, sino en cuánto valor puede generar a partir del café que produce.

En este contexto, Samaipata, en el departamento de Santa Cruz, representa un caso particularmente interesante. Su importancia no radica en ser el principal territorio productor de café del país, sino en su potencial para desarrollar una identidad territorial vinculada a un café diferenciado. Las características de la región pueden ser aprovechadas para construir una oferta basada en origen, calidad, trazabilidad y procesos productivos específicos.

Esto permite pensar en el café de Samaipata no simplemente como un producto agrícola, sino como un producto con identidad territorial. Un café identificado por su origen puede incorporar elementos como variedad, altitud, proceso de beneficio, características sensoriales y prácticas de producción. La diferenciación, sin embargo, debe estar respaldada por calidad verificable y trazabilidad; no basta con colocar el nombre de Samaipata en un empaque.

Esta perspectiva adquiere mayor importancia cuando observamos el mercado internacional. El IBCE señala que existe una demanda creciente por cafés especiales, orgánicos, con denominación de origen y de comercio justo, y plantea para Bolivia una oportunidad en nichos de mayor valor. Al mismo tiempo, identifica la necesidad de fortalecer la tecnología poscosecha, la promoción internacional y las organizaciones de productores para garantizar trazabilidad y sostenibilidad.

Por tanto, Bolivia no necesita competir directamente con Brasil por volumen. Los datos internacionales muestran la enorme diferencia de escala: en 2024 Brasil exportó alrededor de 2,87 millones de toneladas de café, frente a las casi 2.500 toneladas exportadas por Bolivia. La estrategia boliviana tendría que ser diferente: producir lotes de calidad, mejorar los procesos poscosecha, desarrollar marcas de origen y aumentar progresivamente la transformación nacional.

En este punto aparece también la dimensión de la integración regional. Para un productor boliviano, el MERCOSUR constituye un espacio que merece ser considerado dentro de una estrategia de internacionalización. Bolivia mantiene con los Estados miembros el Acuerdo de Complementación Económica N.º 36 (ACE 36), cuyo objetivo fue establecer un área de libre comercio mediante desgravaciones arancelarias y normas de origen.

El régimen de origen es particularmente relevante porque el acceso preferencial no depende solamente de que el producto sea exportado desde Bolivia. El productor debe demostrar que la mercancía cumple las condiciones de origen establecidas en el acuerdo correspondiente. El régimen vigente del MERCOSUR reconoce además los materiales originarios de Bolivia conforme al ACE 36 bajo determinadas condiciones.

Por ello, si se plantea al MERCOSUR como mercado regional para el café de Samaipata, la ventaja comercial no debería entenderse únicamente como la existencia de un mercado cercano. También debe considerarse el marco preferencial establecido entre Bolivia y MERCOSUR mediante el ACE 36. Esto puede facilitar el acceso comercial, siempre que el exportador cumpla las condiciones correspondientes.

Sin embargo, el acceso al mercado no garantiza por sí mismo el éxito de una exportación. La principal dificultad sería mantener una calidad constante y construir una oferta capaz de competir en un mercado donde también existen grandes productores de café. Para un café de especialidad, un comprador internacional necesita previsibilidad: calidad, volumen disponible, trazabilidad, cumplimiento de plazos y documentación adecuada.

Aquí considero que la organización de los productores puede convertirse en un elemento fundamental. Los pequeños productores pueden enfrentar dificultades para reunir volúmenes suficientes, invertir en tecnología poscosecha o asumir individualmente los costos de certificación y comercialización internacional. La asociatividad permitiría compartir procesos, mejorar la capacidad de negociación y construir una oferta exportable más consistente.

La sostenibilidad también debe formar parte de esta estrategia desde el inicio. No debería utilizarse únicamente como una herramienta de marketing para ingresar a mercados internacionales. Una verdadera estrategia sostenible debería incorporar buenas prácticas agrícolas, manejo responsable del agua y del suelo, trazabilidad, conservación de ecosistemas y condiciones económicas adecuadas para los productores. El propio IBCE vincula el potencial exportador del café boliviano con la generación de empleo, la conservación de bosques y el fortalecimiento de las organizaciones productoras.

El caso del café permite observar que la internacionalización de un producto no depende únicamente de producir más. También requiere comprender los mecanismos de integración, identificar mercados, conocer las reglas de origen, desarrollar capacidades productivas y construir una estrategia comercial coherente.

Por ello, el desafío del café boliviano no debería ser solamente llegar a más mercados, sino llegar con un producto diferente. En el caso de Samaipata, esto podría significar construir una propuesta alrededor del concepto de café de especialidad con identidad territorial boliviana, respaldada por calidad, trazabilidad y sostenibilidad.

Bolivia ya tiene un producto que exportar. El siguiente paso debería ser convertir ese producto en una propuesta de mayor valor. El café de Samaipata puede ser un ejemplo de cómo una producción local puede conectarse con la integración regional y los mercados internacionales sin intentar competir únicamente por volumen, sino mediante aquello que puede hacerlo reconocible: su origen, su calidad y el valor que genera en su territorio.

 


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