Corredor humanitario sudamericano: el papel de Bolivia frente a la migración venezolana

En la última década, la región latinoamericana ha sido testigo de masivos flujos migratorios provenientes de diferentes países. Estos grupos se caracterizan primordialmente por los éxodos migratorios de Venezuela desde 2015, motivados por la situación política, económica y social; seguido por los grupos migratorios del Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador), impulsados por la pobreza extrema, la falta de oportunidades laborales y la violencia generalizada por grupos de crimen organizado; y por los grupos migratorios de México, Cuba, Haití, Colombia y Perú, causados por la falta de acceso laboral, crisis de seguridad, inestabilidad política y desastres naturales.

Latinoamérica, una región en pleno desarrollo, hoy en día enfrenta una de las problemáticas de escala mundial más importantes. La migración voluntaria, caracterizada por la decisión propia de migrar, ha sido una de las más frecuentes, motivada por la búsqueda de satisfacer necesidades personales de los migrantes, tales como progreso económico, educativo y social. Por otro lado, la migración forzosa ha sido una decisión que algunos habitantes de países como Honduras, Guatemala y El Salvador han tomado debido a factores internos, como la inseguridad y la pobreza extrema, buscando mejores condiciones de vida.

La migración que se enfatiza en este artículo de opinión es la migración venezolana, que ha involucrado alrededor de 8.7 millones de personas refugiadas y migrantes en todo el mundo, caracterizándola como una de las mayores crisis migratorias globales, según la BBC. Más del 85% de estos migrantes se encuentran en América Latina y el Caribe, siendo Colombia, Perú, Chile, Brasil y Ecuador los principales países que los acogen debido a la cercanía de sus fronteras.

Los acontecimientos recientes en Venezuela han generado que algunos migrantes consideren regresar a su país. La mayoría de ellos, como se mencionó anteriormente, se encuentran en las costas del Pacífico. Esto abre la necesidad de repensar este fenómeno regional y considerar la coordinación de corredores migratorios humanitarios, donde Bolivia podría jugar un rol importante de liderazgo, planteando la pregunta: ¿puede Bolivia convertirse en un eje humanitario efectivo entre Brasil y el Cono Sur?

El rol estratégico de Bolivia

Con el nuevo gobierno del presidente Paz Pereira, Bolivia ha establecido un lineamiento de acción exterior enfocado en la integración regional, el trabajo conjunto con países de la región y la reactivación de su liderazgo innato, gracias a su posición geográfica central en Sudamérica.

Las limitaciones de Bolivia son variadas, entre ellas las más importantes son la capacidad de negociar con otros Estados, la crisis política y económica interna y su enfoque en atender asuntos domésticos. Si bien la Cancillería ha trabajado junto a la Presidencia en una agenda internacional, el enfoque principal ha sido la resolución de conflictos internos y la consolidación de la capacidad de liderazgo y la credibilidad internacional generada en los proyectos regionales recientes.

Uno de los senderos que recorren los migrantes venezolanos para regresar a su país es diverso: la ruta de los Andes, que abarca toda la costa del Pacífico, y la ruta del Cono Sur, que pasa por Brasil. En ambos casos, Bolivia juega un rol de conexión estratégico, ya que conecta de extremo a extremo la región e incluso ofrece la ruta más cercana para llegar a Venezuela: la ruta Bolivia-Brasil-Venezuela, que suele ser más segura, directa y eficiente para los migrantes.

Bolivia es un país de tránsito que ha albergado entre 15.000 y 18.000 personas, quienes luego han partido hacia otros destinos en la región. Las principales ciudades de tránsito han sido La Paz, Santa Cruz y Cochabamba.

Los antecedentes muestran que Bolivia ha participado de manera limitada en el plan de respuesta regional R4V, que incluye transporte humanitario, protección y educación. Esta propuesta fue impulsada por la ONU, pero, como se ha evidenciado, tuvo resultados limitados en Latinoamérica. La razón es clara: durante la última década, la región se ha centrado en discursos sobre multilateralismo y cooperación regional, enfocados en cuestiones políticas o protocolos, dejando de lado acciones concretas y coordinaciones efectivas, así como una integración real.

Un corredor humanitario sudamericano: propuesta

Bolivia debería ejercer liderazgo regional mediante actividades conjuntas, empezando por impulsar el corredor migratorio con el apoyo de la región y de aliados estratégicos. Para esto propongo lo siguiente, aplicando instrumentos de política exterior (negociación y diálogo) y mecanismos de negociación (diálogo bilateral, mesas de negociación y firma de acuerdos de entendimiento):

·       Fortalecer la cooperación bilateral y multilateral con los países de la región mediante el uso de la diplomacia y tratados internacionales para impulsar el corredor humanitario, primordialmente con los países que albergan migrantes en el Cono Sur y en las costas del Pacífico.

·       Realizar negociaciones con Estados estratégicos para alcanzar acuerdos concretos sobre libre tránsito en el bloque, memorandos de entendimiento en materia de derechos humanos para proteger a los migrantes, protocolos de seguridad y planes estratégicos con organismos internacionales y regionales.

·       Mejorar rutas regulares y seguras con el apoyo de la ONU, OIM, ACNUR y los gobiernos de cada país.

·       Promover la integración socioeconómica local para migrantes en Bolivia.

·       Fortalecer la integración en MERCOSUR (Cono Sur) y en la CAN (costas del Pacífico) para una coordinación efectiva de este corredor dentro del marco de integración regional.

·       Impulsar políticas compartidas de protección, refugio y derechos humanos.

·       Liderar la implementación del plan estratégico del corredor migratorio humanitario en la región.

Esta propuesta, aunque visionaria, debe considerar limitaciones existentes. Tomando en cuenta el R4V, algunos obstáculos pueden ser: resistencia de países vecinos a participar, impacto de políticas externas, inestabilidad política en la región y falta de financiamiento. Por ello, se debe trazar un plan estratégico con un enfoque temporal claro, priorizando la ejecución del corredor humanitario y dejando de lado problemáticas internas.

Oportunidad para liderazgo regional

La historia nos muestra que las crisis también pueden convertirse en oportunidades. Bolivia tiene la capacidad de transformar el tránsito de migrantes en un ejemplo de cooperación, solidaridad y liderazgo regional. Si logra coordinar esfuerzos con sus vecinos y organismos internacionales, no solo estaría ayudando a miles de personas en necesidad, sino que también estaría reafirmando su credibilidad y prestigio en América Latina.

Bolivia tiene el potencial de recuperar su liderazgo regional al proteger los derechos humanos de los migrantes venezolanos y promover la integración en Sudamérica. Para lograrlo, su política exterior debe alinearse con el fortalecimiento regional y con un plan estratégico que aproveche su posición geográfica como eje humanitario. La colaboración entre países fronterizos y organismos internacionales será clave para la implementación efectiva de este plan. Además, consolidar la estabilidad interna y reforzar una política exterior centrada en el liderazgo aumentará la credibilidad y confianza de Bolivia como referente humanitario en la región.

Bolivia, con visión y acción, puede ser más que un país de tránsito; puede ser el corazón humanitario de Sudamérica


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