Pasear, comer, leer en clave amazónica
Nada mejor que alejarse de la Plaza Murillo para otra travesía por las orillas del país. Esta vez hacia el noroeste, la provincia Vaca Díez de mi amado Beni y la provincia Madre de Dios del pujante Pando. Mientras el avión de ECOJET sobrevuela la floresta es imposible dejar de observar ese infinito manto verde que se extiende sin horizonte; mejor en este día de sol y cielos limpios.
Apenas se toca Riberalta acaricia la hospitalidad. Los benianos gustan de compartir su pan, su vivienda, sus conversaciones, sus risas. Es fácil sentirse en casa. La familia de la historiadora Pilar Gamarra es la anfitriona de las intensas jornadas.
El recorrido por la ciudad fundada en 1894 no alcanza para reconocer todos los tesoros escondidos de su arquitectura. La confluencia de los ríos Madre de Dios y Beni en la Barranca Colorada fueron las primeras imágenes que describía tío Adolfo Rodríguez Castedo. Muchas veces volví por trabajo. Con Ton de Wit festejamos el cumpleaños de su amada brindando con vino blanco frío y arenques, mientras el barco recorría las aguas. Los restos de las casas centenarias son el sello cosmopolita que acompañó a la antigua Ribera Alta. El paseo incluye la famosa Casa Suárez, la antigua sede de la Casa Braillard, la Casa Seyler, la Casa España, la plaza con la fundacional Cruz Blanca. En el puerto está anclada la patriótica Lancha Tahuamanu.
La plaza principal recuerda a Antonio Vaca Diez (1849-1897), el visionario médico, periodista y empresario de la goma y al científico Juan de Dios Martínez (1851). Un tercer busto para Manuel Vicente Ballivián (1848-1921), uno de los andinos que visibilizó la Amazonía en los afanes del estado boliviano para ampliar al país hacia el norte. Otro monumento recuerda al héroe nacional Nicolás Suárez Callaú (1851-1940).
La catedral, consagrada a la Virgen del Carmen es preciosa, engalanada con lienzos de la Pasión ejecutados con la maestría de Ejti Stih (su Magdalena debe ser la más hermosa de este siglo).
En una vereda asoma el Club Progreso (1919), uno de los clubes sociales de la ciudad, en el terreno cedido por el empresario Miguel Durán Aponte. En la casa de sus descendientes funciona el emblemático Hotel Colonial, un ejemplo mítico del esplendor en la época de la goma.
Es un paseo obligado Tumichucua, a 20 kilómetros, para bañarse en la laguna, pescar, almorzar, caminar por la antigua sede del Instituto Lingüístico de Verano. En el camino se divisan estancias ganaderas, sembradíos; nuevas familias ricas llegadas desde Cochabamba.
El viaje a Cachuela Esperanza es más corto y fácil que hace unos años, sobre todo en esta época seca. Merece un artículo aparte. Hay guías con formación académica, algunos de lujo como José Luis Durán, biógrafo de Suárez, el magnate industrial gomero y Juan Carlos Crespo, director del Palacio de la Cultura de Guayaramerín. El rugido del río es una experiencia irrepetible.
Casa, iglesia, correo, teatro, que construyó Nicolás Suárez. Cachuela debería ser de visita obligada para todos los bachilleres del país, para aprender historia in situ y conocer la valentía y osadía de hombres y mujeres del norte boliviano.
La fortaleza Victoria en la comunidad Las Piedras, en el municipio Gonzalo Moreno, a un kilómetro de la otra banda del río Beni, provincia Madre de Dios de Pando, es otra muestra del desarrollo cultural de las poblaciones amazónicas y su relación con los andinos. En pleno bosque están 10 hectáreas con restos arqueológicos. Un capítulo para desarrollar en otro artículo.
La gastronomía beniana mantiene su impulso y sus insumos han hecho ganar premios a las propuestas de Gustu y Arami. La carne beniana sigue sabrosa: el pacumutu, los churrascos. Es tradicional el sancocho con gallina criolla, las salteñas en la casona de los Bowles, las empanadas de carne o de pollo. Existen muchas formas para preparar el pintado, dorado, paiche, entre ellas envuelto en hojas, a la leña, “dunucuavi”; arroz graneado o con queso; plátano frito, verde, patacón, almondrote (aplastado). Hay menús con castañas asadas (la estrella de las exportaciones benianas). Jugos de carambola, maracuyá, mocochinchi, frutas de temporada, coco, caña, chivé. Panes industriales y caseros, calentitos, mermeladas de toronja. El chef Juan Carlos Rivera presentó un platillo de categoría internacional con puro ingrediente beniano, salvo el queso azul.
Existen más de 10 colectivos culturales y la Pascana Cultural para alentar esas actividades. Me regalaron una docena de libros de autores que se presentarán en la primera feria del libro en octubre: historia, literatura, antropología, arqueología, sociología, medio ambiente, botánica, biología, poesía. El directorio de la Casa de la Cultura acelera la construcción de una gran infraestructura en cuatro hectáreas.
Hay mucho y falta mucho. La propuesta es incluir a Riberalta en los circuitos de rutas de la goma, de la castaña, del chocolate, la navegación fluvial, las aventuras en el bosque, la pesca deportiva. Están empeñados en invitar a sus pares de Toro Toro, de Roboré, de Rurrenabaque y combinar con los grandes operadores de Uyuni para aprovechar experiencias y difundir al mundo este pulmón planetario.


