La falsa conciencia de la libertad electoral
¿Por qué una victoria electoral puede ocultar una crisis de legitimidad?
En mayo de 2026, sectores sindicales, indígenas y campesinos manifestaron su descontento con el nuevo gobierno de Rodrigo Paz por medio de protestas y bloqueos a nivel nacional. No obstante, la rapidez con la que emergió el descontento, plantea una pregunta incómoda. ¿Existía una plena identificación entre los electores y el gobierno?
En el planteamiento politológico de la legitimidad, existe una diferencia fundamental entre dos conceptos de legitimidad. Por un lado, la legitimidad legal, basada en el sistema procedimental del voto y otorgada por el Estado por medio de su aparato electoral. Por otro lado, la legitimidad social. Siendo entendida como el grado de identificación que los ciudadanos desarrollan respecto a una autoridad. Esta misma requiere que el elector se sienta identificado con el gobernante. Sin embargo, aunque la legitimidad tenga muchas perspectivas, es de vital importancia entender que la legitimidad social y legal, no siempre coinciden. El Estado solo legitima el voto de un ciudadano que puede o no sentirse identificado después de haber aislado opciones con las cuales el electorado puede haberse sentido más identificado o no. El voto en esencia, solo es la energía política que activa la maquinaria electoral, pero sin la coincidencia entre legitimidad social y la legitimidad legal, pueden surgir fenómenos de enajenación electoral. Por ende, el estallido del descontento solo es cuestión de tiempo.
Este fenómeno en el cual el voto ejercido esta enajenado, es decir, no representado la verdadera voluntad del votante, constituye un fenómeno particular relativo a las democracias, llamado la falsa conciencia de la libertad electoral o simplemente falsa conciencia electoral. La falsa conciencia electoral, es un fenómeno político que se muestra como la incompatibilidad entre el voto ejercido y el voto deseado, entendido este como aquel que expresa una identificación política profunda entre el elector y representante. En diferenciación con el desencanto político, donde la identificación existe y luego se rompe por la gestión gubernamental, la falsa conciencia electoral describe una situación donde dicha identificación profunda nunca llegó a existir realmente, aunque el ciudadano creyera haber elegido libremente. Siendo esta una estructura por la cual el voto es legítimo institucionalmente, pero la legitimidad social del votante no se mueve con este. Esta falsa conciencia electoral se vive como la creencia de libertad plena de un ciudadano para ejercer su derecho a voto. No obstante, esta libertad, aunque no desaparece, se encuentra condicionada significativamente por factores externos que el votante no siempre reconoce conscientemente, pudiendo ser estas la propaganda intensa de campañas, imágenes y carisma, narrativa del “mal menor” o desinformación y manipulación. En consecuencia, conlleva al ciudadano a creer que eligió libre y conscientemente, cuando en realidad esa decisión estuvo fuertemente condicionada.
Precisamente, la manifestación de esta falsa conciencia electoral no se hizo esperar en las últimas elecciones. Si bien Paz obtuvo el 54,96% frente al 45,04% de Quiroga (Dw, 2025). Otorgándole de esta manera la ansiada legitimidad legal, ello no necesariamente implicó que existiera una identificación política profunda con el nuevo gobierno. La legitimidad social que obtuvo paz fue frágil y altamente inestable. Los acontecimientos posteriores permiten hipotetizar que dicha legitimidad social del gobierno pudo haber sido más frágil de lo que indicaban los resultados electorales.
Desde esta perspectiva, los conflictos que hoy se vive a nivel nacional, no son casualidad, sino causalidad. Los conflictos, pueden interpretarse como la manifestación tardía de una desconexión previa entre la representación política e identificación social. Independiente de los otros muchos factores causantes, aunque Paz haya ganado legalmente, los acontecimientos actuales plantean dudas sobre la profundidad de su legitimidad social. En cuanto a legitimidad, la legitimidad que otorgo la población pareció ser mucho más relevante que la otorgada por el Estado. Frente a una enajenación de los votantes, la respuesta de muchos fue iniciar movilizaciones frente a un sentimiento de frustración que se hizo presente desde el primer día de elecciones.


