El tire y afloja de nuestra cotidianeidad hasta en el bloqueo
Según la Real Academia Española, la mediocridad es simplemente la «cualidad de mediocre», que, a su vez, se la interpreta desde dos de sus acepciones:
1) de calidad media
2) de poco mérito y tirando a malo
En el lenguaje cotidiano, suele utilizarse como un adjetivo despectivo para referirse a algo o alguien, que no alcanza un nivel de excelencia, que carece de mérito o que se conforma con el mínimo esfuerzo.
De forma arbitraria, prepotente, ilegal, indolente e intolerable: los bolivianos en general; y de forma mucho más aflictiva, impía y cruel, las ciudades de La Paz, El Alto y Oruro, han sido castigadas con duro flagelo del bloqueo, que no se ha compadecido ante angustiosas y terribles circunstancias, como el no poder trasladar a sus enfermos, muchos niños y niñas, que lamentablemente perecieron ante la contemplación atónita de toda la comunidad boliviana, digna de mejor destino y suerte.
La tibia reacción de “mis sentidas condolencias” y “Los culpables serán castigados con todo el rigor de la ley”, por un lado; y la insensatez “Estamos defendiendo los derechos los más pobres”, por el otro, nos coloca ante la interrogante que nos conmueve y duele “¿somos un país mediocre?”, con autoridades de que no son capaces de enfrentar y solucionar los problemas, como se espera de ellos; y ¿qué los “sectores movilizados”?, cuyos dirigentes, al parecer, no encuentran otro camino que no sea “el bloqueo”, fácil método para poner en jaque al gobierno de turno; y seguir así ¿en ese afán maldito de deambular revolcándonos en la mediocridad de unos y otros?.
El término “mediocridad” se asocia estrechamente con la “medianía”, la vulgaridad y la falta de excelencia. La periodista cruceña Jimena Antelo se refirió a la medianía de nuestros gobernantes y líderes de los movimientos sociales, anotando: “en la política y el liderazgo suele usarse de manera crítica para describir a dirigentes que administran la realidad, pero no la transforman. Que reacciona a los acontecimientos, pero rara vez los anticipan”. Por su parte la historiadora, analista y politóloga Sayuri Loza, ha expresado su preocupación, por “la debilidad del gobierno de Rodrigo Paz”, a quien calificó como “alguien que se quiere mucho”, por lo que. se le hace cuesta arriba enfrentar esa agobiante realidad, subida de tono por la tardanza en medio de las crisis y demandas de renuncia por parte de sectores movilizados.
Desde ese ámbito político social, la mediocridad, es “la estira y encoge”, entre la comodidad de las rutinas rutinarias y el esfuerzo necesario para la transformación. El autoengaño y las excusas son los principales aliados de la mediocridad, mientras que la disciplina constante y las decisiones incómodas, son las únicas herramientas para romper este ciclo y mejorar. Se observa una mediana y hasta pasiva actitud, de dejar pasar el tiempo y evitar riesgos, mantener el estatus quo., como que – pasado esto – ¡¡albricias!! Abracadera, todo volvería a la normalidad. No, no va ser así. Sea cual fuere el resultado, el desgaste del gobierno y el de los movimientos sociales es muy grande. Ya nadie les cree; y probablemente no los creará por lo menos en la misma dimensión.
Es evidente, como coinciden los analistas, “la mediocridad también puede protegerse mutuamente mediante alianzas corporativas”. Ambos bandos con la misma miserable intención, mantener sus mezquinas posiciones: “No hay vencidos ni vencedores”. ¡¡Mentira!! Hay perdedores; y muchos todo el pueblo, vanamente sacrificado. Hay vidas que no volverán, vacíos que no se rebosarán nunca, porvenires y sueños, cada vez más lejos, al margen de las cuantiosas pérdidas económicas, que tarde o temprano las todos las tendremos que cargar o mejor, que pagar.
¿Cómo se marcó la mediocridad? En los inicios de mayo, el Gobierno apostó por el desgaste de los bloqueadores. Estos se dijeron, si en enero pudimos, “porque no Ahora”. Los primeros pecaron de ingenuos y los segundos también, unos creyeron en su propia ostentación, “La nueva Bolivia”, los otros, en el eufemismo: “llegó la hora de tomar el poder. ¿Por qué no, la renuncia de Rodrigo Paz? Ni lo uno, ni lo otro. La tibieza y fragilidad de las reacciones y las repetidas “metidas de pata”, del gobierno, se enfrascaron con la dureza, crueldad, e insensatez de los torpes dirigentes de los movimientos sociales, que se quedaran sin soga ni cabra.
Es cierto que el Gobierno tiene más de cuatro años para reconstruir su imagen; y sobre todo para de una vez por todas, enderezar el camino y retornar al que idealizó al momento de la campaña y al asumir el poder. Los malogrados dirigentes de los movimientos sociales que subsistan, reconducir a sus bases en la legitima defensa de sus reivindicaciones y liderar (guiar y conducir) a quienes todavía, aún pese a todo, confían en un Estado Social y Democrático de Derecho, en el que prevalezca el derecho de los trabajadores en general y las comunidades indígena originaria campesinas, no como una concesión o una dadiva del poder, sino como el justo y equilibrado ejercicio del mismo.
Entendamos de una vez por todas, la desatención gubernamental y bloqueo; son equidistantes. No obstante, de parecer que estuvieran tan cerca, jamás son la solución al problema, porque no hay solución bajo presión. La solución se la construye desde abajo, desde los cimientos, con el dialogo y el debate; no con la imposición de quien se crea el más fuerte ante el otro. Será un trabajo, largo, a veces, hasta penoso frustrante y difícil, cuya meta por lejana que parezca, cada día, cada momento se hará más visible, resplandecerá a nuestro alcance. Nos hará más sólidos y más fuertes, para seguir viviendo una vida que vale la pena vivirla.


