El hantavirus no es COVID, pero la advertencia es clara
En las últimas semanas, el mundo ha sido testigo del brote de hantavirus en el barco Hondius. Se trata de un virus con alta mortalidad, transmitido principalmente por roedores. El contagio ocurre al contacto con orina o heces secas de ratas y ratones. Aunque el hantavirus existe en todo el mundo en distintas variantes, la detectada en el Hondius es la andina, que, a diferencia de otras, puede transmitirse entre humanos, aunque raramente. La tasa de mortalidad sigue siendo muy elevada. Muchos se preguntan si habrá otro COVID, pero hay razones para pensar que no. ¿Aunque si ocurre, estamos preparados?
Para empezar, es importante tranquilizarse. El hantavirus no se transmite fácilmente entre personas. Su índice de contagio, conocido como R0, es inferior a uno, lo que significa que una persona infectada, por lo general, contagia a menos de otra persona. En términos epidemiológicos, esto indica que el brote tiende a reducirse y que, con el tiempo, la epidemia se extinguirá de manera natural.
Ahora hablemos de los aspectos negativos. Durante la pandemia de COVID-19, quedó claro que los sistemas de salud no estaban preparados para enfrentar situaciones de emergencia sanitaria a gran escala. Se evidenció la falta de personal médico, camas en terapia intensiva, protocolos efectivos para reducir el contacto entre personas, laboratorios equipados y muchos otros recursos esenciales. Tras esta experiencia, en todo el mundo se implementaron medidas para estar mejor preparados la próxima vez, con el objetivo de controlar de manera más eficiente cualquier virus y evitar más casos y muertes. Prevenir más de 15 millones de muertes en una futura pandemia resulta una razón más que suficiente para tomar acciones. Y para quienes creen que el COVID-19 ha desaparecido, en los últimos dos meses aún se reportaron 1.400 muertes por esta enfermedad.
Hay varias cosas que los países deberían hacer para estar mejor preparados para futuras pandemias. En primer lugar, es necesario fortalecer los sistemas de salud, aumentando la capacidad y garantizando un acceso más equitativo a la atención médica. Un problema importante durante el COVID-19 fue que grandes partes de la población simplemente no tenían acceso a la atención sanitaria. En segundo lugar, se necesitan mejores sistemas de vigilancia para detectar brotes lo antes posible. En tercer lugar, la comunicación global y el intercambio de información deben mejorar para que las alertas tempranas lleguen a todos los países de manera oportuna. Los gobiernos tienen un papel central en todo esto, pero es igualmente importante que los responsabilicemos y verifiquemos si estas medidas se están implementando realmente.


