Evaluaciones en el aprendizaje

Cada vez hay mayor evidencia sobre la forma de realizar las evaluaciones o exámenes durante el aprendizaje. Hoy podemos saber lo que funciona bien al realizar un examen como instrumento de evaluación. Idealmente, un proceso de evaluación debe ser transparente, constructivo, que esté alineado con los objetivos del aprendizaje, consistente en sus instrucciones y criterios, que sea validado y que retorne al estudiante. La actividad de evaluar parece un proceso obvio y natural, sin embargo, si uno lo observa cuidadosamente contra estos elementos, puede encontrar aspectos que mejorar. Por eso, esta columna estará dedicada a mencionar estos aspectos y resaltar algunos otros.

Los objetivos de aprendizaje son claros en cada curso. Cada nivel de curso también está definido siendo los cursos de primer año universitario por ejemplo los destinados a aprender y comprender un nuevo conocimiento y los cursos del medio están orientados a aplicar, analizar ese conocimiento; y los del ultimo año están orientados a evaluar y crear conocimiento (p. ej. tesis). Esto se puede ver mejor con la Taxonomía de objetivos de la educación de Bloom (Bloom’s taxonomy). Si uno observa los exámenes, estos no siempre está alineados a los objetivos de aprendizaje y al nivel correspondiente con el Bloom’s taxonomy por lo que los criterios de evaluar el conocimiento son algunas veces inconsistentes con lo que se espera del estudiante o de su nivel educativo.

Muchas universidades tienen grandes poblaciones universitarias. Esto demanda muchos docentes que dicten la misma materia. Sin embargo, no se coordina que la educación sea la misma. Cada docente tiene el “derecho de dar la materia a su propio sabor”. Si bien esto incrementa la motivación personal en el docente, también genera desalineamiento en la educación, siendo que unos estudiantes podrán aprender el contenido de una manera “estricta”, otros “nada estricto”, “otros con un método y otros con otro”, etc. Aquí la variedad genera desigualdad en el aprendizaje y esto es un aspecto del que cuidadosamente la universidad debe responsabilizarse: dar igualdad de oportunidades de obtener el mismo aprendizaje y ser evaluado en una manera idéntica en uno u otro curso. Así todos tienen el chance de adquirir las mismas habilidades y el mismo conocimiento.

La evaluación tiene un segundo componente valioso, y es la retroalimentación. El examen debe ser una oportunidad para evaluar -formativa o sumativa, lo que se aprendió, lo que requiere mejora, y cómo se debe mejorar. Es por eso, que los exámenes se deben retornar al estudiante como una forma constructiva del aprendizaje. El estudiante debe tener la oportunidad de revisar el examen en un corto tiempo después de tomar el examen, revisar sus dudas, clarificar la calificación y aprender del proceso a modo de reflexión en el aprendizaje.

Un tercer elemento es que el examen como instrumento de evaluación debe ser consistente y validado. Si un docente prepara sólo el examen, puede que muchas preguntas tengan errores incluso de comprensión. Es bueno que exista por lo menos un revisor para que se puedan aclarar dudas, mejorar las preguntas y alinear con el nivel esperado. Estos procesos deben ser asegurados por la universidad para mantener un mismo nivel en la educación. Una evaluación consistente y justa cumplirá su objetivo de evaluar el aprendizaje.


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