Priorizar la ganancia de años de vida sobre la simple reducción de fallecimientos
La esperanza de vida representa el promedio de años que una determinada población vive durante un período específico. Por ejemplo, al nacer en Bolivia, la esperanza de vida es de 70 años; para una persona de 70 años, este valor es de 12 años adicionales, pudiendo alcanzar hasta los 82 años. Esta diferencia se explica porque las personas mayores ya han superado muchos riesgos que aún enfrentan los recién nacidos. Globalmente, la esperanza de vida ha aumentado de 65 años en 1990 a 75 años proyectados para 2025. No obstante, persisten marcadas desigualdades: en Japón la esperanza de vida es de 85 años, mientras que en Angola apenas alcanza los 65.
En economía de la salud, la esperanza de vida permite evaluar el impacto de diferentes tratamientos. Habitualmente, los medios de comunicación destacan únicamente la reducción en el número de fallecimientos atribuida a nuevos tratamientos. Sin embargo, la disposición a pagar para salvar la vida de un recién nacido suele ser mayor que para una persona de 90 años. Se ha demostrado que el número de años de vida restantes constituye una métrica eficaz para valorar estos aspectos, facilitando así la toma de decisiones sobre inversiones y prioridades en el gasto sanitario.
Recientemente, el Instituto de Evaluación y Métrica de Salud (IHME) publicó datos sobre la carga mundial de enfermedades (GBD). Como economista de la salud vinculado a Bolivia, analicé los datos del país, enfocándome en el grupo de 5 a 14 años, donde los accidentes de tráfico son la principal causa de muerte (14,3%), seguidos por infecciones respiratorias (9,4%). En mayores de 70 años, predominan la cardiopatía isquémica (11,2%) y el accidente cerebrovascular (10,3%), mientras que los accidentes de tráfico sólo representan el 1,5% de los fallecimientos. Mejorar la seguridad vial podría salvar muchas vidas jóvenes y aumentar significativamente los años de vida ganados. En cambio, salvar vidas de personas mayores incrementa menos los años de vida, ya que su expectativa restante es menor. Además, los problemas médicos en adultos mayores suelen originarse en hábitos tempranos, lo que complica la priorización de intervenciones, requiriendo un enfoque preventivo desde edades tempranas.
En conclusión, aunque priorizar los años de vida ganados resalta los beneficios de la prevención temprana y de intervenciones sanitarias, las decisiones sobre la asignación de recursos son complejas. Este enfoque ayuda a usar los recursos de manera eficiente para mejorar la longevidad y calidad de vida, pero deben considerarse también otros factores y perspectivas.


