La hiperconectividad como amenaza a la salud mental de los adolescentes
Esta semana se ha presentado en Tarija el estudio “Navegando entre riesgos invisibles y oportunidades reales” realizado por el IICC de la Universidad Católica Boliviana con el apoyo de otras instituciones. Entre sus datos más llamativos indican que el 93% de los adolescentes en áreas urbanas de Bolivia tiene un celular con acceso a internet, lo que revela una conectividad casi universal en este grupo etáreo. También muestra que la incursión digital comienza a una edad temprana pues el 53 % de los encuestados revela que empezaron a usar internet entre los 6 y 11 años. El teléfono celular es el dispositivo más usado, indicando un 86 % de adolescentes que lo utiliza de manera “muy frecuente”. Por su parte, Global Kids Bolivia ha informado que el 83 % de los adolescentes de 12 a 17 años está en línea todos los días.
Dentro de esta línea temática, especialistas de la salud mental llevan tiempo alertando que el uso intensivo de las redes sociales por parte de los adolescentes se puede asociar a síntomas como depresión, baja autoestima y angustia, debido especialmente a la comparación constante y la búsqueda de que les validen externamente, exponiendo a los mismos a una situación de vulnerabilidad.
La exposición digital constante puede llevar a un estado de alerta permanente, generando lo que hoy en día se llama FOMO que significa “fearofmissingout”, o miedo a quedarse afuera; es decir la sensación de perderse de experiencias o vínculos importantes. El Fomo activa y amplía así en los adolescentes el estrés y el miedo a la exclusión, generando problemas de concentración, trastornos del sueño e irritabilidad.
En este sentido, la hiperconectividad empieza a generar impacto psicoemocional y amenaza la salud mental de los adolescentes, afectando sus vínculos al ir perdiendo el contacto visual y tacto, aumentando los sentimientos de soledad y de desconexión emocional entre otros.
Frente a este problema se aconseja trabajar con los adolescentes en diferenciar la realidad del mundo virtual, fomentar la autoregulación en el uso de dispositivos y siempre proponer actividades presenciales, de contacto social y al aire libre que puedan fortalecer el sentido de pertenencia fuera del mundo virtual. El tiempo máximo de exposición a pantallas para adolescentes se estima en 3 horas por día, por lo que nuevamente se sugiere no prohibir necesariamente la tecnología sino proveer de otras actividades como las de ejercicio físico. También se pueden establecer periodos y zonas de desconexión, es decir espacios del día donde no se use ningún tipo de pantalla; se pueden generar momentos de reflexión con los adolescentes respecto al uso que hacen de los dispositivos, así como espacios de concentración con la lectura, la escritura reflexiva o las manualidades.


