En memoria de Eydan, Samantha y los 23 niños asesinados en Bolivia este año
En los últimos 10 días se contabilizaron tres nuevos posibles infanticidios en Bolivia. Eydan de 2 años, procedente de Tipuani, murió después de pasar días en agonía y con muerte cerebral tras sufrir un traumatismo cráneo encefálico grave, desnutrición, neumonía, deshidratación severa, signos de maltrato infantil y negligencia extrema continuada. El cuerpo de Samantha de 10 años fue encontrado enterrado en La Paz, después de un año de su desaparición. Finamente en Oruro fue encontrada una bebé no identificada de aproximadamente dos meses, también con signos de asfixia mecánica como posible causa de muerte.
Con estos nuevos hechos ya se cuenta con 25 niños asesinados en Bolivia en lo que va del año. Según datos de Ministerio Publico la mitad de ellos tenía menos de 3 años. Hasta septiembre de este año, el 45% de las muertes fueron causadas por golpes o traumas, 27% por asfixia y el 18% por intoxicación con sustancias químicas. Impacta que el 53% de los delitos acontecieron en el hogar, siendo responsables principalmente los padres, tutores o algún familiar directo: el 22% de los casos fue la madre, en el 18% el padrastro y en el 13% el padre biológico.
El nivel extremo de violencia contrasta con la enorme vulnerabilidad y dependencia que tenían estos niños respecto a sus cuidadores, quienes debían encargarse de protegerles y en muchos casos fueron sus asesinos. Los menores no estaban en condiciones de defenderse ni de pedir ayuda, aumentando el ensañamiento y la gravedad de estos hechos tan terribles.
Los infanticidios evidencian la vulnerabilidad de nuestras infancias y constituye la forma más grave y extrema de violencia hacia niños y niñas. En el interior de este extremo y sin llegar a infanticidios, en el hogar boliviano a diario se descargan diferentes niveles de violencia contra los niños: de 2021 a 2024, se registraron 36.533 denuncias de delitos contra menores de edad en nuestro país y solo hasta junio de este año se registraron 4.508 denuncias de delitos que van desde la violencia sexual hasta la familiar. Dentro de esta última, el tipo de violencia que más se ejerce es la violencia física, con el 78,47%. En este sentido el hogar, que debería ser un lugar seguro, muestra una vez más que nuestro país sigue siendo violento de puertas para adentro.
El impacto de la violencia en la vida del niño es muy grande, genera afectaciones y daños cerebrales permanentes cuando es continua y en edades tempranas; también puede provocar baja autoestima, soledad y abandono, angustia y depresión, trastorno de identidad, riesgo grave de desarrollar problemas de salud mental en la juventud y adultez, y de repetir el ciclo cuando sean adultos, involucrarse en relaciones abusivas o volverse también abusivos.
Urge concienciar como sociedad en los efectos tan adversos de la violencia en nuestros métodos de crianza. Urge también mayor participación del Estado en la protección integral de nuestros niños, fortaleciendo a los sistemas familiares, comunitarios, de salud y educación en la detección, alerta temprana y denuncia de hechos de vulneración donde se pueda actuar oportunamente y prevenir hechos tan lamentables y dolorosos como es la pérdida de la vida de un niño como víctima de violencia.


