Habilidades blandas: sorteando un mundo que requiere alta flexibilidad
Vivimos en un mundo donde se valora el éxito material por sobre muchas cosas y donde también se hace mucho énfasis en las competencias académicas, científicas y las relacionadas con los conocimientos y las pericias técnicas.
Sin embargo hay una serie de competencias que a la par de las habilidades cognitivas pueden condicionar el éxito en lo que se emprenda. Esas competencias son las llamadas habilidades blandas o soft skills.
Algunos las definen como la mentalidad o hábitos mentales. Se trata de una serie de competencias que se aprenden a lo largo de la vida y que permiten que colaboremos y nos relacionemos de manera exitosa con los demás.
Entre las más importantes están saber comunicar, negociar, colaborar, ser empático, tener autocontrol, tener capacidad para trabajar en equipo, la gestión del tiempo, la resolución de conflictos, la adaptabilidad, la creatividad, la proactividad, la resiliencia y la toma de decisiones. Estas habilidades nos permiten adaptarnos a situaciones nuevas, manejar las emociones y enfrentar los desafíos cotidianos.
Aunque no sean tan promocionadas como las habilidades duras, es decir las técnicas, académicas y científicas; se considera que son fundamentales para el éxito en todas las áreas de la vida. En el colegio ayudan a que los niños aprendan mejor, participen activamente en sus clases y puedan trabajar bien con sus pares. A nivel social les permiten sostener relaciones sanas, resolver adecuadamente los conflictos y adaptarse a diferentes espacios sociales. Y en lo laboral son actualmente muy demandadas pues permiten el trabajo en equipo, sostener liderazgos así como aumentar la innovación y productividad. Al respecto el Instituto de Investigación de Stanford y la Fundación Carnegie Mellon ha estimado que el 75% del éxito laboral se atribuye a las habilidades blandas. También se cree que en el futuro una tercera parte de las habilidades requeridas en ámbitos laborales serán de tipo social y que las soft skills serán competencias exigidas por encima de los conocimientos.
Las habilidades blandas se pueden entrenar desde la primera infancia y especialmente desde casa pues conllevan un tiempo importante de proceso. Algunos consejos para desarrollarlas es que los niños tengan la oportunidad de resolver situaciones diarias y que como padres les permitamos hacerlo. También se recomienda asignarles responsabilidades en casa de acuerdo a su edad para desarrollar la empatía. Se pueden realizar actividades y ser parte de grupos de voluntariado, bien social y autogestión, e incluir a los niños para que comprendan por qué es importante vincularnos en este tipo de espacios.
Es también importante incluir a los niños en situaciones a veces poco habituales como acudir a cursos y actividades recreativas diferentes que le permitirá desarrollar la capacidad de adaptarse.
Incentivar las habilidades y los procesos creativos de los niños también es de importancia; así como desarrollar la inteligencia emocional, es decir la gestión asertiva y adecuada de las emociones y sentimientos para afrontar los retos y desafíos que les presenta la vida.


