Matrimonio y embarazo infantil: Dos realidades superpuestas en Bolivia

Hace unos días el Órgano Ejecutivo promulgó la ley que elimina la excepción del Código de Familias que permitía a las adolescentes casarse a partir de los 16 años con el permiso de los padres o autorización judicial. Por esta rendija se dejaban pasar uniones tempranas e incluso bodas con niñas mucho menores.

Las cifras que intenta eliminar la norma son muy duras. De acuerdo a la publicación del diario El Pais de España basada en datos del SERECI se conoce que, del 2010 al 2022, el número de adolescentes entre 13 y 17 años que se casaron en Bolivia fue de 11.297. De esta cantidad, 10.012 (89%) fueron niñas y 1.285 (11%) niños. Las niñas solían contraer matrimonio con hombres de un promedio de entre 20 y 35 años. A veces, incluso con señores 60 años mayores que ellas.

Esta realidad está altamente ligada a otra igual de dramática: el embarazo adolescente. Los datos del Sistema Nacional de Información en Salud (SNIS), mostraron que entre 2020 y 2023 hubo en Bolivia 8.855 embarazos de menores de 15 años y 139.021 de adolescentes de 15 a 19 años. La tasa aproximada es de 104 embarazos infantiles y adolescentes por día.

Muy cerca de nosotros, la Dirección Departamental de Educación de Tarija reportó esta semana que desde enero hasta fines de septiembre se registraron más de 704 casos de embarazos en estudiantes de distintas unidades educativas de Tarija, una cifra que preocupa a las autoridades.

Tanto el matrimonio como el embarazo infantil  crean muchas consecuencias y efectos negativos que afectan especialmente a las niñas, perpetúan las desigualdades de género y la situación de vulnerabilidad, dejándoles sin libertad, educación, futuro ni protección.

Ambos fenómenos superpuestos no pueden entenderse más como una “costumbre”, frecuentemente encubierta a nivel familiar, sino como violencia hacia niños, niñas y adolescentes y que en muchos casos hay delitos encubiertos como violencia sexual, explotación laboral, así como manipulación.

Si bien la ley recientemente promulgada evitará las uniones legales, no garantiza que las niñas no vivan con adultos en uniones como el concubinato, por lo que aún se debe trabajar mucho en erradicar la práctica, aun común especialmente en zonas rurales, de que niñas y adolescentes asuman roles de mujeres adultas y para los que no están preparadas ni física, mental ni emocionalmente.

La sensibilización de la sociedad en estos impactos se hace fundamental para erradicar estas prácticas que, acompañadas por medios normativos y otros necesarios, nos permitan evitar que niñas, niños y adolescentes contraigan matrimonio ni sean padres ni madres a edades tan tempranas.


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