Disposición a invertir en salud

Más de la mitad de la población mundial carece de acceso a servicios esenciales de atención sanitaria. Las causas de esta situación son diversas y complejas. En muchos casos, los servicios existen, pero las personas simplemente no pueden costearlos sin enfrentar graves dificultades económicas. Vivo en los Países Bajos, donde contamos con un seguro de salud universal, y para muchos de nosotros resulta difícil imaginar que alguien evite ir al médico o rechace una cirugía vital solo por no poder pagarla. Sin embargo, esa es la dura realidad para millones de personas en el mundo, algo que como economista de la salud me inquieta profundamente.

Hoy tenía que realizar una breve presentación sobre economía de la salud y terminé centrándome en el retorno de la inversión de ciertas intervenciones sanitarias. Al analizarlo desde la perspectiva de un país o de la sociedad, los datos resultan asombrosos. Estas inversiones presentan retornos financieros tan atractivos que cualquier inversor se sentiría tentado si se tratara de la última empresa tecnológica de moda. Lamentablemente, no podemos invertir directamente en iniciativas como VaccinsForAfrica S.A., ¿o existe alguna forma?

La respuesta es sí: todos podemos invertir, pero es imprescindible que lo hagamos de manera colectiva. Es el ejemplo de una idea brillante lista para convertirse en acción. Sin embargo, llevarla a la práctica es el mayor reto, ya que las inversiones en salud requieren la intervención gubernamental y una regulación robusta y transparente. Al fin y al cabo, somos nosotros quienes elegimos a los gobiernos. Si invertir en salud ofrece tan buenos resultados, ¿por qué entonces los gobiernos no lo priorizan?

En primer lugar, la razón puede ser ideológica. Algunas sociedades no consideran la salud como una responsabilidad pública, pese a los evidentes fallos de mercado, como aseguradoras que solo protegen a personas sanas. La segunda razón es más pragmática: el costo de un sistema de salud es elevado y financiarlo implica aumentar los impuestos, una decisión impopular, especialmente si los beneficios son inciertos o pueden tardan años en materializarse. La tercera razón son los enormes intereses económicos que genera este sistema y el control sobre quién lo gestiona. Estamos hablando de alrededor del 10% del PIB, lo que representa cifras astronómicas y muchas empresas interesadas en participar.

Existen más motivos por los que muchos países permanecen estancados con sistemas de seguro de salud deficientes o incompletos. Lo fundamental es que los gobiernos son pieza clave para el éxito de estos sistemas. Si bien los mercados libres pueden aportar soluciones competitivas, solo el Estado puede garantizar una regulación que asegure el acceso universal equitativo a la salud para todos, sin excepción.


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