La depresión en niños y adolescentes sí existe
El domingo pasado, mientras se aguardaban resultados electorales, un triste hecho se daba en la Unidad de Bomberos de la ciudad de Tarija, donde el personal recibía a un adolescente de 12 años llevado con desesperación por sus padres. La Unidad informó que llegó sin signos vitales y nada pudieron hacer más que constatar el fallecimiento del niño, la causa habría sido un suicidio.
Probablemente la fiebre electoral eclipsó el preocupante hecho en la agenda mediática en esta semana, sin embargo la Defensoría de la Niñez y Adolescencia de Cercado ya se ha manifestado llamando la atención de este tipo de hechos para reconocer las señales a tiempo y poder prevenirlos.
No es menor el llamado, pues la OPS (Organización Panamericana de la Salud) ha indicado que en Bolivia el suicidio sigue siendo una causa de muerte preocupante, especialmente entre jóvenes y adolescentes en algunas regiones del país. Detrás de estas cifras pueden existir historias atravesadas por la depresión, el consumo de sustancias, la violencia, duelo, el abuso y la discriminación, agravadas por el déficit de acceso a servicios de salud mental oportunos y adecuados.
La depresión en niños y adolescentes sí existe aunque pueda ser diferente y menos visible que en los adultos. Se estima que aproximadamente un 5%, o uno de cada 20 niños y adolescentes, tendrá un episodio depresivo antes de cumplir los 19 años. La detección precoz de la depresión infantil es clave para el tratamiento de la enfermedad; sin embargo la realidad es que menos de la mitad de estos niños reciben un tratamiento adecuado. Los estudios también muestran que los padres suelen subestimar seriamente la intensidad de la depresión de sus hijos.
Las señales que nos pueden indicar un posible cuadro depresivo en niños y adolescentes pueden ser la persistencia de irritabilidad elevada, ira u hostilidad extrema, problemas de conducta, tristeza frecuente o episodios de llanto, sentimientos de desesperanza, disminución de su interés en actividades, aburrimiento persistente, falta de energía o cansancio, aislamiento social o falta de comunicación, autoestima baja, sensación de culpa o responsabilidad por cosas malas que puedan pasar, sensibilidad extrema al rechazo o poca resistencia ante los fallos, quejas frecuentes sobre problemas físicos en los que no se encuentra causa, señales de autolesión y peligro sobre su integridad física.
Es importante buscar la ayuda de un especialista cuando tengamos duda de que nuestro niño o adolescente pueda padecer una depresión y exista riesgo físico sobre su integridad, debido a que un diagnostico temprano y un tratamiento adecuado reducen el impacto negativo de la depresión y puede prevenir suicidios. El apoyo en casa es fundamental, se aconseja hablar sobre el motivo del malestar, mostrando afecto y seguridad a pesar de la situación que atraviesa el niño. También se aconseja aumentar las medidas de seguridad si existe riesgo físico, no abandonar los tratamientos, seguir compartiendo actividades, fomentar buenos hábitos, dejar que los niños se expresen y protegerles de entornos estresantes que puedan deteriorar su estado.


