La salud como bien común

La salud debe ser accesible para todos y está reconocida como un derecho humano. Sin embargo, lamentablemente, esto no se cumple en todos los países. Por ejemplo, en Estados Unidos, al menos un 8% de la población no tiene seguro de salud. En Bolivia, en 2019, este porcentaje rondaba el 21%. Pero tener un seguro de salud no lo resuelve todo. La calidad y eficiencia de los seguros públicos varía mucho, y con ello también los resultados en salud.

Pero retrocedamos un paso: ¿por qué queremos un seguro de salud? Parece una pregunta obvia: nadie quiere enfermarse y quedarse sin atención. Pero la respuesta es un poco más compleja. Muchas personas no piensan que les pueda tocar un problema de salud grave… hasta que sucede. Y cuando ocurre, no tener seguro puede significar enfrentar gastos muy altos que no todos podrán cubrir.

Es natural que las personas sean optimistas respecto a su salud, lo cual tiene su lado positivo, pero no ayuda a la hora de planificar el futuro. La probabilidad de necesitar servicios médicos aumenta con la edad. Sin embargo, también es difícil para muchas personas ahorrar pensando en el futuro. Por eso, en muchos países existen los fondos de jubilación. El seguro de salud cumple una función similar: quizás no lo necesitas cuando eres joven, pero será esencial cuando seas mayor. Es una forma de ahorro obligatorio para situaciones médicas futuras.

El seguro de salud no es gratuito. En los Países Bajos, todos deben asegurarse y pagar una prima mensual. Las aseguradoras deben aceptar a cualquier persona sin importar su estado de salud y no pueden hacer preguntas al respecto. Así, todos pueden acudir al médico cuando lo necesiten. El resto de los costos se cubre con impuestos progresivos: quienes ganan más, pagan más. Es una forma de redistribuir ingresos y garantizar el acceso equitativo a la atención médica para toda la población, sin importar su situación económica o personal.

Tener buena salud es una excelente inversión para la economía. Primero, la esperanza de vida es más largo. También las personas sanas pueden trabajar mejor y ser más productivas. Además, contar con un seguro de salud reduce el estrés financiero de las familias. Pero hay también un valor esencial: la solidaridad. Si cada uno aporta según sus posibilidades, todos podemos vivir mejor, sin importar quiénes somos.

Y, seamos honestos, ¿no sería mejor vivir en un país donde todos tengamos buena salud?


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