Los desafíos del sistema de salud en Bolivia
El sistema de salud boliviano se ha comprometido a ofertar salud universal gratuita y de buena calidad para el 2030. Este compromiso está guiado por los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, los desafíos que enfrenta el sistema de salud también tienen que ver con los valores económicos y políticos que están enraizados en Bolivia.
Uno de estos valores es la preferencia por el individualismo y la libertad de elección. En Bolivia, a pesar de que existe salud publica “gratuita”, particularmente con la creación del Sistema Único de Salud (SUS) desde el 2019, la oferta es muy limitada debido a la falta de personal e insumos. Pero también es bastante desigual con diferentes guías de atención medica entre un centro de salud y otro; donde aún prevalece las recetas que se deben comprar con pagos propios o las referencias a niveles altos de atención medica que también deben cubrirse con dineros del bolsillo propio. En Bolivia, un promedio del 30% de la población ingresa en círculos de pobreza gracias a una cirugía o procedimientos médicos para enfermedades crónicas que deben ser cubiertos con su propio dinero.
Un segundo valor es pensar que la centralización es la solución a los problemas del mercado, que se contradice después con una centralización y descentralización mixta poco o nada coordinada o controlada para calidad, precios o necesidades del mercado. Los centros de salud se dividen en primer, segundo y tercer nivel. También hay una marcada diferencia entre el manejo rural y urbano, y sector privado, de seguros y público. Debido a la falta de coordinación adecuada y a tiempo, cada una de estas instancias se maneja sola. Esto ocasiona que, si vives en el área rural, tienen acceso la salud de baja calidad por la falta de provisión de insumos. Muchos de estos centros públicos no cuentan con un administrador experto y si este se equivoca en enviar su requerimiento anual, pueden existir grandes faltas, lo que obliga a la persona enferma a acudir al sector privado o viajar al área urbana para el servicio público. También existe limitada flexibilidad en la adquisición de insumos en situaciones de emergencia, vencimiento de algunos y existe bajo control de calidad del medicamento al prevalecer precio como único factor para la compra. El sector privado juega entonces un papel importante en la provisión de salud. Sin embargo, muy poco se utiliza la red nacional para guías de procedimiento médico y establecimiento de precios de atención. El sector público evita la utilización del sector público y su coordinación por lo que no son aliados sino competencia.
Un tercer valor es la solidaridad selectiva que no es universal o no se basa en la necesidad o ingreso. Bolivia tiene dos grandes programas de salud que cubren a la mujer embarazada y otro que cubre a los niños menores de 5 años. Es decir, si no estás embarazada o si eres varón, no tienes derecho a enfermarte. También existe poca coordinación a nivel municipal, departamental o privado de seguros o sistema público. Por esto, se tiene una enorme desigualdad en el acceso a la salud, siendo los que tienen mas dinero los que tienen mejor acceso, los asegurados a los seguros los segundos beneficiados, dejando al final al servicio público que cuenta con falencias en la distribución del acceso a la salud, es decir, las personas que viven en el área rural, las mas perjudicadas.
Esta coexistencia y competencia entre los diferentes niveles de atención, la falta de coordinación y control hace que exista una alta fragmentación en los tratamientos, falta de seguimiento al paciente y poca o nada de prevención. La elección del ciudadano por la comida, la dedicación a su trabajo con muchas horas y bajas oportunidades de hacer deporte y relajación hacen que rápidamente la población esté cambiando sus patrones de vida que traerán aún mayores desafíos al sistema de salud. Es necesario repensar la coordinación y la flexibilidad de adaptación de este sistema para enfrentar las necesidades actuales y futuras de la población.


