La lucha contra las ganancias ilícitas, las clases medias emergentes y algunas tragedias de la política nacional

Las semanas precedentes se dio un consenso pocas veces visto en sectores de diversa “procedencia” social, en el rechazo al proyecto de Ley contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas. Grupos corporativos de orígenes tan disimiles como los empresarios “formales”, los gremiales, los cooperativistas, los carniceros, las iglesias, etc., etc., coincidieron en su hostilidad respecto al mencionado instrumento legal. Se trata si la memoria no me engaña, de una de las pocas ocasiones en que las elites tradicionales, se dieron la mano en forma tan decidida con las “clases medias emergentes”, aquellas en las que según afirman diversos estudiosos sociales, se está formando una nueva burguesía de rostro indígena y lengua materna originaria. Queda claro también que en muchos casos el rechazo fue “instintivo”, es decir que muchos de los movilizados no conocían la ley, aunque sí “sospechaban” con absoluta certeza, que podía ser contraria a sus intereses. Y finalmente también queda claro el rol secundario que las entidades de la oposición política formal, todavía golpeadas por la desastrosa gestión del gobierno Añez-Murillo, jugaron en este esquema (seamos sinceros, el “tono” y las características de la movilización, fueron definidos por los gremiales, a los que se “engancharon” comités cívicos y partidos opositores).  Todavía no se puede prever con certeza, si es que la movilización contra las normas complementarias (especialmente la Ley 1386), continuará, pero sobre lo que no queda duda es sobre la importancia política que han adquirido los “nuevos sectores” de empresarios, cuyo rol decisivo en la política y la economía bolivianas, definitivamente no puede ignorarse.

1.     Antes y ahora: “las nuevas clases medias”

Uno de los resultados más importantes del proceso constituyente, ha sido el de la incorporación de las “nuevas clases medias” a los niveles más importantes de decisión en las esferas de la política y la economía. Hace treinta años hubiera sido imposible imaginarse el nivel de influencia alcanzado por sectores poblacionales de habla materna nativa (cooperativistas mineros, gremiales, comerciantes de tierras, etc.). No cabe duda de que se trata de un avance “democrático” (entendiendo el término “democracia” en la acepción que tenía entre los socialdemócratas del siglo XIX; como la incorporación de sectores marginados al ejercicio pleno de sus derechos). El “salto” de estos sectores (entre los cuales se encuentran algunos que sin duda ya están calificados para recibir el denominativo de “burgueses”), se fue gestando de manera lenta desde el 52, y en la democracia pactada tuvo algunos antecedentes importantes (especialmente a través de la acción política de CONDEPA), pero finalmente se concretó recién en este siglo. Ha sido un proceso lento, aunque sostenido el del (auto) reconocimiento del país, como una entidad plural, que ha tenido que ver con fenómenos como el del 52 y el que vivimos desde el principio de siglo. Y no cabe duda que merced a ellos se ha logrado que un país, mayoritariamente indígena, aunque históricamente dirigido por una elite europeizada, no haya caído en las espirales de violencia que asolaron latitudes lejanas y cercanas.

2.     La ley contra la legitimación de ganancias ilícitas y la desconfianza en el Estado

Pero los sectores sociales en ascenso arrastran consigo sus propias características y una de ellas es la de la “informalidad”. La mayor parte son cultores de prácticas que han evitado permanentemente las cargas de la regulación estatal, y especialmente, aunque no únicamente, las impositivas. Los empresarios “tradicionales” también evaden impuestos si es que pueden, pero evidentemente en los entramados de las “nuevas clases medias” resulta mucho más difícil para el Estado hacer cumplir estas regulaciones. ¿Esta realidad es la que podría explicar la oposición tenaz al proyecto de ley contra la legitimación de ganancias ilícitas? En parte sí, pero este temor también se concatena con otros rasgos característicos de nuestra sociedad, especialmente el de la desconfianza en el Estado. El ciudadano común, en este caso de cualquier extracción, podría pensar ¿si el Estado a través de entidades como Derechos Reales, las Direcciones de Ordenamiento Territorial, algunos niveles de la justicia, etc., regularmente me exige “coimas”, porque no habría de hacerlo una Unidad de Investigaciones Financieras – UIF que este dotada de poderes amplios que impliquen la posibilidad irrestricta de indagar en mis finanzas, escuchar mis conversaciones telefónicas y congelar mis cuentas?  En este caso la cultura de la informalidad y la desconfianza en un Estado con diversas falencias, se dan la mano en una ecuación difícil de resolver. De todas maneras, queda claro, que la incorporación de las “nuevas clases medias”, en los niveles de decisión más importantes, para ser sostenible y coherente, necesariamente tiene que ser correspondida con su incorporación a la formalidad. No es naif, ni ingenuo el decir que la conquista del ejercicio de derechos y espacios de poder, necesariamente debe corresponderse con el cumplimiento de obligaciones: impuestos, obligaciones laborales, ambientales, etc. Esa es una de las asignaturas pendientes en la consolidación del actual modelo político – social.

La oposición en un momento gracioso

Puede elegirse: si miramos con atención los sucesos que se dieron en el país a partir del pasado 24 de septiembre en el ámbito de la oposición, evidentemente uno tarda en decidir, si ponerse a reír o a llorar. Veamos: ese día los sectores “duros” de la oposición, empezando por el gobernador de Santa Cruz y siguiendo por el presidente de su Comité Cívico, hicieron una serie desaires y comentarios adversos a la whipala y sin embargo en las semanas siguientes lograron su mayor “triunfo político” desde las pasadas elecciones, plegándose a movilizaciones encabezadas por sectores como los gremiales y los cooperativistas que sin duda son adherentes a la misma. Hoy día desairamos a los “whipaleros”, mañana estamos pendientes del día que deciden hacer paro, para unirnos a él. De esa manera se evidencia la incapacidad de una oposición que no puede leer al país, más allá de sus círculos sociales cercanos. Ninguna lección aprendida a partir del desastre del gobierno de Añez y la insistencia en códigos y formas que simplemente no se corresponden a un país que más allá de gustos y aspiraciones, ha cambiado.


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