La predisposición intelectual familiar
Predisposición es la disposición anticipada de la voluntad o del ánimo de una persona hacia una meta, hacia algo. Entonces; predisposición intelectual familiar viene a ser el pensamiento que asume la familia en conjunto para tomar acciones respeto a sus propósitos o su plan de vida en familia.
Cuando un hombre y una mujer se enamoran, se necesitan y se sienten hasta incapaces de vivir el uno sin el otro; se juran amor eterno y se casan, cumpliendo así la ley de vida. Es posible que dentro de su proyecto de vida este contemplado cómo quisiera que fuera su familia y su hogar: cuantos hijos tener; como constituir su economía, su trabajo y en general cómo serían sus vástagos, respecto a la educación, profesión y futuro.
En base a este marco referencial de familia a formar, son los hijos el eje central de la realización familiar. Son ellos quienes serán sus amigos; son quienes se verán bien o mal por lo bien que se formen como personas; son a quienes se los debe preparar para que en adelante no necesiten de los padres y sean capaces de llevar adelante sus creaciones y paciones, desde que tienen uso de razón, para lograr su propio proyecto de vida.
Por esta razón es importante que en los padres sea más notable la necesidad de tener un control exhaustivo de emociones respecto a lo que dicen y hacen; por ejemplo, no se les debe decir, que son tontos y que son fracasados, cuando algo no lo hicieron correctamente. Los padres deben saber que esas frases quedarán en sus hijos marcadas “a fuego” para siempre, aun cuando después les digan miles de veces que “son inteligentes” o que “los quieren”.
La familia es la célula social y entre un cúmulo de familias se conforma la sociedad y si una célula está destruida, adolece de malestar; ese malestar se puede contagiar y extender a la sociedad y hacer que toda ella resulte malsana.
Una familia puede estar malsana porque en el hogar hay violencia entre padre y madre, entre padres con hijos por el mal trato: verbal, psicológico, físico y también por la falta de buenas relaciones humanas en la comunidad donde vive, al no llevarse bien con la vecindad, por no proceder con la conducta apropiada.
Velando por la sanidad familiar, el trato de los padres entre sí y de los padres con los hijos, debe ser mutuamente respetuoso, amable, atento y cariñoso. Es allí donde debe cumplirse el amor que se juraron los padres al unir sus vidas “hasta que la muerte los separe”. Al mismo tiempo, los hijos deben saber que: respetar a los padres no es tenerles miedo por bravos, sino honrarlos, admirarlos por lo que hacen y porque son un digno ejemplo.
Lo medular y lo más importante para una familia y en general para la sociedad, es la educación; más ahora que vivimos la era de la economía del conocimiento, porque para tener un buen trabajo, para crear tu propio emprendimiento, para hacer riqueza económica, social y bienestar en nuestro país; lo mínimo que se requiere es ser bachiller, mejor si se es técnico medio, técnico superior, o profesional universitario.
Si la educación es el eje central de la vida en familia, es a esta que le debemos dedicar padres e hijos la mayor atención, el mayor esmero. Los padres tenemos que ser conscientes que nuestros hijos no nos pidieron que los traigamos; fue nuestro deseo; fuimos nosotros, los padres, los únicos responsables del advenimiento de nuestros hijos y por eso debemos responder dándoles alimentación, vestimenta, protección, seguridad, cariño y los estudios hasta donde mejor se pueda, en acuerdo familiar.
Cuando los hijos están en la escuela, los padres debemos ayudarles a resolver sus dificultades; más ahora que por efectos de la pandemia (del Covid -19), hay que utilizar suplementos tecnológicos, que, al no haber sido propios de nuestro conocimiento, tenemos que aprender su manejo juntos con nuestros hijos. Para ello la realidad nos exige mucha predisposición, mucha voluntad, muchas ganas para hacer lo que se deba hacer, para cumplir la tarea que nos corresponde como padres en la educación de nuestros hijos.
Si los padres son quienes trajimos a nuestros hijos por voluntad propia y sin preguntarles si quieren venir; seamos pues responsables, amémoslos como nuestro padre celestial nos ama a nosotros; no la compliquemos la vida en familia con el dañino autoritarismo; no los atormentemos; no los tratemos mal; no los riñamos y menos los castiguemos físicamente. Hagámonos amigos con ellos para que nuestros hijos, a su turno, no repitan nuestros errores, recordemos que: “antes que con la palabra se debe educar con el ejemplo”.
Entonces, para una sociedad sana, construyamos familia y hagamos educación y no dejemos que la familia y la educación vengan o salgan como sea; predispongámonos a “ser hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy, que es el gran objetivo de la vida” y construyamos bienestar, progreso y armonía.


