¿Cómo, qué, para qué y cuándo? ¿Aprender?
El orden secuencial que sigue la escuela tradicional omite el ¡cómo aprender!, dado que el profesor entra a la clase, pone el título en la pizarra y ordena a los estudiantes que saquen su cuaderno para tomar nota mientras realiza la explicación.
El ¡qué Aprender!, se basa principalmente en la exposición verbal del enseñante; es decir del ¡qué! enseñar o tema a aprender en la clase; que no es sino, memorizar el contenido del tema, repetirlo a manera de saber propio.
Este “supuesto” aprendizaje lo debe repetir cada vez que el profesor lo requiera y sobre todo en periodos llamados “de exámenes”, para el logro de una nota de aprobación, según si se lo repitió a plenitud, con alguna omisión o, de manera deficiente, que no merece sino reprobación.
El nuevo protocolo pedagógico, primero orienta al estudiante a abordar cómo transitaría él, de manera íntegra, desde su motivación por saber algo de algo; hasta llegar a obtener el saber mismo de ese algo. Para lo que no sólo utilizará el sentido del oído sino algunos más, sino todos, que son las puertas por donde ingresan las sensaciones, que luego se convertirían en percepciones, en saber; mismo que se almacena en la memoria de largo plazo del cerebro.
Esta trayectoria apronta varias ventajas; entre ellas: que el aprendizaje es más consistente, más concreto y sobre todo que al aprender a aprender, aprenderá a manejar herramientas para el saldo de su vida. Le estaríamos facilitando un salto cuántico en lo que viene a ser aprendizaje continuo y para toda la vida. En este sentido es importante en este proceso, comenzar con lo objetivo, luego lo gráfico, y recién abordar lo simbólico, sin quemar etapa alguna.
Quien quiera aprender a aprender, se constituye en profesor de sí mismo; se convierte en autodidacta y se libera de enlatar saberes ajenos; convirtiéndose así, en descubridor, experimentador e inventor de nuevos conocimientos. El estudiante libera su pensamiento y simultáneamente fortalece su confianza, su satisfacción y sentimiento de alegría de “lo original que es”. Lo que aumenta potencialmente cuan estimulado se siente, por lo que es, por lo que puede; como por lo que día a día se siente crecer, se desarrollará y será mejor cada vez más. En ¡cómo aprender!, estarían también contempladas las técnicas grupales.
Aplicando Educación Activa-Participativa, para la autónoma construcción del conocimiento; la lógica a seguir debe ser: ¡Cómo aprender!, luego: ¡qué aprender!, seguidamente: ¡para qué aprender! y claro: ¡cuando!, ¡con quién! aprender.
Quien aprende a aprender, simultáneamente aprende a hacer, y aprende a ser. Vive un proceso de educación integral y significativo; por la utilidad que el mismo estudiante descubre, encuentra y le sirve en la vida diaria.
El ¡qué aprender!, es la fuerza motivacional que lo inducirá al estudiante a introducirse en el panorama que lo rodea; es decir, qué le llama la atención y le atrae a saber ¡qué es! En consecuencia, este viene a ser el tema a estudiar, a conocer en detalle; de qué está compuesto, qué contiene en sus adentros, cuál sería su utilidad, qué se puede hacer con ello, etc.
Para que exista motivo a la acción (motivación), el estímulo debe penetrar nuestros sentidos y llegar hasta nuestro “todo humano”; en el que se despierta curiosidad, expectativa e interés por saber finalmente qué es lo que sentimos.
Inmediatamente de este pantallazo, debemos preguntarnos el ¿para qué del qué aprender?; o sea: ¿para qué me serviría en mi cotidianidad y en la vida, lo que busco saber?; es decir: que tan significativo sería el aprendizaje para la vida diaria en el trabajo, en la vida en familia, en la vida en sociedad y del futuro de la misma.
Aprender porque se debe aprender, dado que esta signado en el programa del curso; resultaría ocioso y de hecho, una perdedera de tiempo. El aprendizaje siempre debe ser significativo y consistente; tener importancia para la vida de cada uno.
Para aprender el ¡cómo aprender! en los primeros cursos, la facilitación docente debe consistir en: orientar, apoyar, aclarar procedimientos a seguir por el estudiante; para construir su propio conocimiento, su propio saber, apoyando a que los estudiantes: descubran, encuentren respuesta a sus propias preguntas a partir de algunas interrogantes que se planteen con la inducción y la ayuda del docente. El docente debe ser compañero inseparable del estudiante en el proceso de su propio aprendizaje.
Desde el ciclo secundario en adelante, se deben aplicar técnicas de aprendizaje tales como el uso del subrayado, los resúmenes, cuadros sinópticos, mapas conceptuales y otras señales de la propia creación del estudiante; que faciliten la transformación de las sensaciones que se dan en los sentidos del aprendiente, hacia el logro de las percepciones y la comprensión de lo que se descubre, se inventa y se acuña como saber propio. Estas técnicas de estudio son herramientas; son una especie de trucos que permiten marcar lo que se aprende mejor y en menos tiempo.
El ¡cuándo aprender!, ¡con quien! o ¡con quienes! aprender, ¡donde aprender!, etc.; lo determinaría las circunstancias que se dieran en las necesidades y normas respecto al curso, al ciclo y a la necesidad de co-aprendizaje y de socialización del aprendizaje, que sirve para validar y reforzar el conocimiento construido.
A lo largo de todo el proceso de aprendizaje o construcción del conocimiento hay que comparar si lo que va mostrándose como lo que se imaginaba lograr es, exactamente, o hay de mejorar, perfeccionar su logro y a esto se llama autoevaluar/evaluar; así es como se aplica la pedagogía del error que ayuda a aprender de tus errores; es decir, ayuda a como perfeccionar lo que vas aprendiendo, lo que vas sabiendo.
Siguiendo este protocolo docente-estudiantil, estaríamos dando el adiós al modelo memorista y repetitivo de la escuela tradicional; estaríamos liberándolo al estudiante de la autocracia pedagógica; estaríamos fortaleciendo la interdependencia: maestro - estudiante y de estudiantes entre sí; y estaríamos andando en espacios de la educación continua y permanente para toda la vida. En definitiva; estaríamos liberando el proceso educativo; estaríamos liberando la educación hacia una sociedad racionalmente integral, medianamente igualitaria y más generadora de unidad que la sociedad tanto precisa.


