Pruebas rápidas, la apuesta por salvar vidas en Tarija

Cualquier iniciativa destinada a salvaguardar la vida debe ser encarada con fortaleza y serenidad, sin escatimar esfuerzos ni eludir responsabilidades. En ese sentido, la decisión de la Gobernación de implementar el uso de pruebas diagnósticas rápidas es una buena noticia. Luego de cuatro...

Cualquier iniciativa destinada a salvaguardar la vida debe ser encarada con fortaleza y serenidad, sin escatimar esfuerzos ni eludir responsabilidades. En ese sentido, la decisión de la Gobernación de implementar el uso de pruebas diagnósticas rápidas es una buena noticia.

Luego de cuatro meses de lucha mundial contra la enfermedad, la única certeza a la que se ha llegado es a que se necesitan muchos test para identificar los contagios y garantizar así los aislamientos. También para garantizar un tratamiento efectivo de la enfermedad, pues los expertos señalan que el medicamento adquirido por Bolivia solo es efectivo si se aplica desde la primera semana contagio, plazo considerado clave por los gurús alemanes en la lucha contra el SARS – Cov – 2.
El Ministerio de Salud ha decidido implementar una política de resignación, preocupado en cuidar de no colapsar el sistema público de salud, su plan pasa por la cuarentena indefinida e interminable aun siendo consciente de que “todos nos vamos a contagiar”.
El Ministerio de Salud, sin embargo, ha decidido implementar una política de resignación, preocupado en cuidar de no colapsar el sistema público de salud – tal vez para no desbordar el privado –, su plan pasa por la cuarentena indefinida aun siendo consciente de que “todos nos vamos a contagiar”.

Las cifras de contagio en Bolivia son aún bajas, pero es que la cantidad de pruebas realizadas es baja. Difícilmente podríamos tener otras cifras si no se hacen test. Otras cuestiones aun más preocupantes son el promedio de edad de las víctimas de la enfermedad, muy inferior a la de otros países, pues apenas el 25% de los 34 fallecidos hasta la fecha tenía más de 70 años, y sobre todo, la velocidad con la que se sobreviene la muerte: son demasiados casos en los que el positivo aparece después de muerto.

En un país en el que la gente teme ir al hospital por sus costos, en el que la automedicación está a la orden del día y en el que se ha estigmatizado la enfermedad hasta la parodia, pretender que los sospechosos llamen por teléfono para comunicar un principio de tos es altamente ingenuo.

Los países que han tenido relativo éxito en la lucha contra la enfermedad señalan que el secreto está en salir a buscar los casos, no esperar a que lleguen. En ese sentido, las pruebas rápidas que no gustan a ese guardián de la industria que es la OMS han contribuido a pesar de sus limitaciones.

A Tarija, en 41 días de emergencia, le han procesado 35 muestras en los laboratorios del eje central, ya que el prometido por el Gobierno en la capital nunca llega. Es el departamento al que menos pruebas se le han realizado a pesar de ser frontera y tener tres casos confirmados. En promedio tardan 72 horas en llegar los resultados, demasiado tiempo para una enfermedad con tan alta tasa de letalidad.

Es evidente que la fiabilidad de los test es menor a las del PCR, por lo que ningún test que salga negativo podrá considerarse definitivo ni podrá saltarse la cuarentena ni el aislamiento estricto, pero para aquel que sea positivo le dará una alta posibilidad de curarse pudiendo acceder al tratamiento adecuado antes de que sus pulmones exploten.

En la muerte no hay cálculo posible, es tiempo de ejercer la autonomía, de avanzar mientras otros prescriben sentarse simplemente a esperar.

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