Aplicar neuropedagogía para mejorar la calidad educativa

Educación es la adquisición de conocimientos, la formación de valores éticos, el desarrollo de habilidades, es desarrollar competencias y actitudes de convivencia social y humana; para realizarse en la vida, como personas civilizadas.   Conocimiento. es el eje fundamental de...

Educación es la adquisición de conocimientos, la formación de valores éticos, el desarrollo de habilidades, es desarrollar competencias y actitudes de convivencia social y humana; para realizarse en la vida, como personas civilizadas.

 

Conocimiento. es el eje fundamental de educación; es la representación del resultado de la relación entre un sujeto y un objeto. El sujeto es la persona que quiere conocer algo y el objeto es ese algo que el sujeto quiere y llega a conocerlo. Los órganos del conocimiento son: los sentidos y la razón; los órganos son facultades que hacen posible la percepción de los objetos y sus detalles y la razón es la facultad que hace posible la solución de problemas y la fijación de ideas y conceptos, en la mente, sean estos concretos o abstractos., prácticos o teóricos.

 

Según Elisabet Quintana López, en un artículo del 17 de septiembre 2019, “La Neuropedagogía estudia el cerebro, entendiéndolo como un órgano social capaz, que cambia según los procesos de enseñanza - aprendizaje, especialmente si lo trabajamos mediante ejercicios lúdicos y terapéuticos. Se encarga de investigar cómo generar más neuronas y conexiones cerebrales en base a la enseñanza y de contribuir a un desarrollo integral del cerebro infantil. Afirma que el cerebro cambia y puede ser modificado según los procesos de enseñanza que apliquemos”.

 

La neuropedagogía o neuroeducación, como se llama, proporciona al maestro el saber necesario para entender la conducta de sus alumnos en el aula, el ambiente que se debe crear en ella, así como la manera como aprende cada uno, para hacerlo de la manera como sus cerebros aprenden. De esta suerte el aprendizaje será más inclusivo, más personalizado y más fácil.

 

Quintana López, sugiere hacer clases más competentes, aplicando los siguientes siete principios:

 

1.- Considerar las emociones y el afecto, elementos indispensables en el proceso de aprendizaje: Nuestro cerebro es emocional y el aprendizaje más significativo y duradero es el que se da a través de momentos significativos, cargados de emotividad, con actividades que sean placenteras para los alumnos, cuando se emocionan aprendiendo y sientan que el contexto escolar les aporte algo más que contenidos, Se ha descubierto, que cuando se da una conexión profunda entre emociones y aprendizaje, facilita y aumenta la calidad del proceso de enseñanza. Lo más importante, es que, también para aprender, necesitamos sentir afecto, el tacto dentro del aula, el cariño, la vocación y la dedicación de los profesores.

 

2.- Motivación: Los estudiantes necesitan sentirse con ganas de aprender, ganas de tener cada día un desafío y un nuevo reto, al que deben enfrentarse con entusiasmo y sentirse capaces, al ver a cada día como un desafío, como un nuevo reto en las aulas y recompensados al darse cuenta que el resultado obtenido, es gracias a su esfuerzo.

 

3.-  Ambiente del aula: El ruido, el nerviosismo, la tensión y el estrés afecta mucho el desempeño de los estudiantes y los índices de aprendizaje; por lo tanto, se debe evitar generar estos estados en los alumnos. Fomentar un estado de calma, tranquilidad, relajación y distensión ayudará y facilitará el proceso de aprendizaje. Lo ideal es crear un ambiente libre de amenazas, donde cada miembro pueda descubrir sus potencialidades, desarrollarlas y después ponerlas a disposición de la sociedad. Se puede cambiar de vez en cuando la disposición del mobiliario, en círculo, en “L”, así como de ambiente (al aire libre), ya que salir de la rutina aumenta la curiosidad y la atención.

 

4.-  Respetar los ritmos del cerebro para aprender: Cada alumno es único. Por ello, los contenidos a enseñar será importantes repetirlos tantas veces como el alumno lo necesite, practicarlo hasta que lo integre. Es buena idea, presentar el mismo contenido de diversas formas para rescatar los diferentes estilos de aprendizaje dentro de las aulas. Es curioso porque el cerebro está diseñado para aprender más cuando más se aprende. Suele funcionar como un músculo, que cuanto más se entrena más se desarrolla para trabajar por sí mismo. Asimismo, esto implica también, respetar los tiempos de descanso que el cerebro necesita entre actividades, especialmente para mejorar la atención que se dedica a profundizar en estos contenidos
5.-  Aprendizaje y memoria: Son dos procesos cognitivos estrechamente ligados, sin memoria no hay aprendizaje. Todo lo que aprendemos es retenido en muestro cerebro y constituye lo que denominamos memoria. Es por ello, que resultan muy útiles en el aula, las diferentes estrategias de memorización para aprender patrones de resolución de problemas, técnicas o estructuras que facilitan el estudio y aprendizaje de los contenidos. También la memoria puede ejercitarse de forma lúdica dentro de las aulas a través de juegos como crucigramas, memoramos, sopas de letras, o a través de aplicaciones específicas en la Tablet u ordenador.
6.-  Interacción social: Lo que algunos expertos denominan el cerebro social, constituye una herramienta muy poderosa en el aprendizaje. Incrementar, por tanto, las relaciones e interrelaciones sociales dentro del aula, así como trabajar por proyectos, mejora los resultados del proceso de enseñanza-aprendizaje. Será adecuado trabajar en grupo, por parejas, o a través de dinámicas que fomenten las habilidades interpersonales, como los debates o concursos.
7.-  Movimiento físico: Realizar ejercicio físico a diario, así como combinarlo con actividades placenteras como danza y otras que fomenten la expresión corporal. Esto ayuda a que el movimiento del cuerpo active varias partes del cerebro encargadas del aprendizaje, oxigenándolo y manteniéndolo más despierto.
Si tomamos en cuenta esta lectura, es factible, ¿verdad?, aprender más, elevar competencias y no sólo consolarnos con haber avanzado muchos contenidos académicos.

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