Cuanto más educados, más íntegros, más equilibrados

De manera reiterativa, en esta columna me referí al concepto de Educación de Calidad Para Todas y Todos, Para Toda la Vida; en este marco se conceptúa que, educación es la formación integral de la persona; es decir, lo que tiene que ver con la construcción y acumulación de conocimientos...

De manera reiterativa, en esta columna me referí al concepto de Educación de Calidad Para Todas y Todos, Para Toda la Vida; en este marco se conceptúa que, educación es la formación integral de la persona; es decir, lo que tiene que ver con la construcción y acumulación de conocimientos académico-científicos, con el desarrollo y adquisición de hábitos, habilidades y destrezas; con la apropiación y manejo de valores éticos y morales y en suma, con una posible exquisita calidad de formación técnica o profesional, que permite acciones y actitudes muy ponderables en su desempeño laboral y social, a la persona en el mundo en que vive.

 

Educación de calidad no es la mera instrucción que se recibe del trabajo académico de la escuela tradicional, originada en el siglo XVIII, la Escuela Prusiana; misma que, se caracteriza por ser memorista, repetitiva, bancaria, pasiva; carente de interactividad autónoma y constructiva de los conocimientos de los estudiantes y que, estimule la creatividad y superación constante de la persona y de la sociedad, en la lógica de un permanente mejor futuro de vida.

 

Esta nueva forma de trabajar la educación, busca una formación integral de la persona que contemple impactar a la persona en total; es decir, a las diferentes inteligencias descubiertas por Howard Gardner: Lógica, lingüista, espacial, musical, kinestésica, individual, social y naturalista; a las diferentes esferas de desarrollo humano que refiere Martha Arango: Física-orgánico-natural, cognitiva, afectiva, política, lúdica, productiva-laboral, comunicativa y ético-moral y además, a los ahora veintiséis sentidos del ser humano; más la aplicación apropiada de la inteligencia artificial y todo cuanto tiene que ver con todo lo que somos como persona, con todo cuanto debemos hacer para desarrollar nuestras capacidades y competencias, para darle un valor agregado a nuestras vidas, elevar nuestra autoestima y así sentirnos satisfechos con lo que somos, con lo que sabemos y con lo que hacemos.

 

Debemos ser conscientes que saber es hacer; como que, hacer es saber; o sea que, quien sabe hace y lo hará siempre y quien hace, es porque sabe. Así de claro, no hay cabida para decir ´acá la puse y no parece´. Recordemos también, que lo que se aprende haciendo, no se olvida jamás; porque en este proceso dialéctico, en este proceso de constatar la teoría con la práctica, interviene la totalidad del ser humano, lo que hace que el aprendizaje sea más consistente, más significativo. La imaginación, la creatividad y definición teórica de algo, es respaldada, es comprobada, plenamente, por el resultado concreto del hecho, en el trayecto de hacer, des hacer, volver a hacer, corregir y perfeccionar el nuevo conocimiento logrado. “La teoría sin práctica es una utopía y la práctica sin teoría, es una rutina”.

 

En una oportunidad que fuimos invitados por los personeros del Observatorio Nacional de Calidad Educativa, asistimos a la ciudad de La Paz, con el Lic. José Antonio Salas, como activistas de la cruzada: “Por una educación de calidad para tod@s de 0 a Siempre”. En nuestra presentación, planteamos, precisamente, cuanto refiero en esta lectura, a lo que un catedrático de la universidad San Francisco Xavier, de Sucre, poniéndose de pie, llevando las manos sobre el pabellón de los oídos y luego recorriendo sus manos hacia arriba de la cabeza expresó: “Lo que los tarijeños quieren decirnos, es que: estamos educando a los nuestros estudiantes, de las orejas para arriba y no así el saldo del cuerpo”; es decir, señalaba con las palmas de las manos, desde las orejas hacia arriba diciendo: “De acá, para acá” y como que lo demás, no se toca.

 

Lo anterior se refleja en lo que dice Dalai Lama: “Los hombres pierden la salud para hacer dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud y por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente. Viven como si nunca fueran a morir y mueren como si nunca habrían vivido”.

 

Dalai Lama describe grandilocuentemente cuanto se confunde instrucción con educación; por cuanto la simple memorización de conceptos, recetas, fórmulas, sugerencias, etc.; no colman el interior personal del individuo, no logra un desarrollo holístico, una educación integral; misma que, si fuera tal, seríamos cuanto más educados, cuanto más equilibrados en nuestras acciones como individuo y como parte de la familia, de un grupo de personas y de la sociedad.

 

En el momento que vivimos, no se puede creer que, ante tan grave pandemia, como es el coronavirus (COVID-19), haya personas y poblaciones en nuestro país, que se niegan a hacer lo que se debe hacer para contener tan terrible enfermedad. Eh ahí, por ejemplo, la falta de equilibrio en unidad por un mismo objetivo social: VIDA Y BIENESTAR PARA TODOS, alejados de la estupidez y hasta perversidad egoísta e inhumana.

 

No hay duda que, si la población en general fuera educada, no sólo instruida; existiría más sentido de comunidad, de cooperación y de libertad; entendida esta, como un estado de conciencia que resuelve el sentido de la vida: no ser indiferente, indolente e irresponsable.

También existiría más solidaridad, más empatía, más entrega y desde luego todos estaríamos mejor; no habría tanto odio, sectarismo, discriminación, caprichos, enfrentamientos, malestar y sufrimiento innecesario. Georges Bernanos, decía: “Un individuo es persona humana, sólo cuando se entrega o se rehúsa, no cuando se presta”. Hace falta la aplicación de una verdadera educación – formación humana de calidad; que nos haría más íntegros, más equilibrados en nuestro diario actuar, para sí y en el colectivo humano.

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