Educación e inteligencia artificial
Inteligencia Artificial (IA) es la inteligencia llevada a cabo por máquinas. En ciencias de la computación, una máquina “inteligente” ideal, es un agente flexible que percibe su entorno y lleva a cabo acciones que maximicen sus posibilidades de éxito en algún objetivo o tarea....
Inteligencia Artificial (IA) es la inteligencia llevada a cabo por máquinas. En ciencias de la computación, una máquina “inteligente” ideal, es un agente flexible que percibe su entorno y lleva a cabo acciones que maximicen sus posibilidades de éxito en algún objetivo o tarea. Coloquialmente, el término inteligencia artificial se aplica cuando una máquinas imita las funciones “cognitivas” que los humanos asocian con otras mentes humanas, como por ejemplo: “percibir”, “razonar”, “aprender” y “resolver problemas” (W inteligencia artificial – Wikipedia)
Según Takeyas (2007) la IA es una rama de las ciencias computacionales encargada de estudiar modelos de cómputo capaces de realizar actividades propias de los seres humanos, con base en dos de sus características primordiales: el razonamiento y la conducta. (W inteligencia artificial – Wikipedia)
Las ideas más básicas se remontan a los griegos, antes de Cristo. Aristóteles (384 – 322 a. C.) cuando descubre el conjunto de reglas que describen una parte del funcionamiento de la mente para obtener conclusiones racionales, y Ctesibio de Alejandría (250 a.C.) que construyó la primera máquina autocontrolada, un regulador del flujo de agua (racional pero sin razonamiento) (W inteligencia artificial – Wikipedia).
En 1315 Ramón Llull tuvo la idea de que el razonamiento podía ser efectuado de manera artificial. En 1936 Alan Turig diseña formalmente una máquina universal que demuestra la viabilidad de un dispositivo físico para implementar cualquier cómputo formalmente definido. En 1957 Newell y Simon sale con su trabajo orientado a la resolución de problemas. En 1960 Robert K. Lindsay, desarrolla un programa para la lectura de oraciones en inglés y la inferencia de conclusiones a partir de su interpretación. En 1963 Quillian desarrolla las redes semánticas como modelo de representación del conocimiento. A mediados del 60 aparecen sistemas expertos, que predicen la probabilidad de una solución bajo set de condiciones. En 1968 – 70 Terry Winograd desarrolló el sistema que permitía interrogar y dar órdenes a un robot que se movía dentro de un mundo de bloque.
En 2009 ya hay en desarrollo sistemas inteligentes terapéuticos que permiten detectar emociones para poder interactuar con niños autistas. En 2011 IBM desarrolla una supercomputadora que ganó una ronda de tres juegos seguidos de Jeopardy, venciendo a sus máximos campeones. En el 2016 un programa informático ganó a cero al triple campeón de Europa de Go. El 2018 se lanza el primer televisor con Inteligencia Artificial con una plataforma denominada ThinQ. Y el 2019, con ayuda de la IA, se hace un homenaje a Johann Sebastián Bach, en el que, añadiendo una simple melodía de dos compases la IA crea el resto. (Extracto resumido de (W inteligencia artificial – Wikipedia).
El objetivo de esta lectura es graficar muy a brocha gorda, lo que viene siendo, significa, será y significará con el devenir del tiempo, la IA, para lo que la educación no debe perderle mirada y tomar consciencia de lo lento que vamos, al seguir con el paradigma de la escuela prusiana del siglo XVIII. Hay muestras de que varios países ya lo hacen y, si ya hay alguien que lo hizo, ¿Nosotros porque no podríamos hacerlo).
Este concepto de Inteligencia Artificial (IA) nos lleva a tener en cuenta el concepto sistémico y la necesidad de considerar que entre un hombre con otro u otros, puede o debe estar una máquina o máquinas, que aplicando el concepto de sinergia, que no es sino la mescla de unos con otros ingredientes o factores, no significa la simple suma, sino la potencia de la mescla y, finalmente teniendo en cuenta la pobreza, necesidades, avatares, dificultades, también fortalezas y potencialidades, nuestra visión, coraje y energía; puede darse en nuestra sociedad el salto quántico y ojala una verdadera revolución educativa como base fundamental para mejorar nuestras condiciones y calidad de vida. ¿Es que no queremos, o ciertamente no podemos?. Que los bolivianos tengamos educación de calidad, que pueda ser la corriente que nos lleve a buen pueerto.
De manera emergente, ahora, con la pandemia del Coronavirus (COVID-19), los países del mundo se están viendo obligados a cerrar las aulas de clases, en las que se realizaba el trabajo normal de educación presencial, y, substituirla por el aprendizaje en línea, mediante el uso de la tecnología y consiguientes mecanismos virtuales. Avanza a paso de parada la aplicación de la inteligencia artificial; pero, ¿Qué, de las poblaciones y de los estudiantes, donde la tecnología sigue siendo la lengua, la tiza y el pizarrón (tecnología ltp).
El sistema educativo boliviano requiere a gritos que sus gobernantes, alguna vez le den a la educación el sitial que le corresponde; a los gobernantes les debía avergonzar que en el mundo hayan países que antes no producían más que madera de pino u otros que hasta ahora compran agua para beber y ocupan los primeros puestos en educación y consiguientemente en producción, economía, política y bienestar general, mientras que en nuestra geografía patria se produce todo y sin embargo sigue siendo la cenicienta del mundo.
Según Takeyas (2007) la IA es una rama de las ciencias computacionales encargada de estudiar modelos de cómputo capaces de realizar actividades propias de los seres humanos, con base en dos de sus características primordiales: el razonamiento y la conducta. (W inteligencia artificial – Wikipedia)
Las ideas más básicas se remontan a los griegos, antes de Cristo. Aristóteles (384 – 322 a. C.) cuando descubre el conjunto de reglas que describen una parte del funcionamiento de la mente para obtener conclusiones racionales, y Ctesibio de Alejandría (250 a.C.) que construyó la primera máquina autocontrolada, un regulador del flujo de agua (racional pero sin razonamiento) (W inteligencia artificial – Wikipedia).
En 1315 Ramón Llull tuvo la idea de que el razonamiento podía ser efectuado de manera artificial. En 1936 Alan Turig diseña formalmente una máquina universal que demuestra la viabilidad de un dispositivo físico para implementar cualquier cómputo formalmente definido. En 1957 Newell y Simon sale con su trabajo orientado a la resolución de problemas. En 1960 Robert K. Lindsay, desarrolla un programa para la lectura de oraciones en inglés y la inferencia de conclusiones a partir de su interpretación. En 1963 Quillian desarrolla las redes semánticas como modelo de representación del conocimiento. A mediados del 60 aparecen sistemas expertos, que predicen la probabilidad de una solución bajo set de condiciones. En 1968 – 70 Terry Winograd desarrolló el sistema que permitía interrogar y dar órdenes a un robot que se movía dentro de un mundo de bloque.
En 2009 ya hay en desarrollo sistemas inteligentes terapéuticos que permiten detectar emociones para poder interactuar con niños autistas. En 2011 IBM desarrolla una supercomputadora que ganó una ronda de tres juegos seguidos de Jeopardy, venciendo a sus máximos campeones. En el 2016 un programa informático ganó a cero al triple campeón de Europa de Go. El 2018 se lanza el primer televisor con Inteligencia Artificial con una plataforma denominada ThinQ. Y el 2019, con ayuda de la IA, se hace un homenaje a Johann Sebastián Bach, en el que, añadiendo una simple melodía de dos compases la IA crea el resto. (Extracto resumido de (W inteligencia artificial – Wikipedia).
El objetivo de esta lectura es graficar muy a brocha gorda, lo que viene siendo, significa, será y significará con el devenir del tiempo, la IA, para lo que la educación no debe perderle mirada y tomar consciencia de lo lento que vamos, al seguir con el paradigma de la escuela prusiana del siglo XVIII. Hay muestras de que varios países ya lo hacen y, si ya hay alguien que lo hizo, ¿Nosotros porque no podríamos hacerlo).
Este concepto de Inteligencia Artificial (IA) nos lleva a tener en cuenta el concepto sistémico y la necesidad de considerar que entre un hombre con otro u otros, puede o debe estar una máquina o máquinas, que aplicando el concepto de sinergia, que no es sino la mescla de unos con otros ingredientes o factores, no significa la simple suma, sino la potencia de la mescla y, finalmente teniendo en cuenta la pobreza, necesidades, avatares, dificultades, también fortalezas y potencialidades, nuestra visión, coraje y energía; puede darse en nuestra sociedad el salto quántico y ojala una verdadera revolución educativa como base fundamental para mejorar nuestras condiciones y calidad de vida. ¿Es que no queremos, o ciertamente no podemos?. Que los bolivianos tengamos educación de calidad, que pueda ser la corriente que nos lleve a buen pueerto.
De manera emergente, ahora, con la pandemia del Coronavirus (COVID-19), los países del mundo se están viendo obligados a cerrar las aulas de clases, en las que se realizaba el trabajo normal de educación presencial, y, substituirla por el aprendizaje en línea, mediante el uso de la tecnología y consiguientes mecanismos virtuales. Avanza a paso de parada la aplicación de la inteligencia artificial; pero, ¿Qué, de las poblaciones y de los estudiantes, donde la tecnología sigue siendo la lengua, la tiza y el pizarrón (tecnología ltp).
El sistema educativo boliviano requiere a gritos que sus gobernantes, alguna vez le den a la educación el sitial que le corresponde; a los gobernantes les debía avergonzar que en el mundo hayan países que antes no producían más que madera de pino u otros que hasta ahora compran agua para beber y ocupan los primeros puestos en educación y consiguientemente en producción, economía, política y bienestar general, mientras que en nuestra geografía patria se produce todo y sin embargo sigue siendo la cenicienta del mundo.


