Tarija, ante una nueva crisis por el petróleo y el coronavirus

Nadie puede asegurar a estas alturas cual será el impacto en la salud que dejará el paso del coronavirus por Bolivia. Los más optimistas esperan que se aprendan unas cuantas cosas sobre el manejo de crisis y sobre la necesidad de utilizar bien los recursos disponibles. En cualquier caso, lo...

Nadie puede asegurar a estas alturas cual será el impacto en la salud que dejará el paso del coronavirus por Bolivia. Los más optimistas esperan que se aprendan unas cuantas cosas sobre el manejo de crisis y sobre la necesidad de utilizar bien los recursos disponibles. En cualquier caso, lo que es seguro es que va a dejar un grueso impacto económico.

Solo en Tarija, con la medida de suspender concentraciones masivas, se han suspendido los dos eventos más multitudinarios y de mayor proyección comercial: la feria de la Vendimia, a finales de marzo, y la FexpoTarija, programada para comienzos de abril.

La primera se supone está destinada a potenciar el intercambio comercial entre productores de uva y vino con los potenciales mercados. Es verdad que haciéndose al final se pierde una parte de ese impulso, y que en un año como este - en el que se ha multiplicado la producción al tiempo que se pierden mercados e incluso las bodegas recortan las compras a los productores – había pocas expectativas.

Aunque lo esencial de la Vendimia es esto, lo que más conoce el gran público es la promocionadísima serenata, en la que se traen artistas de primer nivel – este año estaban contratados Los Ángeles Azules -, y cuyo concierto se convierte en una enorme bacanal. Hay estimaciones de que ese concierto, con el movimiento de gente que supone, es más rentable que toda la FexpoTarija, pero este año no existirá.
Las instituciones tarijeñas ya han advertido de lo que se viene al Gobierno transitorio, que ahora también es candidato. Una y otra condición le deberían permitir no demorar las medidas para garantizar el flujo económico y evitar nuevas quiebras.
El segundo evento, la FexpoTarija, es una feria que se hace casi por obligación y que ya muchos querrían quitarse de encima, porque una cosa es prometer y otra ejecutar, pero con todo, supone una ventana abierta de Tarija hacia el resto del país para, al menos, tratar de dinamizar la economía.

Además, se han suspendido una infinidad de eventos pequeños: de la Street Food a la feria del Durazno de Paicho, pasando por cumpleaños, parrilladas y festivales. Pequeños eventos pero que sirven para una sociedad golpeada a mantenerse respirando.

Bolivia en general y Tarija en particular no se recupera del estado catatónico en el que la dejó la caída del petróleo de 2014, que pasó de los “felices” 100 dólares a los “trágicos” 30 en diez meses, dejando escuálidos los ingresos por regalías, pero millonarios compromisos en obras de todo tamaño.

La Gobernación ha pasado cinco años atizando el respirador para mantener a la economía con vida, priorizando, descartando y sí, endeudando al departamento, utilizando recetas ortodoxas de gestión pública. El parón del virus y la nueva caída del petróleo amenaza con destruir lo poco que se ha podido solventar.

Las instituciones tarijeñas ya han advertido de lo que se viene al Gobierno transitorio, que ahora también es candidato. Una y otra condición le deberían permitir no demorar las medidas para garantizar el flujo económico y evitar nuevas quiebras.

No hay tiempo que perder. No hay nada que disimular. No hay buenas noticias que dar. Solo realidades que enfrentar.

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