La ciudad y la guerra
Un militar prusiano, Von Clausewitz, escribió una frase que es miel para los viejos políticos: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Con ella, las ideologías más disímiles han justificado las más brutales y sanguinarias guerras. Como todos temblamos ante los...
Un militar prusiano, Von Clausewitz, escribió una frase que es miel para los viejos políticos: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Con ella, las ideologías más disímiles han justificado las más brutales y sanguinarias guerras. Como todos temblamos ante los desvaríos de algunos políticos, la posibilidad de una guerra urbana, expresada sin miramientos por protervos personajes, debe ser motivo de algunas reflexiones.
Últimos estudios militares de nivel académico establecen que de ahora en adelante los conflictos bélicos se desarrollarán en las ciudades. Este cambio implicará una transformación de tácticas y estrategias militares o paramilitares. Se habla ya de futuros “Stalingrados” (en homenaje a esa heroica ciudad) regados por todo el planeta. En esas nuevas tácticas se mencionan aspectos que los conocemos en carne propia. Uno: los asedios o cercos como mecanismo de debilitamiento colectivo; por ejemplo, el cerco de la ciudad siria de Alepo ejercido por su propio Presidente. Dos: el acompañamiento de narrativas convincentes para lograr objetivos; v.gr., el brutal genocidio en Ruanda (años 90) que fue azuzado por la Radio y Televisión Libre Las Mil Colinas que difundía mensajes de odio racial. Resultado: casi un millón de muertes en solo 100 días. Tres: la batalla cibernética como el nuevo espacio de combate y control donde cada celular juega un rol estratégico; v.gr., las conocidas whatsapeadas o llamadas vía red.
A todo ello debemos agregar que en el territorio boliviano se debaten conflictos que van más allá de la confrontación ideológica local hacia intereses de oscuros mercados globales. El colombiano Gustavo Duncan investiga esa guerra, que se desarrolla desde el campo a las ciudades, como una reconfiguración non sancta del Estado.
Como contraparte, últimos estudios sociales de nivel académico establecen que el ser humano está controlando su violencia natural, y el número de guerras y muertes han disminuido notablemente. Es decir que las nuevas generaciones de políticos están humanizando la resolución de los conflictos, lo que es un motivo para la esperanza.
A ello sumemos el hecho de que Bolivia es un territorio inmenso y poblacionalmente disperso, con cuatro ciudades iguales en importancia, pluriétnico en campos y ciudades, donde las visiones reduccionistas de nuestra historia e idiosincrasia (el blanco y negro absolutos) nunca han florecido, y donde millones de ciudadanos no queremos guerras civiles ni de ningún tipo. Ergo, los viejos políticos deberían leer también El arte de la guerra de Sun Tzu. El sabio chino dice: “Los jefes no deben provocar la guerra por cólera”.
Últimos estudios militares de nivel académico establecen que de ahora en adelante los conflictos bélicos se desarrollarán en las ciudades. Este cambio implicará una transformación de tácticas y estrategias militares o paramilitares. Se habla ya de futuros “Stalingrados” (en homenaje a esa heroica ciudad) regados por todo el planeta. En esas nuevas tácticas se mencionan aspectos que los conocemos en carne propia. Uno: los asedios o cercos como mecanismo de debilitamiento colectivo; por ejemplo, el cerco de la ciudad siria de Alepo ejercido por su propio Presidente. Dos: el acompañamiento de narrativas convincentes para lograr objetivos; v.gr., el brutal genocidio en Ruanda (años 90) que fue azuzado por la Radio y Televisión Libre Las Mil Colinas que difundía mensajes de odio racial. Resultado: casi un millón de muertes en solo 100 días. Tres: la batalla cibernética como el nuevo espacio de combate y control donde cada celular juega un rol estratégico; v.gr., las conocidas whatsapeadas o llamadas vía red.
A todo ello debemos agregar que en el territorio boliviano se debaten conflictos que van más allá de la confrontación ideológica local hacia intereses de oscuros mercados globales. El colombiano Gustavo Duncan investiga esa guerra, que se desarrolla desde el campo a las ciudades, como una reconfiguración non sancta del Estado.
Como contraparte, últimos estudios sociales de nivel académico establecen que el ser humano está controlando su violencia natural, y el número de guerras y muertes han disminuido notablemente. Es decir que las nuevas generaciones de políticos están humanizando la resolución de los conflictos, lo que es un motivo para la esperanza.
A ello sumemos el hecho de que Bolivia es un territorio inmenso y poblacionalmente disperso, con cuatro ciudades iguales en importancia, pluriétnico en campos y ciudades, donde las visiones reduccionistas de nuestra historia e idiosincrasia (el blanco y negro absolutos) nunca han florecido, y donde millones de ciudadanos no queremos guerras civiles ni de ningún tipo. Ergo, los viejos políticos deberían leer también El arte de la guerra de Sun Tzu. El sabio chino dice: “Los jefes no deben provocar la guerra por cólera”.


