Permanencia escolar con calidad educativa: buena fórmula para mejor vida
Para hablar de calidad educativa, necesariamente debemos tomar en cuenta las dimensiones que la componen: La eficacia, la eficiencia, la pertinencia y la equidad del sistema educativo, tomando en cuenta los resultados académicos, como sinónimo de calidad educativa. En base al...
Para hablar de calidad educativa, necesariamente debemos tomar en cuenta las dimensiones que la componen: La eficacia, la eficiencia, la pertinencia y la equidad del sistema educativo, tomando en cuenta los resultados académicos, como sinónimo de calidad educativa.
En base al anterior enunciado, es necesario considerar la capacidad que tiene el sistema educativo para alcanzar buena calidad educativa, siendo: 1.- Eficaz, si el sistema educativo es capaz de lograr los resultados de calidad que se propone. 2.- Eficiente, si el sistema educativo tiene capacidad de cumplir su función con calidad. 3.- Pertinente, que tan oportunos, adecuados, convenientes y congruentes son los resultados de la educación o su propósito en la realidad concreta. 4.- Equitativa, si se da a cada quien lo que se merece, sin favorecer a alguien perjudicando a otro.
El Ministro de Educación, Roberto Aguilar, dio a conocer el 11 de febrero 2019 que, en ´el mes de noviembre, de manera plena inicia los procesos de Evaluación de Calidad Educativa, con la finalidad de determinar cuál es el estado de la educación de nuestro país´. Con esta evaluación que realizará El Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa (OPCE), recién tendremos una información precisa respecto a la calidad de la educación boliviana.
Mientras tanto se viene estimulando, mediante el pago del Bono Juancito Pinto que ya tiene una vigencia de 13 años, a que los estudiantes del sistema fiscal de 1º de primaria a 6º de secundaria, permanezcan en la escuela, lo que precisamente no nos garantiza buena calidad educativa; pero, sí, permanencia en la escuela.
Paralelamente existe el sector privado de educación, en la que los padres de familia hacen un esfuerzo por pagar, más bien, ellos, la educación de sus hijos, de acuerdo a lo que más pueden, pensando en su mejor educación y futuro. En Bolivia no tenemos educación pública; es decir, un sistema educativo que esté en su totalidad a cargo del Estado y sea de la máxima calidad posible.
Si no existe infraestructura necesaria, como: edificaciones escolares para todos los estudiantes en base a normas pedagógicas y que sean funcionales para trabajar modernamente con 22 alumnos por clase; mobiliario también en base a normas pedagógicas; laboratorios, bibliotecas, salas TIC. campos deportivos, etc.; pues, mientras no se cuente con todos los profesionales docentes para todo el universo educativo; no será posible asegurar la anhelada calidad educativa.
Sin las condiciones materiales necesarias para realizar otra forma de trabajo docente que no sea: un profesor que vierta conocimientos y los alumnos que han de memorizarlos para luego dar una prueba que deje constancia de dicho saber; es decir otra forma de aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser; no podremos lograr aprendizajes relevantes y la consiguiente calidad educativa.
Con sólo permanecer en la escuela, quizás no se cumple sino lo que afirman los contra la escuela (Everett Reimers, Iban Ilich, Tomás Vasconi, entre otros), que: la escuela no es sino un lugar donde los padres de familia, que no saben qué hacer con sus hijos en casa, los mandan (los dejan a guarda), mientras adquieran, sobre todo, la madurez que les da cierta edad; para insertarse al mercado laboral.
En los años 60, de acuerdo al censo escolar que año tras año lo renovábamos a niños y adolescentes de 6 a 15 años, teníamos que hacerlos llegar a la escuela con ayuda de un carabinero y a veces había padres y profesores que negociaban, inclusive, la no asistencia de alguno, por lo menos, de los niños en edad escolar; con prebendas (leña, fruta, alimentos, etc). Habría que recordar por eso, la comedia teatral costumbrista del Prof. Jorge Antelo Vidaurre: “Le pagaré un cordero, déjemela no más”.
A 60 y más años de lo que antes sucedía, es de aplaudir lo que hoy se hace por velar por la permanencia escolar, pagándoles, ahora el Estado, mediante el sistema educativo, el Bono Juancito Pinto y no como antes que eran los padres quienes pagaban para que a sus hij@s, se los deje en casa para que ayuden en los que haceres de la familia; me refiero a la educación del área dispersa como se denomina ahora.
Ahora que, de acuerdo al propósito del bono Juancito Pinto, se viene logrando ventajosamente la permanencia en la escuela de los niños y adolescentes escolares, ¡qué bueno sería aplicar cuanto caracteriza a educación de calidad!; misma que tiene que ver básicamente con métodos, formas, medios de aprendizaje y de facilitación de la construcción del conocimiento; es decir, del cómo aprender e introducirse al mundo del qué aprender, tomando en cuenta los contenidos programáticos universales, en la propensión, también, de universalizar nuestro aprendizaje y conocimientos relevantes.
Sería una muy buena alianza: la permanencia escolar y la calidad educativa, lo que mejoraría la autonomía en la construcción de nuevos conocimientos de manera constante a lo largo de toda la vida, estimulando la creatividad y, simultáneamente, el futuro y la vida de los bolivianos en general.
En base al anterior enunciado, es necesario considerar la capacidad que tiene el sistema educativo para alcanzar buena calidad educativa, siendo: 1.- Eficaz, si el sistema educativo es capaz de lograr los resultados de calidad que se propone. 2.- Eficiente, si el sistema educativo tiene capacidad de cumplir su función con calidad. 3.- Pertinente, que tan oportunos, adecuados, convenientes y congruentes son los resultados de la educación o su propósito en la realidad concreta. 4.- Equitativa, si se da a cada quien lo que se merece, sin favorecer a alguien perjudicando a otro.
El Ministro de Educación, Roberto Aguilar, dio a conocer el 11 de febrero 2019 que, en ´el mes de noviembre, de manera plena inicia los procesos de Evaluación de Calidad Educativa, con la finalidad de determinar cuál es el estado de la educación de nuestro país´. Con esta evaluación que realizará El Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa (OPCE), recién tendremos una información precisa respecto a la calidad de la educación boliviana.
Mientras tanto se viene estimulando, mediante el pago del Bono Juancito Pinto que ya tiene una vigencia de 13 años, a que los estudiantes del sistema fiscal de 1º de primaria a 6º de secundaria, permanezcan en la escuela, lo que precisamente no nos garantiza buena calidad educativa; pero, sí, permanencia en la escuela.
Paralelamente existe el sector privado de educación, en la que los padres de familia hacen un esfuerzo por pagar, más bien, ellos, la educación de sus hijos, de acuerdo a lo que más pueden, pensando en su mejor educación y futuro. En Bolivia no tenemos educación pública; es decir, un sistema educativo que esté en su totalidad a cargo del Estado y sea de la máxima calidad posible.
Si no existe infraestructura necesaria, como: edificaciones escolares para todos los estudiantes en base a normas pedagógicas y que sean funcionales para trabajar modernamente con 22 alumnos por clase; mobiliario también en base a normas pedagógicas; laboratorios, bibliotecas, salas TIC. campos deportivos, etc.; pues, mientras no se cuente con todos los profesionales docentes para todo el universo educativo; no será posible asegurar la anhelada calidad educativa.
Sin las condiciones materiales necesarias para realizar otra forma de trabajo docente que no sea: un profesor que vierta conocimientos y los alumnos que han de memorizarlos para luego dar una prueba que deje constancia de dicho saber; es decir otra forma de aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser; no podremos lograr aprendizajes relevantes y la consiguiente calidad educativa.
Con sólo permanecer en la escuela, quizás no se cumple sino lo que afirman los contra la escuela (Everett Reimers, Iban Ilich, Tomás Vasconi, entre otros), que: la escuela no es sino un lugar donde los padres de familia, que no saben qué hacer con sus hijos en casa, los mandan (los dejan a guarda), mientras adquieran, sobre todo, la madurez que les da cierta edad; para insertarse al mercado laboral.
En los años 60, de acuerdo al censo escolar que año tras año lo renovábamos a niños y adolescentes de 6 a 15 años, teníamos que hacerlos llegar a la escuela con ayuda de un carabinero y a veces había padres y profesores que negociaban, inclusive, la no asistencia de alguno, por lo menos, de los niños en edad escolar; con prebendas (leña, fruta, alimentos, etc). Habría que recordar por eso, la comedia teatral costumbrista del Prof. Jorge Antelo Vidaurre: “Le pagaré un cordero, déjemela no más”.
A 60 y más años de lo que antes sucedía, es de aplaudir lo que hoy se hace por velar por la permanencia escolar, pagándoles, ahora el Estado, mediante el sistema educativo, el Bono Juancito Pinto y no como antes que eran los padres quienes pagaban para que a sus hij@s, se los deje en casa para que ayuden en los que haceres de la familia; me refiero a la educación del área dispersa como se denomina ahora.
Ahora que, de acuerdo al propósito del bono Juancito Pinto, se viene logrando ventajosamente la permanencia en la escuela de los niños y adolescentes escolares, ¡qué bueno sería aplicar cuanto caracteriza a educación de calidad!; misma que tiene que ver básicamente con métodos, formas, medios de aprendizaje y de facilitación de la construcción del conocimiento; es decir, del cómo aprender e introducirse al mundo del qué aprender, tomando en cuenta los contenidos programáticos universales, en la propensión, también, de universalizar nuestro aprendizaje y conocimientos relevantes.
Sería una muy buena alianza: la permanencia escolar y la calidad educativa, lo que mejoraría la autonomía en la construcción de nuevos conocimientos de manera constante a lo largo de toda la vida, estimulando la creatividad y, simultáneamente, el futuro y la vida de los bolivianos en general.


