El tiempo se acaba
Los millones de niños, niñas y jóvenes que marcharon alrededor del mundo el “viernes de huelga” contra el cambio climático, se constituye en el último alarido de la humanidad para poder frenar el cambio climático, puesto que de no hacerlo, la tierra ingresará en una era descontrolada...
Los millones de niños, niñas y jóvenes que marcharon alrededor del mundo el “viernes de huelga” contra el cambio climático, se constituye en el último alarido de la humanidad para poder frenar el cambio climático, puesto que de no hacerlo, la tierra ingresará en una era descontrolada donde la seguridad alimentaria se pondrá en alto riesgo, los recursos hídricos menguaran exponencialmente, las masivas migraciones se multiplicaran, los eventos extremos inundaran e incendiaran regiones, y hasta se podrían desencadenar guerras impensadas por recursos y territorios.
Seguro alguien dirá que esto es más que un augurio apocalíptico, pero en los hechos el tiempo se acaba para poner alto a las grandes emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), causa sustancial del cambio climático que al momento actual ya significa una elevación promedio del orden de un grado centígrado y que el 2030 se estima llegará a superar los dos grados (reporte del IPCC sobre 1,5 grados).
Los grandes decisores de política se aplazaron desde 1996 (año del inicio de las negociaciones internacionales (COP 1 en Berlín); primero fue el incumplido Protocolo de Kyoto que fuera torpedeado por el entonces primer país emisor de GEI del planeta los Estados Unidos, seguido luego de Japón, Canadá y Australia; ahora se trata del Acuerdo de Paris (suscrito hace tres años y que también Estados Unidos torpedea) que resulta ser insuficiente ya que los compromisos planteados por los países conseguirán que la temperatura se eleve en tres grados centígrados un nivel catastrófico comparado con la situación actual.
El baile de millones de dólares con que se “marea la perdiz” en las negociaciones internacionales, fue y sigue siendo el centro de las discusiones entre los países históricamente responsables del cambio climático y los países en desarrollo que sufren con mayor fuerza los embates del cambio climático (la cumbre del 23 de septiembre no fue la excepción). Los diferentes fondos creados en el marco de la Convención del Cambio Climático, sólo sirvieron para pequeños proyectos piloto que no generan cambios evidentes en las emisiones de GEI y tampoco permiten un consolidado y sostenible proceso de adaptación al cambio climático. En los últimos años el Fondo Verde del Clima (FVC) que debería ya estar funcionando con al menos 20 mil millones de dólares anuales disponibles para los países más vulnerables del planeta (acuerdo que no cumplieron los países desarrollados a excepción de algunos del área europea), sólo sirvieron para burocratizar procesos, obligar a los países en desarrollo a usar sus recursos como apalancamiento para aquellos del FVC e imponer largos procesos de burocratización, a los cuales se sumaron los Bancos de Crédito como BID, CAF, BM y otros.
Urge que los países emergentes (China, India, Korea entre otros) no cierren los ojos ante la realidad y planteen transformaciones en sus matrices de desarrollo que apunten a la limitación de emisiones de GEI, y a la protección de los bosques y los recursos hídricos y alcanzar la neutralidad en las emisiones de carbono. En ese contexto el grito de las nuevas generaciones y el clamor expresado en la última cumbre por la joven Gretha Thumberg plantea un giro radical en las negociaciones para que en la práctica se asuman compromisos vinculantes reales y no discursivos y que los decisores de política en todos los niveles desarrollen no sólo acciones domésticas sino de carácter estructural que como mínimo sirvan para limitar las emisiones de GEI y frenar en 1.5 grados el calentamiento global, porque sencillamente el tiempo se nos acaba.
* Docente Investigador IIS-UMSA
Seguro alguien dirá que esto es más que un augurio apocalíptico, pero en los hechos el tiempo se acaba para poner alto a las grandes emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), causa sustancial del cambio climático que al momento actual ya significa una elevación promedio del orden de un grado centígrado y que el 2030 se estima llegará a superar los dos grados (reporte del IPCC sobre 1,5 grados).
Los grandes decisores de política se aplazaron desde 1996 (año del inicio de las negociaciones internacionales (COP 1 en Berlín); primero fue el incumplido Protocolo de Kyoto que fuera torpedeado por el entonces primer país emisor de GEI del planeta los Estados Unidos, seguido luego de Japón, Canadá y Australia; ahora se trata del Acuerdo de Paris (suscrito hace tres años y que también Estados Unidos torpedea) que resulta ser insuficiente ya que los compromisos planteados por los países conseguirán que la temperatura se eleve en tres grados centígrados un nivel catastrófico comparado con la situación actual.
El baile de millones de dólares con que se “marea la perdiz” en las negociaciones internacionales, fue y sigue siendo el centro de las discusiones entre los países históricamente responsables del cambio climático y los países en desarrollo que sufren con mayor fuerza los embates del cambio climático (la cumbre del 23 de septiembre no fue la excepción). Los diferentes fondos creados en el marco de la Convención del Cambio Climático, sólo sirvieron para pequeños proyectos piloto que no generan cambios evidentes en las emisiones de GEI y tampoco permiten un consolidado y sostenible proceso de adaptación al cambio climático. En los últimos años el Fondo Verde del Clima (FVC) que debería ya estar funcionando con al menos 20 mil millones de dólares anuales disponibles para los países más vulnerables del planeta (acuerdo que no cumplieron los países desarrollados a excepción de algunos del área europea), sólo sirvieron para burocratizar procesos, obligar a los países en desarrollo a usar sus recursos como apalancamiento para aquellos del FVC e imponer largos procesos de burocratización, a los cuales se sumaron los Bancos de Crédito como BID, CAF, BM y otros.
Urge que los países emergentes (China, India, Korea entre otros) no cierren los ojos ante la realidad y planteen transformaciones en sus matrices de desarrollo que apunten a la limitación de emisiones de GEI, y a la protección de los bosques y los recursos hídricos y alcanzar la neutralidad en las emisiones de carbono. En ese contexto el grito de las nuevas generaciones y el clamor expresado en la última cumbre por la joven Gretha Thumberg plantea un giro radical en las negociaciones para que en la práctica se asuman compromisos vinculantes reales y no discursivos y que los decisores de política en todos los niveles desarrollen no sólo acciones domésticas sino de carácter estructural que como mínimo sirvan para limitar las emisiones de GEI y frenar en 1.5 grados el calentamiento global, porque sencillamente el tiempo se nos acaba.
* Docente Investigador IIS-UMSA


