Es necesario un nuevo paradigma
Lo acaecido en la Amazonía (incendios forestales y pérdida de la biodiversidad) no es otra cosa que la confirmación de los efectos e impactos que le esperan a la humanidad en el corto y mediano plazo, no sólo por la incorrecta intervención humana, sino también por el factor desencadenante...
Lo acaecido en la Amazonía (incendios forestales y pérdida de la biodiversidad) no es otra cosa que la confirmación de los efectos e impactos que le esperan a la humanidad en el corto y mediano plazo, no sólo por la incorrecta intervención humana, sino también por el factor desencadenante que significa el cambio climático. El quinto reporte del IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) en 2015 ya alertó de que los eventos extremos (sequías, inundaciones, olas de calor y frio) se darán con mayor frecuencia y serán de mayor intensidad a lo largo y ancho de nuestro planeta lo cual se está confirmando cada día.
En ese contexto muchas instituciones de ciencia a nivel internacional han señalado que estamos pronto a ingresar en un punto sin retorno e inclusive en una etapa en la que no se podrá establecer las consecuencias que puede generar el cambio climático y sin duda las conexiones existentes entre constantes emisiones de gases de efecto invernadero, cambio de clima, sequías y deforestación quedan evidentes. Más aun, el reciente reporte del IPCC sobre “Cambio Climático, desertificación, degradación del suelo, gestión sostenible del suelo, seguridad alimentaria y flujos de gases de efecto invernadero en ecosistemas terrestres”, presentado hace pocos días, pone en evidencia que la frecuencia e intensidad de las sequías se ha incrementado en Sud América, asimismo los procesos de deforestación, de avance de la frontera agrícola, los niveles de consumismo y las formas de desarrollo están poniendo en riesgo la seguridad alimentaria. El estudio remarca que cambios en las condiciones del suelo y el cambio de uso está afectando el clima regional y por tanto la frecuencia y duración de los eventos extremos.
Los incendios en la Amazonía se han casi triplicado durante 2019 y se estaría debiendo, entre otros, a la tala del bosque y su consecuente predisposición a ser un suelo más vulnerable a las elevadas temperaturas. También se debe a la falta de control en los fuegos que superan las capacidades de los agricultores. La situación es preocupante ya que los niveles de emisión de gases de efecto invernadero se incrementan exponencialmente y esto a su vez altera los patrones de temperatura y precipitación y de esta manera se transforma en un círculo vicioso que se tornaría irreversible de no actuar inmediatamente.
Esto plantea la necesidad de un nuevo paradigma a seguir en los procesos de desarrollo, aun, aunque no seamos países históricamente causantes del cambio climático, ya que el futuro será de constantes eventos extremos y debemos estar preparados para ello tanto en términos logísticos, como en capacidades humanas e institucionales. Un giro se hace necesario en las políticas públicas que tienen que ver con las formas de generación de energía, formas de transporte, una agricultura menos extensiva, reducción sustantiva de la deforestación, y especialmente generar conciencia colectiva respecto al uso de recursos.
En ese contexto muchas instituciones de ciencia a nivel internacional han señalado que estamos pronto a ingresar en un punto sin retorno e inclusive en una etapa en la que no se podrá establecer las consecuencias que puede generar el cambio climático y sin duda las conexiones existentes entre constantes emisiones de gases de efecto invernadero, cambio de clima, sequías y deforestación quedan evidentes. Más aun, el reciente reporte del IPCC sobre “Cambio Climático, desertificación, degradación del suelo, gestión sostenible del suelo, seguridad alimentaria y flujos de gases de efecto invernadero en ecosistemas terrestres”, presentado hace pocos días, pone en evidencia que la frecuencia e intensidad de las sequías se ha incrementado en Sud América, asimismo los procesos de deforestación, de avance de la frontera agrícola, los niveles de consumismo y las formas de desarrollo están poniendo en riesgo la seguridad alimentaria. El estudio remarca que cambios en las condiciones del suelo y el cambio de uso está afectando el clima regional y por tanto la frecuencia y duración de los eventos extremos.
Los incendios en la Amazonía se han casi triplicado durante 2019 y se estaría debiendo, entre otros, a la tala del bosque y su consecuente predisposición a ser un suelo más vulnerable a las elevadas temperaturas. También se debe a la falta de control en los fuegos que superan las capacidades de los agricultores. La situación es preocupante ya que los niveles de emisión de gases de efecto invernadero se incrementan exponencialmente y esto a su vez altera los patrones de temperatura y precipitación y de esta manera se transforma en un círculo vicioso que se tornaría irreversible de no actuar inmediatamente.
Esto plantea la necesidad de un nuevo paradigma a seguir en los procesos de desarrollo, aun, aunque no seamos países históricamente causantes del cambio climático, ya que el futuro será de constantes eventos extremos y debemos estar preparados para ello tanto en términos logísticos, como en capacidades humanas e institucionales. Un giro se hace necesario en las políticas públicas que tienen que ver con las formas de generación de energía, formas de transporte, una agricultura menos extensiva, reducción sustantiva de la deforestación, y especialmente generar conciencia colectiva respecto al uso de recursos.


